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Atasco en Tráfico





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Atasco en Tráfico

 

 
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1. Reciclaje en bicicleta
2. Balancín recuperado listo para montar



 


 


Llevo unas semanas dedicando algo de tiempo, lo mínimo, a las labores del viejo coche que comparto con mi hermano. He invertido ya buenos ratos en revisiones, recambios, consultas y ajustes. Durante este tiempo he estado parado junto a la máquina y debería incorporar los tiempos para cuando saque la velocidad realista a la que avanzo cuando lo utilizo.
Fue hace poco que me toco recibir una multa y ello me ha servido para recordarme sobre lo que vale un peine o mejor el coche. Ignoro todavía el importe de la receta, pero tendré que dividirlo entre el coste económico que tiene una hora de mi trabajo para saber cuanta energía vital me cuesta la no broma.  Fue en ese momento también que me di cuenta de que no cumplía con la ley y es que mi carné de conducir anda todavía con los datos postales de hace 5 años, sin cambiar, o sea que igual la no broma me sale hasta más cara.

Bueno, me toca remediar el entuerto y para ello he decido hoy dirigirme a la central de la D.G. de Tráfico en BNC para proceder a solicitar los cambios.
Con mi bici en el metro sin problemas hasta la zona, en una de las salidas de la ciudad. Circulación súper densa y ruidosa como es habitual en horas punta. Me separa 1,5 km del destino y yo xino xano entre los autos. Mira por donde, uno de ellos a mi paso me deposita en la cara una parte del liquido limpiaparabrisas de un surtidor mal ajustado. Esto por el carril bici no me hubiese pasado pero hacer de cada trayecto de mini-masa critica, a pesar de ser arriesgado, es siempre emocionante para mí. 

Llego al edificio de Tráfico a la hora justa de apertura y me encuentro un atasco humano, una enorme cola de las que ya cuesta ver y como símil de una caravana estancada haciendo una cola enorme para acceder al recinto. No puede creerme que esto ocurra un lunes por la mañana, y pienso que igual muchos de los que esperan estuvieron ayer también atascados, esta vez conduciendo sus coches. Me he puesto nervioso y he echado bici marcha atrás y a esperar unos días a ver si amaina. He calculado a ojimetro que quizás me hubiese costado una hora y media de tiempo la gestión, y para 6 horas que cojo el coche al mes, me ha parecido una destacada inversión nada deseada.

Aplazo y decido como acometer la aventura de cambiar los datos de mi carné, esperando no padecer atascos, y muy atento a esos costes indirectos del coche cuando está parado.

De bicicamino a la oficina he pegado mi primera bronquilla a un cochino invasor del carril bici que estaba ocupandolo en las dos direcciones y al que le he dicho que su coche molestaba. Aunque por lo que he oido ya en la lejanía, la molestia era yo para él. En fin, seguiremos biciculturizando a cochinos analfabetos.

Poco después me ha llamado la atención un cacharro depositado en la zona del container de la basura, he dao media vuelta y me he encontrado un sillón balancín de esos que se cuelgan de un solo punto elevado. Nuevo de trinca, los accesorios en una bolsa enganchada y las instrucciones sobre el asiento. No es que me haga mucha falta, pero antes de que se convierta en residuo, hoy no es el día de recogida de los muebles y trastos, he pensado en que le podría buscar cómoda utilización.  En vez de dios, hoy ha sido el consumismo proveerá y el santo recuperador ayudará. Hay muchos motivos para que alguien se desprenda de un cacharro sin estrenar y una gran parte de ellos se pueden inscribir dentro de la estúpida cultura consumista, ciega e inverosímil.

Gracias a los pulpos elásticos el balancín ha viajado conmigo y lo he dejado de momento en la terraza de la oficina. En ella no hay posibilidades para colgar el sillón pero seguro que encontramos algún sitio mucho mejor que el contenedor de basuras.


¿Porqué éste diario?