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Consejos para calentar menos el planeta

Por si tienes dudas, tu puedes contribuir a no calentar demasiado el mundo en la medida de tus posibilidades.

La refrigeración sensata es la que no baja de 25 - 26 ºC en verano.

En la oficina el termostato de la bomba de calor ronda entre los 26 y 27 ºC, con ello es seguro que no se suda mientras se piensa y laborea pero que tampoco se pasa frío, algo cada vez más habitual en verano. Bien, lo mejor sería no enfriar eléctricamente el entorno, pero si se hace de forma algo más eficiente y por causa mayor laboral, puedo entenderse por aceptable. No te pierdas y siente como algo importante cualquier aplicación de la arquitectura bioclimática que tiene como objetivo calentar y enfriar aprovechando los servicios de la naturaleza. Los toldos deben elevarse a los altares de la eficiencia energética, si ya tienes uno, oye, como que dale las gracias aunque no se entienda nada. Sentir el fresco de la noche desde la corriente de unas ventanas abiertas, es para mí, un autentico placer en búsqueda continua. Y la sombra de un emparrado, si además suma alimento, matices de luz y hábitat de otras especies, para mí es un disfrute de los prodigios de la obra humana.

Cada vez que me traslado me aplico la siguiente tablilla que permite escoger qué medio de transporte es el más favorable ambientalmente. Hasta 2 km, caminando y sin correr, buscando la bioclimática urbana, que no es más que meter en la ruta todas las sombras proyectadas por edificios, estructuras y bondadosos árboles. Eso sí, al paso por espacios de consumo con puertas abiertas y derroche brutal de energía para atraer con fresco sucio mis supuestos delirios consumistas, yo me resisto y hasta paso delante como más rápido y sin girar la vista, ... ¡faltaría!

La bicicleta, una película con protagonistas a 2 ruedas.

Hasta 8 km, la bici, que es como tener aire acondicionado unos grados por debajo de la temperatura ambiental, incide a mínimos en el calentamiento global sólo incorporando a la termourbana el calor desprendido del roce de las cámaras sobre el caliente asfalto y el que pueda sumar el sudor de mi cuerpo serrano, que no es nada malo para el cutis; además uno ahorra en saunas y otros calores forzados. La bici en verano tienen hasta libro y una hermosa película, del mismo nombre que la máquina perfecta, que todavía no he visto pero ya me he disfrutado en amenos comentarios.

Más allá de los 8 km, metro a todos lados. Barcelona y el metro son como amantes de la movilidad rápida, democrática, poco molesta pero eso sí, algo sofocante debido al calor desprendido de las máquinas rodantes con frío incorporado, a las luces vistosas y los humanos sudantes que por los subterráneos pululan. Si el calor del metro saliera ventilado a la superficie todavía habría más calor en la urbe airosa. Por lo que sea en la línea que yo uso no llega a salir y eso, a sudar y a esperar la llegada del frío. Sin ir más lejos, el otro día me trasladé a un mundo más caliente durante unos minutos. Sudado llegué al metro después de 2 km de darle a los pedales, ya en el andén y a tres minutos anunciados de llegada del convoy, una calor extrema invadió mi cuerpo, vaya la misma que también afectaba al resto de viajeros. Los abanicos daban un toque de color a la diversidad del caluroso andén, algunos usuarios bajaban las escaleras con agobio notable, sudores visibles y cansancio inevitable. Yo, sin moverme mucho, sólo miraba y por ello, como receptor de quizás los 35 ºC grados ambientales iba como máquina química sacando el sudor del esfuerzo bicicletero que se unía al ambiente caluroso. En fin, que me pareció en sensaciones a la sauna más digna de las conocidas, aunque realmente eso de la sauna vestido es más que agobiante. Unos anhelos de otoño, de invierno, de primavera, de fresco, de noche, de confort del bueno, no dejaban de pasar delante de mis visiones mentales, quizás pensé que deliraba; luego me dije que lo estaba visualizando podría ser mucho más frecuente, según los escenarios de cambio climático que ya nadie puede parar.

Los transportes públicos, metro y tranvía, son ideales para desplazamientos metropolitanos, de más de 8 km.

Del coche, lo justo, sin aire acondicionado por tener ya más de 13 años sobre su chasis, velocidad apropiada, ventanillas a media apertura. Sólo en caso de extrema necesidad lo tomo y lo disfruto, y de verdad que cuando menos lo usas más interesante se pone el tema cuando acudes a sus servicios.

He redescubierto el termo, y alucino, por lo menos el que uso y disfruto, de acero inoxidable, me permite gozar de agua fresca hasta 6 horas después de verterla en su interior, a pesar que sobre sus paredes exteriores la temperatura no baje de 35º C. Como el agua es filtrada, luego enfriada en la nevera clase A (ahora de moda y en plena promoción renovadora) y vertida a mi termo, primero ahorro en transporte de aguas embotelladas, lo cual significa menos calor y menos CO2 por litro ingerido. Además, ahorro el calor de la fabricación del envase, ahorro el calor del envase ardiendo en la incineradora, ahorro la energía de ir a buscar el agua a la estantería... En fin, menos calor y la misma sudor.

Cocinar con el sol, un placer supremo y un valioso gesto ambiental.

