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Cien años de cambio climático

Hace año y medio el Dr. Josep Canadell, director ejecutivo del Global Carbon Budget advertía en Barcelona sobre la aceleración en el cambio climático. Científico, pero también un excelente comunicador, dio una nueva conferencia el pasado 22 de junio 2010 titulada: Cambio climático y la gran transición hacia un mundo descarbonizado. Su inspirado mensaje iba destinado a los participantes del proceso de la revisión de la Agenda 21 de Barcelona. El Dr. Canadell, no es un científico alarmista, es alguien que tiene los datos, los analiza y los explica con frialdad mortal. Una frialdad que sin embargo conmociona para salir a actuar (ver en lengua catalana su presentación).

El calentamiento global es una realidad que afectará inevitablemente a las futuras generaciones, de ahí que es urgente tomar medidas drásticas para descarbonizar nuestra sociedad.

Para iniciar su visión sobre las posibilidades de descarbonizar nuestra sociedad primero advirtió sobre algunos datos claves que a menudo no valoramos en su justa medida. En primer lugar recordó que la permanencia del CO2 en la atmósfera es tal que, en un 33 % seguirá perturbando la atmósfera hasta cien años después, y en un 19 % durante mil años. Eso significa que el día que tomemos la decisión como civilización de frenar la emisión de gases de efecto invernadero será patente para varias generaciones. Por otra parte, no podemos olvidar que el calor que acumula la Tierra en un 90 % se va al océano, eso quiere decir que si tomamos los datos de temperatura media global y el nivel del mar, estabilizar la temperatura planetaria a los 15 ºC supondrá un incremento de 25 metros en el nivel del mar. Esa subida no será inmediata, pero el escenario para el futuro de la humanidad es que será diferente ya. De ahí la importancia, no sólo de adoptar cambios para frenar sus efectos cuanto antes, sino también de adoptar medidas para minimizar el riesgo y adaptarse, porque ya es inevitable.

La curiosidad en todo esto es que el invierno 2009-2010 la meteorología en el hemisferio norte, especialmente en Europa y Estados Unidos, ha estado marcada por el frío; sin embargo, en términos globales el planeta ha alcanzado la mayor temperatura registrada en los últimos 130 años. Las previsiones para el período 2071-2090 señalan ya un incremento de entre 5 y 6 ºC de temperatura de media. Pero este dato debe atenderse que se trata de una probabilidad, y que en determinadas zonas puede llegar a ser de incluso más de 10 ºC. Ha explicado también el Dr. Canadell que si ahora mismo en determinadas zonas de España la temperatura de más de 40 ºC nos afecta unos pocos días al año, esta puede prolongarse en el futuro por más de treinta días. Es evidente que hay zonas del planeta que soportan incluso temperaturas más altas en determinados días del año, pero eso nos exigirá una adaptación. El cambio climático no es una posibilidad, es una maldita realidad. No es como si navegáramos con el Titanic y divisásemos un iceberg, es que ya hemos chocado con él y el barco se está hundiendo y, sin embargo, nadie quiere abandonar el salón de baile ni mucho menos el comedor. Por este motivo, si no tomamos decisiones importantes cuanto antes, debemos saber que la naturaleza ya las tomará por nosotros, vaya, ya las está tomando.

El Dr. Jaume Terradas, ex catedrático de ecología de la Universidad Autónoma de Barcelona junto a su antiguo alumno y hoy convertido en el reconocido experto climático Dr. Josep Canadell.

Aquí nos ha recordado que el acuerdo de Copenhague de no superar los 2 ºC de temperatura media y estabilizar en 450 ppm la concentración de dióxido de carbono a la atmósfera es una convención basada en minimizar el coste de adaptación respecto a los desastres para nuestra civilización. Lo peor de no hacer nada es que cada año que pasa se incrementa en un 6 % lo que ya deberíamos reducir y al cabo de cinco años, esto se ha duplicado. Reducir un 7 % nuestra actividad socioeconómica es comparable a la situación que se vivió tras la caída de la Unión Soviética; la crisis financiera del 2009 ha supuesto sólo una reducción del 2, 8 %. En definitiva, en el momento en que decidamos tomar acción contra el cambio climático, debemos retirar cada año 1.000 millones de toneladas de dióxido de carbono. Lo que significa esta cifra lo ha expuesto de una forma bien gráfica el Dr. Canadell: por ejemplo, construir 750.000 aerogeneradores de 2 MW o construir 700 veces más centrales fotovoltaicas que las actuales, que ocuparían sólo un 0,1 % de la superficie del planeta. En definitiva, deberemos adoptar cambios singulares y, por tanto, ahí es fundamental el compromiso colectivo para hacerlo posible.

