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Insuficiencia Climática Aguda

actualizado: 
14/12/2015
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Diciembre, 14 de 2015. La COP21 (21 Conferència de las Partes para frenar el cambio climático en París1) se cierra con un objetivo, pero sin mecanismos vinculantes para cumplirlo ya que las contribuciones nacionales (INDCs), que se convierten en un instrumento fundamental dependerán de cada país. Para algunos el vaso se medio llenó porqué el Acuerdo de París  es un tratado vinculante (aunque no los objetivos nacionales o INDC). Pero también lo es el TTIP que impide de forma real cualquier avance para salir de la era del petróleo. Algunos afirman que  es el primer acuerdo universal sobre cambio climático y representa un posible punto de inflexión al plantear por fin un objetivo a largo plazo por debajo de 2º C y hasta un máximo de 1,5 grados. La imagen es que hay una meta, pero la realidad es que no hay compromisos. Todo un alarde de palabrería y poco más.

Esta nueva Cumbre culmina el mayor programa basura bajo la dirección de Naciones Unidas sin reducir las emisiones. Algo que en realidad no lo harían ni en ensueños, pues no son más que títeres de las multinacionales con el beneplácito de nuestros votos. Sólo nos queda el poder personal. Desobediencia energética, boicot al transporte aéreo y deslocalizar el megamercado chino para volver a la producción local. Estamos jugando al borde del abismo de hace años y cada vez menos sobrios. No basta con una sociedad 100 renovable. Hay que cambiar el modelo. No hay otro camino y debemos hacerlo entre todas las personas. Cuanto antes empecemos a ser el cambio que queremos ver, menos grave será para las futuras generaciones. La política no cambiará sino lo hacemos nosotros. Que el 2016 experimentemos este necesario cambio en nuestra consciencia y ser.

Hace más de veinte años que hacen promesas. Todas son mínimas, pero lo hacen con la liturgia grandilocuente que arrastra incluso a las ONG a participar del engaño.

Las promesas nuevamente y una revisión a 5 años. Los países desarrollados se comprometieron en Copenhague en 2009 y Cancún en 2010 para movilizar a 100 mil millones de dólares en el año en 2020 para ayudar a los países en desarrollo a enfrentar el cambio climático. Esta promesa se relaciona con la responsabilidad histórica de los países desarrollados en el fenómeno del calentamiento global. El Acuerdo de París se marca como objetivo mantener el calentamiento global por debajo de 2 ºC (aunque es bueno recordar que ya hemos alcanzado casi las 400 ppm de dióxido de carbono en la atmósfera y que según los datos geológicos disponibles, en otras épocas de la Tierra, cuando se alcanzó esta proporción de gases de efecto invernadero, la temperatura global ya sería superior a los dos grados previstos. C

Se ha consensuado un texto para que los políticos a los que representan queden "fabulosos" en términos de dialéctica y con un contenido vácuo. Las declaraciones de las principales organizaciones ecologistas expresa este sabor agridulce. Durante el 2015 los  países tenían que publicar su hoja de ruta para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).  La CMNUCC ha estudiado el impacto de 146 contribuciones nacionales hasta el momento (ver el compromiso de la Unión Europea, donde está por cierto España. Nuestro país, con iniciativas como el impuesto del sol ha conseguido además quedar en la cola contra el cambio climático según el informe de Germanwatch.

Mientras países con muchas horas de sol que España están apostando fuerte por la energía solar, el Gobierno español hace todo lo contario. Foto: Fundación Tierra.

En su forma actual, las emisiones globales de GEI según las previsiones científicas (o sea pura especulación) es que para el 2030 la temperatura global habrá aumentado en 3 ° C a finales de siglo (dicen entre 2,7 y 3,5 ° C). En el peor de los casos advierten que con las tendencias actuales el calentamiento global podría alcanzar entre 4,5 o incluso 6 ° C (este escenario climático está bien descrito en el libro Seis Grados). Gracias a estas aportaciones previstas, si se llega a un acuerdo en París, especulan que se podría no superar el objetivo de 2 ° C para el año 2100.  Otro de los objetivos de Paris es que haya un mecanismo de revisión cada cinco años para ver si se logra la mejoría climática establecida, o sea más conferencias COP.

