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De excursión en transporte público





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De excursión en transporte público

 
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Que bella es Montserrat

Todo lo necesario, más las piernas

 

Para un urbanita, de vez en cuando es una necesidad salir en busca de aire limpio y naturaleza, y depurarse de tanto hormigón allá y acá. En cualquier zona seguro que existen recursos cercanos para el gozo y sosiego, que bien valorados pueden reducir el ansia por la búsqueda de paraísos lejanos y exóticos. Lo cercano es hermoso y aquí en Barcelona no nos podemos quejar, nos rodea un anillo verde de tesoros naturales.

Nos vamos de excursión a uno de ellos, la montaña de Montserrat, tan genuina, tan estética, tan especial. A unos 40 km de BCN podemos pisar un espacio que cuenta con una enorme biodiversidad, alberga un gran numero de plantas y especies vegetales, algunas de ellas, bellos endemismos y una fauna considerable: desde jabalíes a muflones. Sus vistas impresionantes, sus formaciones rocosas esculpidas por los avatares geológicas son únicas y muchas, cientos, con nombres según sus caprichosas siluetas.
Sus caminos, verdaderos laberintos entre rocas son torrentes de verdor para los visitantes. Montserrat es, sobre todo, un paraíso de la cultura excursionista de la región y el no va más de los escaladores locales y foráneos. Cuenta con un conocido monasterio, lugar de culto a una virgen negra, un núcleo de edificios suspendido en sus laderas, una visita emocionante para muchos.

En poco más de 30 minutos de asfalto directo en coche podemos estar a los pies de tan majestuosa dama mineral y vegetal. Sus accesos son diversos y podemos entrar en el macizo por todos sus frentes. Montserrat significa monte serrado y es casi inevitable percibirlo así cuando te sorprende por primera vez desde cualquier dirección visual, aunque si se procede por el norte, la visión de su relieve es suprema.

Nos acercamos a la montaña en transporte público, por placer, por ecología. Tengo necesidad imperiosa de rehuir mi huella de C02. Desde hace unos años, la gran mayoría del transporte publico de Barcelona y sus cercanías se ha integrado en un

sistema de tarifación por zonas, que permite combinar con el mismo billete hasta tres transbordos, con precios y posibilidades que animan mucho. Nos desplazamos en metro con una tarjeta integrada que nos abre el paso. Bajamos en una parada a la salida de la ciudad y subimos utilizando el mismo billete en el autocar de Hispano Igualadina, que en domingos siempre hace el recorrido completo y esto se traduce en 1 hora hasta nuestro punto de destino, el hostal del Bruc en la zona oeste de la montaña. O sea, metro y autocar por el mismo precio, divino. Llegar con coche hasta el lugar, sabido es que es más rápido y autónomo, pero ¿qué me decís del disfrute que compartir charla, prensa y relax con el acompañante y viajar contento por tirar menos emisiones de CO2 y otros gases per capita a la atmósfera? En fin, la primera satisfacción del día. La ruta elegida ha sido con salida y retorno en el pueblo del Bruc, hemos querido nutrirnos de vistas y aires en la zona de la Agulles, escenario cargado de agujas pétreas y de formas divertidas. Con el mapa de la Editorial Alpina en la mano, la búsqueda del camino se hace fácil, andar hacia el interior va quitándole intensidad sonora a los espacios y la montaña cada vez está más a mano. Pisamos territorio asolado por el incendio de 1986, ahora consolidándose con árboles frondosos y donde también tiran hacia arriba algunas coníferas como el pino blanco. Se espera que en 40 años se halle regenerado un bosque como el histórico.

Para los amantes de los espacios naturales y el transporte de base muscular, Montserrat es un regalo accesible en cualquier momento. Un sol de bandera nos ha alegrado la mañana y una temperatura agradable, quizás en estas fechas por caprichos del actual cambio climático, nos ha hecho sudar la subida. Llegamos al refugio montañero Vicens Barbe, donde algo así

como un minitornado que arrancó una parte de su cubierta tiempo atrás, lo mantiene cerrado por seguridad. Caminando por las alturas, la luz del sol penetra entre la gran diversidad de árboles propios de tierras más boreales, según leo, pero no los conozco todavía: algunos robles, avellanos y pinos silvestres están presentes en estas alturas. Abundan, y mucho, diversas variedades de encinas que llenan de plenitud el caminar. En Coll de Port, el punto más alto de nuestra excursión y con la pared norte a un lado y las majestuosas moles de los Frares Encantats cayendo para las dos vertientes, nos zampamos una frugal comida a base de un salteado de verduras de las más sanas, preparadas por Janicke ayer utilizando un novedoso horno solar que estamos probando. Junto a unos vigorosos germinados y un pan de verdad, convierten el momento y el lugar en algo parecido a una comida en el paraíso. Hemos bajado por una de las numerosas canales de esta montaña, el Torrent de les Grutes, y al igual que las vistas, no olvidaremos la penetrante fragancia del romero que nos ha impregnado, los muchos arbustos en flor y alguno que superaba nuestra altura, bueno, que deciros, un delirio vegetal.

Pequeños, debajo del gran arco natural de la Cova de la Arcada, una autentica catedral geológica, estamos a media hora de placentero caminar atravesando campos de olivos y almendros, hasta la parada del autocar. A hora prudente cogemos el metro y a descansar. Algo más de 10 km de caminos y belleza natural quedan atrás, pero el aroma de romero nos acompaña.

 

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