Cocinar con el sol, amigo, intento explicarte lo que con ello siento porque es realmente especial y si ojeas este diario de vez en cuando ya lo debes saber. Tengo la suerte de tener a metros de mis espacios habituales el servicio energético y luminoso del viaje de ese astro poderoso, ese Sol radiante que después del viaje cósmico de sus fotones, nos regala la vida, ojo, y tambien sus calores. Llevo muchos años preparando, aunque con menos frecuencia de la que deseo, comida con la energía y el calor del Sol, y cada última vez, quizás por mi sentir ambiental, me siento más realizado y sigo recomendando el nuevo arte ecologico de cocinas a mentes inquietas y comprometidas. Según como se mire, cocinar con el Sol es darle gran utilidad a ese calor que llega a la tierra, gran utilidad porque para cocinar unas patatas al horno, en una cocina solar parabólica se tarda 1 hora y en un horno solar, entre 2 y 3 horas. Ello desplaza el calor energético del proceso fósil o nuclear de un horno convencional a gas de Argelia o al uranio, igual que el de Txernobil. Hornear, asar, freír, calentar líquidos con el sol es muy gratificante para el alma, sobretodo si el virus solarculinario te ha enganchao, y sientes que cada preparación es una pequeña contribución personal para un mundo soñado como sostenible. Cada hora de cocción solar es una hora menos de cocción provocadora de CO2, o basura y riesgo radiactivo. Calentar tus alimentos con el Sol es igual a calentar menos el planeta y, por supuesto, es entre todas, una de las acciones ambientales más sabrosas.

El termo, permite una hidratación ideal de agua fresca para el cuerpo con el mínimo gasto energético.

Vacaciones locales, lo último, lo más cheap, los paraísos cercanos que la velocidad no te deja ver... Bien podría ser un eslogan para atraer a ansiosos turistas afectados por una crisis social y energética global en un mundo finito con demasiados humanos queriendo ir de una punta a otra del planeta con la cámara de video delante del ojo para seguir, sin querer ver, que no hay tanto para todos. Bueno, me refiero que ando mirándome en mapas y guías de lo que tengo para mi disfrute a 300 km en la redonda, y no veas la de cosas, sitios, sensaciones que hasta ahora me he perdido. He decido valorar y conocer primero lo cercano, accesible y con bajo coste ambiental y de recursos. Y dado que nunca en mi vida me lo podré consumir todo, no deberé pensar en las islas con cocoteros, donde por cierto también hace un calor asfixiante. La magia está en nuestras convicciones por ser parte de lo cercano y amado como propio y en buena compañía.

Un comprometido artículo de opinión puede ayudarte a entender por qué somos todos asesinos hasta que no dejemos de volar como volamos, por insostenible placer ahora a bajo precio, pero por igual calentando este hermoso planeta. Para tomar las aguas, busca los ríos y mares mejor que las piscinas llenas de tratamientos químicos y energía de procesos. Cuando el embalse está sucio, el río contaminado y la playa llena de mierda, me lo tomo como reflejo de la sociedad a la que pertenezco; entonces yo me mojo en ellos, y entiendo y apoyo con más ahínco y fuerza el combate de los trabajadores del bien común defendiendo los flujos hídricos de la especulación y las costas de todos, de la destrucción de unos pocos. Y puede, amigo, que si tienes acceso a los grandes espacios naturales como lugares de encuentro y disfrute, pronto dejen de existir. Puede, por ejemplo, que los glaciares que conozcas se derritan para siempre. Sin embargo, con tus gestos puedes contribuir a calentar lo menos posible la Tierra y ser partícipe de primera del disfrute, el que puedan suministrarte todos los glaciares que puedan quedar.

Demasiados humanos en el aire, demasiado CO2, demasiado calor.

Consumir poco, lo necesario, lo inteligente me hace mucho más libre puesto que ya no trabajo tanto para convertir mi energía en dinero que termina en el mercado a cambio de chucherías (que son recursos y energía derrochada, que son calor en miles de geografías). Lo que realmente me hace cada vez más feliz es, por ejemplo, el contemplar y querer entender el arte de una araña tejiendo su red. El otro día, en plena acción de la UTAN, casi llego al éxtasis natural delante de un telaraña en medio del camino. Pero en este deambular global, a uno se le cuela huella ecológica por un tubo. Por ejemplo, cuidado con lo que comes. Una simple manzana puede ya no venir de cerca sino que algunas vienen de Argentina, ¡a 12.000 km!. Mira si somos brutos que trasladamos un 92% de agua para que llegue hasta la mesa desde la otra punta del planeta, -¡uf, qué calor!-, y no digamos de cervezas mexicanas, cafés ecuatoriales, ropas de marcas lejanas, viajes al quinto pino, envases innecesarios...

Todo lo que dejes de hacer, dejará de calentar el planeta. Consumir menos para calentar menos, que aunque no sea fácil debe imponerse como hábito. Pero amigo, te lo recomiendo, especialmente si lo tuyo es la auténtica libertad y el vivir ligero o en acción colaborando por un planeta habitable más allá de tu ciclo vital. Aunque sudes ahora y reduzcas tu bienestar, un fresco especial y placentero seguro que invade tu ser y sentir por pertenecer a un mundo algo menos caliente. Sostenible y naturalmente refrescante agosto, y contarás como has regulado a la baja tu termostato personal.