Es hora de salir a la calle para expresar el rechazo a la política "insostenible" de Kyoto e implicarse en ser parte de la solución. Fotograma del film dirigido por Laure Kervyn titulado Corazones verdes frente al cambio climático .

Tomar la calle por el clima
La idea de tomar las calles el 29 de noviembre 2015 en vísperas de la gran cumbre climática de la ONU en París fue un éxito de convocatoria, pero no ha calado a la vista de los resultados. El objetivo de esta convocatoria mundial el día antes era poner la nota de protesta ante los focos que se centrarán en las conversaciones de París durante dos semanas. Una forma de visualizar que la ciudadanía exigía compromisos, con mensajes claros como, por ejemplo, el de 350.org: mantener los combustibles fósiles bajo tierra — en serio, dejar de excavar y perforar — y financiar una transición justa a energías 100% renovables para el 2050.

Las soluciones son obvias: necesitamos dejar de extraer y quemar combustibles fósiles, empezar a implementar energías renovables en todos los lugares posibles y asegurarnos de que las comunidades más expuestas al cambio climático tengan los recursos que necesitan para dar una respuesta a la crisis. Este es el objetivo por el que la ciudadanía salió a la calle. Sin embargo, cualquiera puede notar que, más allá de que más de 785 mil personas tomara las calles en todo el mundo, se mantiene la realidad de que los oligopolios energéticos y la economía consumista no retrocederá ni un ápice.

Participar
Había que salir a la calle para decir NO al cambio climático y también para generar entusiasmo junto a en estas movilizaciones históricas. Pero la tendencia de los últimos veinte años en la que las conversaciones no han cumplido con lo que la justicia y la ecología plantearia requieren se ha vuelto a materalizar. Organizaciones como 350.org, han estado en París promoviendo los llamados talleres “Poder a través de París” donde la ciudadanía se sumara para debatir las grandes y hermosas acciones que ya crecen de las miles de semillas plantadas y cultivadas a través millones de iniciativas en todo el planeta. El Acuerdo de París exige más que nunca Involucrarse para que estas acciones sean efectivas y poderosas siendo parte de las mismas cada ser humano según sus posibilidades.

350.org  quiere ir más allá de París. Para ello diseñaron el programa “La Ruta a través de París”: el plan para hacer crecer el movimiento climático y hacer que los políticos se hagan responsables de las acciones que el planeta necesita realmente. Y se trata de la ruta a travésde París, no la ruta a París. Así que para esta organización se ratifica la realidad que "Los políticos no dirigen los movimientos — lo hacen las personas". Empoderar pues a las personas es la clave de este cambio.

Poner fin a las COP
Muy pocas personas se atreven las Conferencias de las Partes contra el cambio climático lideradas por Naciones Unidas son un engaño mayúsculo. Hermann Scheer (1944-2010) si que lo hizo en múltiples ocasiones. La última antes de morir en su libro El imperativo energÉtico. Para Hermann Scheer la cuestión era clara: "Nos parece claro que las conferencias mundiales sobre el clima organizadas por Naciones Unidas para lo único que sirven es para distraernos de la verdadera tarea: tomar medidas urgentes, especialmente en el desarrollo de las energías renovables. Estas medidas no pueden estar basadas en consensos sino en fomentar una nueva forma de desarrollo. ¿Se imagina alguien que para poner en marcha la red de internet primero hubiéramos tenido que fijar objetivos a nivel mundial? La lástima es que muchas ONG se han sumado a esta burocracia en lugar de luchar por impulsar el autoconsumo energético, la eficiencia en las comunidades, la implantación de sistemas de mobilidad no contaminantes en las ciudades. Estas son las verdaderas urgencias que ningún Kioto aprobará ni impulsará. Y para el 2020 si no hemos tomado medidas reales quizás no tengamos margen de maniobra para minimizar los efectos del cambio climático sobre nuestra civilización".