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Algunos de los datos climáticos aportados por el Dr. Canadell habían sido publicados hacía un par de semanas.

Con un ritmo de consumo de 1.000 barriles de petróleo por segundo (un barril son 158 litros) nuestra sociedad sólo puede caminar hacia la autodestrucción. La energía producida por un aerogenerador de 2 MW es la necesaria para la subsistencia de un grupo de 700 personas. El coste de tener la electricidad personal en esta turbina eólica requiere de una inversión de 3.000 euros por participante. En apariencia pues parece asumible iniciar el cambio hacia una sociedad descarbonizada. El problema es que sólo 1.500 millones de humanos pueden ayudar, el resto o son demasiado pobres o simplemente no podrían ni creen que haya que hacer nada. Resulta sin embargo paradójico que mientras el planeta se calienta de forma exponencial la percepción social del mismo es la más baja. En Holanda, sólo un 20 % se cree que el cambio climático es un problema real y urgente. En el Reino Unido, el más sensible, la población sensibilizada no llega al 40 %. Con estos niveles de sensibilización es difícil que los gobiernos quieran arriesgarse en tomar decisiones. Eso explica que conferencia tras conferencia gubernamental vayan mareando la perdiz.

Lo cierto es que la urgencia es ya absoluta. Aún así hay esperanzas si consideramos que algunas ciudades están tomando medidas comprometidas más allá de los gobiernos estatales. Algunas ciudades están actuando en la prevención del riesgo, como es el caso de Nueva York, mientras que otras como Melbourne han promovido actuaciones que generasen empleo y cambios estructurales en el consumo energético colectivo. El Dr. Canadell constata que en la experiencia de Melbourne, en la que a partir de auditorias energéticas la ciudadanía toma conciencia de la magnitud del problema, se incentivó invertir para ahorrar y generar con renovables. El futuro con energía renovable es posible. El desarrollo de las redes eléctricas inteligentes, pero también de la generación distribuida, apoyan la idea de que es posible vivir en un mundo descarbonizado (pensemos que en la actual gestión de la energía eléctrica se pierde hasta un 30 %). Hay que invertir y gestionar de forma diferente. No se trata de sustituir, sino, como ha ilustrado el Dr. Canadell, de que todo lo nuevo que hagamos sea diferente. La Agencia Internacional de la Energía estima que en el 2030 un 25 % de la electricidad podría ser de origen solar de forma competitiva. No se trata de retirar todos los automóviles contaminantes; basta con que cada nuevo automóvil no lo sea y que cuando el contaminante termine su ciclo vital sea retirado y sustituido por uno no contaminante. Los ejemplos de participar y vivir en una sociedad descarbonizada exigen liderazgo educacional, planes de mitigación, incorporar el riesgo en todos los proyectos que emprendamos y sobre todo establecer el marco legal de la economía descarbonizada.


Fachada sin ningún tipo de aislamiento en un edificio en construcción promovido por el Ayuntamiento de Barcelona en Ciutat Vella (2010). La climatización de la vivienda es uno de los grandes consumidores de energía que contribuye al cambio climático.

El esfuerzo pedagógico del Dr. Canadell en explicar lo que significa estabilizarse en 1000 petagramos de carbono (de los que ya nos hemos gastado 500) para estabilizar a 2 ºC o elevar esta permisividad a 1.500 PgC y que la temperatura media suba 2,6 ºC no deja indiferente. Al final, es una cuestión de tomar la decisión. Y tomar la decisión exige un esfuerzo y cambiar muchas cosas. En su momento, Estados Unidos, reconvirtió en pocos meses toda su industria para fabricar armamento y luchar contra el fascismo. Hoy la expansión del cambo climático que se avecina será mucho más cruel que el peor fascismo imaginable. El peor escenario dibujado por el Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático (IPCC)  es en el que estamos inmersos. Actuar es imprescindible y cada año de retraso simplemente nos obligará a un mayor esfuerzo. Algunos ya hemos comenzado y la Guerrilla Solar es una de estas acciones directas posibles y que atacan el cambio climático de raíz. Pero tenemos más. El problema es que ahora más que nunca se precisa del acompañamiento imprescindible del liderazgo político. Pero la firmeza política también depende de la ciudadanía. Nuestra pasividad es el analgésico que deja en la cama a los políticos. La lucha, el despertar, como siempre empieza por abajo.