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Agua viajera





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Agua viajera

 
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Distribucción de agua de la región

The 4th Street Foof Co-op

 

He estado de compras en la tienda de comida ecológica del barrio donde me alojo: el GreenPoint de Brooklyn, cercana al puente de Williamsburg, que cruza el río del Este. Esta zona, antes industrial y obrera, se ha convertido además en un espacio ocupado por artistas y gente joven de orígenes diversos.
Llevo en mi cesta una botella de agua de litro y medio cogida al azar, sin mirar y con la idea de disponer de suministro urbano en mi mochila. Cuando hago el trasvase veo la marca: Volvic. Me suena lejana y acierto. Me estoy bebiendo agua francesa. Me costará beberla sin sentirme tocado. ¿Porque leches no me he aplicado en la compra responsable? Uno no es perfecto aunque quiere serlo. El despiste me suma muchos puntos en mi mochila de C02. En fin, tirón de orejas.... !! Que hace este agua en medio de Brooklyn traída desde 4.000 kilómetros!! Un lamentable ejemplo de la irracionalidad de las tramas sociológicas y mercantiles del negocio mundial del agua embotellada.

Por cierto, creo que es en NY donde hay una tienda que sólo vende agua de todos los rincones del planeta. Si me da tiempo y la localizo, voy a verla. En fin, todo un símbolo de cómo atendemos nuestras necesidades sin valorar los efectos ambientales presentes y futuros. Me viene a la cabeza un buen libro: el Manifiesto del Agua, sobre las mafias que giran entorno al agua, de los movimientos del mercado y del riesgo social y ambiental que estamos asumiendo.

Como ya comenté he localizado la tienda de una de la cooperativas de consumidores ecológicos de la ciudad, la 4th Street Food Co-op y que representan la parte militante de la alimentación saludable y responsable. Ofrecen venta a granel de cereales y frutos secos, frutas y verduras frescas de temporada y algún extra, hasta una oferta de cascos de bici. Como suele ocurrir en las cooperativas, hay distintos precios, uno para socios activos y pasivos, y otro para el público. Me vuelve a tocar el alma encontrarme en la estantería de zumos una conocida marca suiza, que sin duda es excelente. Sin embargo, ¿que hacen en otro continente estos licuados tan lejos de los árboles de donde salieron sus frutas? La economía convencional debería comenzar ya y urgentemente a valorar su pisada ambiental. También tienen los zumos de manzanas de la región que ofrecían también en el Green Market, nada que ver.

Echo en la cesta un tetrabrik de bebida de arroz y soja mezclados, una novedad para mí y un pequeño capricho para indagar. Añado una pastilla de jabón con el 75% de productos "orgánicos", lo que nosotros denominamos ecológico/biológico. Al salir me llevo una postal sobre el nuevo mapa verde de la zona, un extracto del Green Apple Map, un buen recurso para descubrir y explorar lugares de la vibrante cultura de lo natural y ecológico de la ciudad.

Descubro en un tríptico a la Organic Consumers Association, que propone una Agenda Alimentaria 2000-2010, una campaña por la seguridad alimentaria, la agricultura ecológica y sostenible y el mercado justo. Piden una moratoria a todos los alimentos transgénicos, un stop y abandono de la agricultura industrial. Finalmente, proponen un objetivo ilusionante: un mínimo del 30% de producción orgánica para el 2010 en el país. Para activistas y sensibles facilitan una lista de los 15 FrankenFoods, las 15 compañías Frankensteins (de transgénicos) más grandes de EE.UU. y el mundo. La lista viene documentada con los números de teléfonos y faxes donde enviar las quejas. Una buena forma para que estos todopoderosos señores/empresas de la alimentación no vayan tan tranquilas por la economía. ¡Chapó!, la otra América apunta fuerte.

Hoy me he despedido de quien es un argumento suficiente para que esté aquí, no es fácil ser un padre sin carnet.

He conseguido empaquetar la bici para que llegue en condiciones a Bcn. Fuera hace un frío que pela.