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Aprendiendo juntos





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Aprendiendo juntos

 
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1. Una sostenible haima
2. Con plantas útiles
3. Creando el vergel
4. Ksoleros en acción



 


 


Nos esperaba un fin de semana cursillista en la Sierra de Madrid. Para ello el viernes salimos con el coche. Me acompaña Julio, maestro permacultor y amante del bosque comestible. Nos separan 700 km desde BCN a Zarzalejo, donde se encuentra el pequeño centro de vida sostenible Escuela de Agritectura.

Llevaba tiempo sin coger el coche y la verdad que el viaje rumbo a la ilusión del compartir con buena compañía y cálido diálogo se ha convertido en algo parecido a esos placeres sencillos y entrañables, que tan bien nos van a todos.
Aunque hemos sido conscientes de que entre ir y venir nos hemos cepillado unos 90 litros de gasolina súper sin plomo, emitido CO2 por un tubo y contribuido a la economía fósil, nos tranquiliza sólo un poco el haber comprendido que tenemos que aplicarnos en la reducción de nuestra huella y viajar lo mínimo, aunque muchas veces como en este nuestro caso, la causa sea quizás justa.
Ha sido un viaje con esa máquina malvada y en cambio tan artificialmente acogedora, sobre todo cuando el frío y la lluvia campan en el exterior. Quizás parte del éxito social del coche se deba a ser un cobijo rodante, pequeño pero ciertamente confortable para la conversación y también las conspiraciones, mientras los kilómetros van quedando atrás. La conducción ha sido todo lo eficiente posible, marchas largas, con una media de 110 Km por hora, aunque algún pecadillo veloz por tramos he cometido.

Y claro, en siete horas para allá y las mismas para acá, dos personas con un coche cargado de artefactos tienen tiempo de ponerse al día de los temas que les ocupan y preocupan e incluso de los que ilusionan. Julio Cantos es la persona que más hace por el mundo vegetal en acción directa que conozco. Es un experto diseñador según criterios de la Permacultura e investiga sobre terrenos peculiares y en ocasiones complicados. Temas como si este o aquel árbol son óptimos para este o aquel espacio y sobre todo si se adaptan y prosperan. Se ha especializado en plantas comestibles y árboles de gran utilidad para el servicio humano. Caminar junto a él es toda una experiencia. Una mirada al entorno vegetal es suficiente para que afloren infinidad de nombres botánicos y de muchas de las plantas, arbustos y árboles siempre conoce alguna propiedad de valor nutricional o útil.

Por momentos he recordado el bello relato del Hombre que Plantaba Árboles, de Jean Giono. Un hombre retirado en una zona desolada y remota de Francia, donde él siente que la tierra se muere por falta de árboles y decide con su perro y sus ovejas comenzar la faena de su vida: la constante siembra de cien semillas de árboles cada día. Para Julio, los lugares donde plantar no se acabarían nunca, siempre con el rigor técnico y agronómico que pueda garantizar el éxito fértil.

La previsión de lluvia no ha tardado en hacerse notar, medio viaje con asfalto mojándose, aunque lo que nos ilusionaba era que el sábado y domingo el sol alumbrara.

Despertarse en la Finca de la Dehesa, humilde centro del activismo por una vida simple y comprometida con el entorno cercano, es todo un privilegio. A pesar de que los nubarrones amenazaban con incertidumbre elocuente. Estamos aquí para participar de los talleres primaverales que organiza la Escuela de Agritectura.

Unos amigos de la finca han instalado una haima, el cobijo de los nómadas del desierto y todo un buen ejemplo de diseño sostenible. Con pelo de camello y cabra, cuatro ramas y tronquillos, unos cordeles y estacas hechas con lo que había en el lugar, durante la mañana han dejado montado un confortable espacio a cobijo de aguas y algo de los vientos y donde tomar y pasar ratos de relajo e intercambio.

En el aula, Julio no tardó en comenzar su taller sobre vergeles forestales, o de como cultivar para generar el bosque donde lo máximo sea alimento y recursos.
Biotopos, nombres botánicos, condiciones de suelo y clima, reforestación, riegos, fertilidad, forestería análoga, conceptos todos comentados y contextualizados para que los asistentes puedan apasionarse por ver como el mundo se llena de árboles. Fuera las nubes persisten y el plan de cocinar con el sol, anulado.

El taller dará sus frutos, ya que de la teoría se ha pasado a la práctica con el azadón en mano y un montón de árboles y plantas en tiestos. Un espacio de 20 metros cuadrados ha sido horadado, removido, fertilizado y acolchado de forma natural y plantado con especies arbóreas, muchas plantas aromáticas y algún arbusto de interés melífero ya que al lado tres colmenas cobijan a una de las especies más dulzonas de las conocidas, las laboriosas abejas.

Lo que se ha realizado con las manos y la ilusión de los asistentes es el inicio de un vergel forestal, un concepto agroforestal sostenible donde los ciclos vegetales irán creando suelo fértil y selección de las especies más apropiadas al lugar. El agua, como siempre en la vida, es vital y el resultado de todo, un espacio donde tierra y alimento se enamoran. En breve, un sistema de riego por goteo llegará al nuevo pulmón verde y comestible de la finca.
En Agritectura este es el año del comienzo de una reforestación intensa y estudiada con especies adaptadas al lugar.

También está previsto en este elaborado proyecto de vida sotenible el inicio de un pequeño taller de cocina solar abierto a curiosos e interesados en el nuevo y ecológico arte de cocinar las energías limpias. En la finca se cuentan por decenas los bizcochos y comidas ya realizadas, y en boca de una panadera artesana, la reposteria solar es insuperable en sabores y rendimientos.

En ese entorno me ha tocado compartir con pocos, pero atentos participantes del taller de cocina solar, todo lo que conozco de la teoría y la práctica de la más sabrosa aplicación de la energía limpia del sol. Las cocinas solares abren posibilidades de acercamiento simple para comprender y emocionarse por la energía solar térmica. Las cocinas solares ofrecen la posibilidad de preparar ricos alimentos sin tirar CO2 al mismo tiempo que entramos en complicidad con los 2.000 millones de seres humanos que hoy utilizan la leña para preparar alimentos. Como colofón hemos acabado montando una cocina solar parabólica KSol 14, y la ilusión ha sido compartida. Ha faltado lo más importante. Las nubes, el viento e incluso unas gotas nos han recordado que no siempre podemos tener lo que deseamos.

Este domingo solar sin sol tardaremos en olvidarlo, menos por la falta de limpia energía y más por el aprecio humano compartido hacia la tecnología solarculinaria. En el retorno, contentos, la ilusión por hacer las cosas que sentimos importantes nos ha tenido a ambos viajando en muchas más direcciones que las que marcaba la real carretera. Y es que, como dice una frase de Einstein que me ha llegado hoy en un correo y que podría encajar: Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo.

En el largo caminar hacia la vida más simple te vas dando cuenta de que mantener la salud, cultivar la amistad, el buen hacer y aprender de la sabiduría de vida que los demás te brindan, es lo más valioso.


¿Porqué éste diario?