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Donkey Republic: apropiación indebida

Cuando los políticos son volátiles, los avispados se toman la delantera. En España, contra todo pronóstico, las apariencias engañan gracias a que los gabinetes de comunicación hacen bien su trabajo. Barcelona es la ciudad de "las bicis". Así que no es estraño que aparezcan a rebufo del turismo todo tipo de ofertas. En cualquier caso, el gobierno municipal no se caracteriza precisamente por un compromiso real con los residentes. A pesar de que se habla de remunicipalizacion de servicios, lo cierto es que la población residente de Barcelona paga un alto precio para mantener el parque temático para turistas regentado por las multinacionales.

Veamos un ejemplo respecto a la movilidad en bicicleta y en concreto sobre los parkings bici de Barcelona de los que se acercan a las 24.500 plazas (año 2017), una infraestructura que ha sido clave en la avalancha de bicis por las calles de la ciudad. Sin embargo, dado que Brcelona es una de las ciudades que más ha apostado por la bicileta, tambén le ha llegado el turno a los necrófagos.

Este es el caso del aterrizaje salvaje de la empresa de bicis de alquiler Donkey Republic. Donkey Republic es una empresa con sede en Copenhague que pretende crear una plataforma global de alquiler de bicicletas 24 horas mediante el uso del móvil. La clave del negocio es un candado inteligente que se dirige desde el móvil mediante una APP y con sus bicis aparcadas en los parkings públicos callejeros destinados a las bicis ciudadanas.

Donkey Republic es un ejemplo del negocio del "bike sharing" que surge al rebufo de la telefonia móvil y la propia "magia" de la bicicleta. Este negocio, que se inició en China en 2014, en menos de tres años, algunas asesorias financieras estiman que los sistemas para compartir bicicletas podrían generar miles de millones. Quizás no sea más que una nueva burbuja, porqué una bici es algo más que mobiliario. En todo caso, las bicicletas de la república de los asmos se han instalado ocupando plazas de parking públicas sin más.



Donkey Republic ha implantado su sistema de alquiler sólo en tres ciudades, Málaga con una sola estación, Madrid con menos de diez y en Barcelona con más de 50 más de 250 bicicletas. A diferencia de la bici pública que tiene sus propias estaciones, Donkey Republic basa su negocio en la apropiación indebida de las plazas colectivas. El ayuntamiento de Barcelona, todo parece indicar que lo tolera sin más y no se les cobra por ello, pues si fuera el caso, entonces claramente estaríamos ante una privatización encubierta de mobiliario público.

La bicicleta de alquiler de Donkey Republic a través de un APP es un paso más hacia el objetivo de despersonalizar esta máquina verde cuya propiedad inspira a diferencia del resto de bienes de consumo. La despersonalización de la bicicleta por tanto es una estrategia clave del capitalismo salvaje que se inició ya con la aparición de la llamada bicicleta pública regentada por las multinacionales de la publicidad como JC Decaux o Clear Chanel entre otras.

Ahora la bicicleta de alquiler con APP es un nuevo ataque a la bici personal, solo que lo hace aprovechándose de un bien colectivo. Actualmente, las poco más  de 250 bicis de Donkey Republic se apropían ya de un 1 % de las plazas callejeras destinadas a las bicis de la ciudadanía.

La empresa pues se aprovecha del tirón "Barcelona" como parque temático turístico y sobretodo de la debilidad administrativa de un Gobierno digamos que con un rumbo poco claro. Barcelona vive uno de los momentos más trágicos para la población local: el ruído, la basura, la ocupación, son sólo algunas de las epidemias que recorren la ciudad y para las cuales la administración municipal se declara desbordada.

Quizás es hora que la ciudadanía expresemos de forma contundente y no violenta (por la red hemos pillado una plantilla imprimible en papel adhesivo con lo cual estas pegatinas pueden engancharlas en las bicis de la "república de los asnos". En fin, un modo creativo de expresar el desacuerdo frente a iniciativas privatizadoras como la de Donkey Republic).

Sí lográramos visualizar el rechazo popular, sus dueños comprenderían que uno no se apropia indebidamente de lo que es ajeno ni privatiza por el morro lo que es público y colectivo.

Fotos: Fundación Tierra.