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Conversar con la naturaleza

La Tierra conoce todo lo que ocurre en el mundo. Lee a las personas por su superficie con la misma facilidad con la que nosotros leemos un libro. Acercarse a la Madre Tierra nos conduce a un estado de unión que experimentamos cuando nos sumergimos en ella, algo imprescindible para ser parte activa de su conservación.

Imagina que pudieras conversar libremente con las plantas. Pues bien: la realidad es que responde a tus pensamientos, tus sentimientos y tu contacto segregando feromonas (que son unos compuestos parecidos a las hormonas animales) específicas que llenan el aire e informan de tu presencia al entorno inmediato. Dependiendo de cómo sean tus pensamientos o sentimientos, estas sustancias químicas provocan respuestas hostiles o amistosas en las demás plantas, los árboles, los insectos y los animales en general. Cuando tocas con delicadeza una flor y le dices palabras amables, ella “pregona” a los cuatro vientos que eres un amigo de la Tierra.

El aura de un ser humano saludable tiene un radio de hasta 50 m. Nuestra aura cambia de color, forma y dimensiones en función de la calidad de nuestros pensamientos y sentimientos, de los alimentos que tomamos, del aire que respiramos, de la ropa que nos ponemos y de muchos otros factores. Cuando caminamos por el campo o por un bosque nuestra aura toca literalmente las plantas, las flores y los árboles de las inmediaciones. Las emociones de miedo y la ira cambian los patrones de color y forma del aura y pueden atemorizar y poner a la defensiva a los animales y las plantas que están cerca. En cambio, cuando uno esta feliz y contento, genera una mayor sensación de paz en el entorno.

Los vegetales son seres altamente evolucionados y tienen una gran cometido aquí en la Tierra. Se comunican en silencio, así que hace falta la mente sosegada para oír sus “palabras” mudas. Cuando nos demos cuenta de que estamos en la misma frecuencia que ellas, empezaremos a recibir y canalizar su sabiduría. Les encanta compartir con nosotros todo lo que saben y pueden ayudarnos en nuestro camino hacia la consciencia superior. Corresponden a nuestro aprecio hacia ellos activando y reorientando nuestra conexión con la tierra, lo que puede procurarnos una profunda sanación del cuerpo, la mente y el espíritu.



Por otra parte, conversar con la naturaleza y sus seres puede ser mucho más eficaz a la hora de preservar la vida de la vegetación y los animales. Como muy bien han demostrado los experimentos realizados con plantas, nuestra actitud hacia ellas cambia de manera espectacular sus pautas de crecimiento. La frecuencia del amor puede convertirlo todo en oro.

Cuando empezamos a considerarnos iguales en todo lo esencial a todo lo demás que hay en el mundo, empieza a desarrollarse en nosotros un maravilloso sentido de la unidad que nos hace tratar a todas las formas y manifestaciones de vida con un profundo y amoroso respeto. Este es el comienzo de la paz interior y la humildad, la llave maestra que abre la puerta a los secretos de la vida.

Extractos del libro "Es hora de vivir" de Andreas Moritz, publicado por Ediciones Obelisco, Barcelona 2011. Fotos: Fundación Tierra.

actualizado: 
06/08/2015