Pasar a la acción: desobediencia civil climática
Es necesario impulsar la llamada justícia climática, o sea reducir las desigualdades sociales que son generadas o alimentadas por los efectos del Cambio Climático. Sin embargo, como decía Gandi, "se el cambio que quieres ver en el mundo". Esto exige un cambio personal y sólo a través de este podremos cambiar el exterior, nuestro entorno. Cuando asumimos que la felicidad no depende de cosas externas, entonces, todo es diferente. En el tema climático o de la crisis ecológica sucede lo mismo. Sólo admitiendo que somos parte del planeta reconoceremos cuando nuestras acciones cotidianas atentan también contra nuestra existencia como parte de la naturaleza, Gaia o la Tierra. Es entonces cuando ya no se precisan más consejos y uno pasa a ser el cambio que quiere ver.

Sólo la reconexión con la naturaleza puede permitirnos iniciar el cambio personal imprescindible para dejar de ser un problema para el planeta y ser la solución. Foto: Fundación Tierra.

Sólo nuestra reconexión con la naturaleza puede realmente cambiar nuestra percepción. Los árboles son seres vivos y no es que no podamos usar su madera, pero con respeto y agradecimiento. Algo que estamos todavía muy lejos de sentir. Cada vez que cambiamos de aparato de telefonía móbil estamos cavando un agujero inmenso en el subsuelo planetario para extraer los raros metales que componen los chips que contiene cada aparato. Y cada vez que subimos a un coche sabiendo que el mismo recorrido lo podíamos hacer en bicicleta o transporte colectivo nos olvidamos que el dióxido de carbono liberado no es a perjuicio nuestro, que también, sino de las generaciones futuras que nos herederán (o sea nuestros hijas/os, nietas/os, etc.).

La desobediencia climática implica redefinir nuestras prioridades en el uso del dinero disponible. No importa la cantidad de dinero de nuestra economía cotidiana. Cada euro decide el futuro. Nuestra electricidad puede ser "verde" o fósil y nuclear. Podemos dejar de volar por simple placer. Nuestra comunidad de vecinos puede inertir en iluminación eficiente o dejar la que había. Nuestros hijos pueden comprender que lo brillante no es escoger unas zapatillas luminosas con suela de leds de una marca global, sino un calzado hecho de forma artesanal con materiales naturales. Y así podríamos seguir.

La historia de las soluciones... contada de forma magistral.

Existen más soluciones de las que imaginamos, pero estas son la minoría aplastada por el poder de los medios de comunicación. Frente a este poder sólo tenemos nuestra boca-oreja para divulgar y apostar por este esfuerzo mundial de miles de iniciativas que favorecen un nuevo estilo de habitar el planeta. En internet se encuentran todas. Desde un teléfono móbil respetuoso con la naturaleza y el trabajo digno, hasta como prepararse un sabroso licuado vegetal casero al momento sin tener necesidad de consumirlo envasado. Las soluciones están, tan sólo hay que dirigir nuestra economía, por escasa que sea, hacia ellas. Es una cuestión de prioridad.

De hecho, como admitía Hermann Scheer, la telefonía móbil no existe porque las empresas de telecomunicaciones lo incitaran sino porque la ciudadanía la tomó a pesar de que en sus inicios era muy cara. Lo mismo sucede con la energía solar fotovoltaica que hoy es un 75 % más barata que hace diez años y en todo el mundo ya hay instalados xx GW.  Los cambios suceden porque cada persona forma parte de ellos en la medida de sus posibilidades. Y hoy gracias a las telecomunicaciones cada pequeño cambio está a nuestro alcance si lo queremos tomar. Aprovechemos esta oportunidad para cambiar y salgamos a la calle, pero digamos bien fuerte que "acaben ya con las COP".

En la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro (Brasil) en 1992, se inició un proceso de negociación internacional sobre el clima con la firma de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. Este compromiso firmado por la mayor parte de los países participantes reconocía formalmente la existencia del cambio climático y la responsabilidad humana para hacer frente a este fenómeno. Su objetivo era estabilizar las concentraciones atmosféricas de gases de efecto invernadero a un nivel que evitara las interferencias nocivas en el sistema climático para la vida humana. La Convención Marco, que entró en vigor 21 de marzo 1994, fue ratificado por 195 países, y a partir de este momento se inició el proceso de las llamadas conferencias de las partes (COP). La de París en 2015 es la número 21. En otras palabras nuestros políticos, con nuestra aquiescencia llevan 21 años hablando sin hacer nada para evitar el cambio climático que avanza inexorablemente.

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Artículo elaborado por el equipo de redacción de terra.org.