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En una clase magistral de cultura urbana bicletera





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En una clase magistral de cultura urbana bicletera

 
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1. El profe, la bici y los estudiantes
2. Oscar entre bicis
3. Tocando la bici, acompañando un bolero
4. Exterior del decorado WC biciurbano



 


 


Hoy he ido a una clase, especial, esperada, emocionante. Una clase en la universidad de la bicicleta que imparte el ilustre maestro bicicletero y peatón volador Oscar Patsí i Aracil, venido al mundo en La Seu d'Urgell, allá por el 1962. Dicen que es la única persona que ha cruzado el Museu Guggemhein de Bilbao en bicicleta, y también es conocido que se ha roto varios huesos a lo largo de su rodada historia.

Somos unos treinta alumnos. De 20 pa'arriba. Los hay desde primer año hasta sexto, según una genuina escala comparativa a la de la carrera de medicina. Sin embargo, lo que cuenta no son los años que a uno hace que le acompaña la máquina más verde de todas, sino la pasión por la bicicleta como transporte urbano.  Yo me he quedado en el tercer año, por prudencia, ya que tengo todavía que aprender mucho. La charla va destinada a los que han superado el miedo al pedalear y a que se la roben, o sea del tercero al quinto año, los del 6 son licenciados y algunos asisten, quizás para reciclarse.

Asiste a la clase otro peatón volador, Xavier Maraña, apasionado de las maquetas de trenes, de los tranvías y las bicicletas, pero, en general, de los medios de transporte. A Xavier lo conocí hace ya un tiempo, y siempre que lo veo, su bicicleta esta impecable y su pasión por el nuevo tranvía de BCN se desborda. Es licenciado superior.

El profe comienza  la clase advirtiendo que aunque la lección lleve por título ¿Sabes ir en bici? en realidad pretende aleccionar sobre lo básico para que de la  misma forma que uno usa las zapatillas para ir de la cama al lavabo, use la bicicleta para cualquier recorrido de distancias hasta 20 km. Los alumnos rellenamos un cuestionario para evaluar nuestro nivel. La pregunta más compleja obliga a terminar la frase: "Ir en bicicleta es como.....".

La primera consigna que pronuncia el ilustre maestro bicicletero, doctor peatón volador, deja helados a los asistentes: la bicicleta es un complemento de nuestra personalidad como la ropa y por eso hay que llevarla siempre limpia, impoluta, radiante. Una bicicleta descuidada y sucia señala a una persona con problemas. Me sorprende el alegato a la elegancia del caballete, hay que llevarlo para quedar finos ante cualquier encuentro inesperado. Yo ya presumo de ello.
Continua con lo de que el perfume de la bicicleta es el timbre. El timbre en una bicicleta es su música, su esencia, es el Chanel 5 del biciclista. Por ello está prohibido tocarlo cuando uno circula por una zona peatonal. La elegancia y  la educación son imprescindibles para saber conducir la bicicleta, para respetar a los demás y para hacernos respetar y ser modelo para que los que están en párvulos se vayan animando a estudiar.

En fin, la clase parece que acaba de comenzar pero han pasado más de cincuenta minutos y nuestra cabeza bulle de mil sensaciones. También de risas ante los ingeniosos métodos del maestro Oscar para expulsar coches aparcados sobre los carriles bici o demostrar la fuerza de un biciclista sobre el asfalto. Sigue contándonos diferentes técnicas para ligar,  y como él hace cuando se cruza con una biciclista. Nos cuenta que vas por el carril bici, ves uno o una que te impacta, su marcha es en la misma dirección que la tuya. Te acercas con elegancia, identificas el curso al que pertenece la persona admirada por el piñón que este usando para avanzar. Cuando estás a su altura la miras con aprecio, tocas muy corto el timbre y sigues avanzando. La elegancia y la cortesía son tus emblema, te hacen bello o bella, y es supremo si además llevas la bici limpia y con caballete.  Otra cosa es cuando te has emocionao. Según cuenta el maestro, él lo que hace es acercarse por detrás tranquilamente, y una vez que ha pasado al objetivo, le hace una verónica completa (una vuelta alrededor), y contunúa la marcha,  atento a las reacciones. Puedo imaginar como puede quedar, en este caso ella. Seguro que nadie en toda su vida bicicleando se lo ha hecho y si capta el elegante gesto, quien te dice que no acabas tomando una horchata pedalenado hasta el infinito. A partir de ahora, por que no imaginar el que alguna bicichati me haga una verónica, ...estaré atento a ver que pasa. Sabiéndolo ahora y aleccionado por posibles resultados, no tardaré en usar la técnica. Me comprometo a contarlo con detalle, tenga o no éxito.

De retrovisores ni hablar, los buenos son las orejas, unos sabios consejos nos indican que nos tenemos que estirar en el ajuste del oído, identificar la mala leche que quien llevamos detrás al volante de un dos o cuatro ruedas y si detectamos o mejor escuchamos que puede ser mucha, al burladero directo y paramos hasta que pase el rinoceronte, como los llama el profe. Y es que mejor dejar pasar y retirarse que pagar un alto precio. Y es que al volante, mucha gente queda seducida por los extraños efectos de la potencia en la maquina, y si además se ha enfadao con la novia o le han bronqueado por eructar en el trabajo, mejor que pase y siga. No vale la pena dedicar atención a las medianías. O sea, que tengo que afinar oído en cuestión de acelerones, rozamientos de las ruedas, incluso en volúmenes de lo que tengo detrás y todo sin girar la cabeza.

La clase acaba comentando las mejores frases que definen la experiencia de ir en bici. Gana la de un alumno de sexto grado: "ir en bici es sexo en el aire" aunque también señala la de "un orgasmo para el cerebro" y "surfear entre el tráfico".
Termina la clase Oscar, el maestro bicicletero, interpretando una canción latina usando como instrumento de percusión el cuerpo sensual de su elegante bicicleta.

Una vez más Espai Bici, la tienda de la bicicleta urbana por excelencia, ha contribuido a elevar la cultura bicicletera de la ciudad organizando esta lección magistral. Ha sido anfitriona del bicidoctor Oscar en su arduo trabajo de divulgación de lo mejor del dale que dale a los pedales

Agradecidos y rebosantes, los alumnos nos retiramos con la cabeza llena de buenos consejos para sobrevivir en el asfalto y llegar a ser algún día también peatones voladores. Me apunto también aquí lo de probar una "verónica" en el semáforo la próxima vez que un conductor agresivo se ponga borde conmigo.

Contento de sentir y participar en el aprecio hacía esa maquina tan accesible y agradecida, en los actos vinculados a ella o pedaleando por la comoda ciudad de BCN, me encuentro con frecuencia cada vez más perfiles de usuarios, y también algo más que eso, gentes que han hecho de la bici su genuina forma de moverse e incluso vivir, auténticos amantes de las dos ruedas a pedales.

Antes de abandonar la sala, me alivio en el WC para ciclistas urbanos más decorado del mundo. El artista, como ya comenté días atrás, resulta ser el profe, y es que Oscar es un artista por la Tierra, desde su bicicleta y desde su corazón.


¿Porqué éste diario?