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La cubierta más bonita del mundo





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La cubierta más bonita del mundo

 
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1. Siglos XIX y XXI
2. Estructuras sorprendentes
3. Cubierta desde el cielo. malla.net
4. Cubierta desde tierra

 

 

Antes de nada, entiéndase, trato sobre un edificio con la cubierta más bella del mundo que he visto y comento. Los mercados locales, esos donde el dinero se queda siempre cerca, premiando a los que más trabajan en la zona, los veo como espacios de devoción social, según mi pasión.

Es todo un empacho para los sentidos visitar cualquier mercado de cualquier ciudad de todas las que hay en éste, de momento, solo mundo. Aquí en Barcelona, si andas por las Ramblas y te encuentras de golpe con La Boquería, ten cuidado. Su seducción lo convierte en uno de los templos sociales vinculados al cuerpo y su nutrición. Sin duda, uno de los más visitados de la ciudad. Hoy, te venden todas las frutas del globalizado mundo, los más diversos pescados de varios mares y hasta hay un puesto de insectos para los que disfrutan comiendo bicharracos. En otros lares, por difícil que sea la vida, no dudo que los sentires de la plaza del mercado alivian y gratifican el acontecer diario de sus ciudadanos.

Y es que los mercados locales son el último valor de la economía local, el más eficiente sistema de ventas gestionado por muchísimos antes de que llegaran los eficientes hipermercados globalizadores gestionados por poquísimos. Aunque una cosa nunca tendrá el globalizado, y es que delante de las lechugas te puedas encontrar con quien las cultiva y, además, puedas preguntarle por la familia y demás cosas de la vida. Los mercados locales de frutas, verduras, dulces, pescados, gentes y aromas son el mejor antídoto contra las banalidades del nuevo mercadeo que se nos ha impuesto.

Desde la zona del templo espiritual de la catedral gótica de Barcelona, uno puede llegar a quedar seducido por unas extrañas y armoniosas formas. En ese punto puedes llegar a elegir entre las piedras levantadas por devotas sociedades o pecar con la provocación de unas lenguas multicoloridas soportadas por maderas frescas. Con sólo cruzar la Vía Laietana puedes quedar obnubilado, según tu perfil, por la ondulada cubierta del nuevo mercado para el siglo XXI de Santa Caterina.
Leo de Salvador Tarragó que este mercado era el más económico de la ciudad, sobre todo en productos como patatas y legumbres, que permitían subsistir a unos habitantes de recursos escasos, tanto del mismo barrio, uno de los más grandes del distrito de Ciutat Vella, como de otros barrios de la ciudad, que venían expresamente a comprar.

Ayer, en su jornada de puertas abiertas, disfruté oteando la inteligente arquitectura de servicio publico. He alucinado con la cubierta a vista interior realizada con maderas no tropicales, onduladas y curvadas, bellas en su relación con el acero soportante. No he tenido paciencia para hacer la cola y disfrutar hoy de unas vistas de la cubierta desde el mirador. Me calma saber que mis curiosos deseos por ver la orgánica estructura serán saciados, ya que el mirador estará abierto siempre para las personas que quieran ver el oleaje de colores.

Haciendo honor a su patrona, el renovado mercado de Santa Caterina abrirá las puertas el próximo 25 de noviembre. La nueva instalación contará con 63 paradas, una cuarta parte de las que tenía antes de comenzar la remodelación en 1998.

Esto sí es un templo del pueblo, bello y construido con materiales nobles y sostenibles. Acero, madera y el necesario hormigón se alían con las ideas vanguardistas de dos destacados arquitectos, Enric Miralles (como obra póstuma) y Benedetta Tagliabue. La decorada cubierta es obra del artista Toni Comella, y para ella se han utilizado 200.000 hexágonos de cerámica de 15 centímetros cada uno, con 67 colores vivaces y distintos que representan las frutas y verduras del interior. Los pájaros, mira tú por donde, igual se confunden y extrañan al notar que el supuesto huerto cargado de suculencias esta más duro de lo previsto desde las alturas.

Y es que toda arquitectura atrevida que se realice para el uso como espacio público tiene mis simbólicas bendiciones al estilo del Reverendo Billy, del cual soy fiel devoto. Se mira el objeto, se levantan los dos brazos y se clama bien fuerte ¡¡vivaluya!! Y es que todo lo que albergue bullicio, alegrías y trapicheos humanos es digno de las mejores coberturas.

¡¡Si pasas por Barcelona, no te olvides de la saludable visita!!


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