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La solución la da la gente





La solución la da la gente
##fechadiario##
La UPEC la forman personas comprometidas con las políticas de izuierdas y vinculadas a los ámbitos social, intelectual, poítico y académico.


Jordi Serrano, director de la UPEC, en una intervención.









Cada vez más, la política se aleja de la cotidianidad. Este divorcio empieza a agrietarse peligrosamente. Los políticos son personas como cualquiera, pero muchos de ellos -afortunadamente, no todos- se imaginan semidioses. Imaginan que sus palabras nos penetran el cerebro y nos transforman. Les pasa eso porque en realidad viven entre el despacho, el coche oficial y el/la jefa/e de protocolo que lo lleva. A menudo ni saben muy bien adónde van ni tienen el tiempo para reflexionar sobre los actos en los que participan. Me acuerdo, en esta línea, del desconcierto que causó el discurso del entonces Presidente de la Generalitat (Jordi Pujol) a la audiencia formada esencialmente por directivos de una multinacional europea. Resulta que el Presidente del gobierno catalán no tuvo tiempo de saber que se trataba de una inversión millonaria a beneficio de nuestro país y les recordó el papel de los pequeños empresarios. Media hora antes había inaugurado una imprenta familiar de unos amiguetes de partido en otra ciudad.

A algunos políticos ya no les interesa el bien común, sino la pura gestión. El alcalde de Barcelona, por ejemplo, con motivo de la inversión de un millón de euros para que el Tour de Francia llegara y saliera de su ciudad, advertía: "Que nadie lo dude, es la mejor inversión que podíamos hacer", para luego puntualizar que si el impacto que genera el Tour se pagase con inserción publicitaria se alcanzarían los teinta millones de euros. "Nos ha costado un millón, más la organización". En otras palabras, pretenden hacernos creer que ha sido una ganga y que todos ganamos. Algo que cualquiera sabe que no es real, pero tampoco hay medios para evaluarlo más allá del supuesto eco mediático (número de páginas en los periódicos dedicados al tema).

Uno puede imaginar que si Barcelona fuera un parque temático, quizás estas políticas de promoción tendrían sentido. Y si el alcalde fuera el director de este parque temático, quizás podría medir el impacto de su gestión por los visitantes y el dinero que dejan en el parque. Pero, en el caso de los turistas, no pagan entrada ni dejan dinero en las arcas municipales de forma directa. Sin embargo, una metrópolis es algo más que turismo. Hay servicios sociales, educación, asistencia, limpieza, políticas medioambientales, etc., que requieren de planteamientos políticos, inversiones, impuestos. La realidad es que, más allá del incremento o no del número de paseanes por el centro histórico y en las visitas a los monumentos gaudinianos, hay un sinfín de problemáticas socioecológicas y de otros carices que no se solucionan pagando millonadas por un evento promocional como el Tour.

La lluvia deslució la llegada del Tour a la ciudad condal por la gracia de la Naturaleza. La idea del boicot amarillo ya estaba materializada en la opinión de muchas personas que no entienden cómo los políticos de su ciudad (sumida en plena crisis) pueden aprobar esta promoción de un millon de euros más los gastos de organización (no precisados) para unas pocas horas. En este ambiente de crisis climática para los organizadores municipales, pero de alivio para la sequía en los bosques y de júbilo para aquellos a quienes todavía no nos hacen comulgar con banderolas amarillas, se clausuraban las V Jornadas de la Universidad Progresista UPEC, dedicada a la crisis. A lo largo de los debates de esa universidad popular de verano se ofrecieron una pléyade de buenas intervenciones. Lamentablemente, este activista no pudo asistir pero, fiel a su ideario, no se ha podido estar de recoger las reflexiones de su director, Jordi Serrano, porque van en la línea que siempre hemos propugnado en este diario: la solución somos las personas.

La crónica del director de la UPEC no podía ser más impactante:

“Necesitamos la mano visible de la voluntad popular para hacer funcionar el mundo”, nos dijo Muriel Casals. El historiador Pere Gabriel nos propuso como solución general la ética civil republicana popular y de izquierdas. Pero para mirarlo desde otra perspectiva que no sea la de los pensadores, me centraré sobre todo en lo que nos han dicho los creadores, los artistas. Marcel Barceló nos dijo un montón de cosas, por ejemplo, que no podemos dejar la cultura -y la política- en manos de gestores y que no hay industria cultural, sino artesanía cultural. Afirmó que existe el peligro, si no estamos encima, de que cuando la izquierda acceda al poder haga demasiados esfuerzos por contentar a la derecha. Los votantes de izquierdas somos críticos, pero no hemos de abandonar, sino que “debemos estar encima de los políticos”.

Ha quedado claro en los tres debates que el papel de los artistas es denunciar lo que está pasando e imaginar un mundo mejor. Pediríamos, como lo pedían los artistas, que la política no dé mensajes de esperanza, sino que dé esperanza, y si no lo sabe hacer, entonces que comparta con nosotros la indignación de la deshonestidad y de la soberbia del mundo de las finanzas y del poder económico.

Hace falta volver a crear ilusión, emoción y entusiasmo en la política y esto sólo se puede hacer con mucha sensibilidad ante la injusticia y la mentira. Nosotros, la UPEC, estaremos siempre con los trabajadores y los sindicatos ante la insensibilidad y sadismo de unas élites que parece no tienen ni alma ni entrañas. “El polvo se deposita por si sólo”, nos avisaba Lídia Pujol. Hace falta, pues, dedicación y perseverancia para vivir en un mundo que si nos despistamos nos revientan. Los desempleados no son una cifra, clamaba Mathew Tree, mientras exponía su experiencia personal de desempleado en la Gran Bretaña de la Señora Tatcher. Y terminaba diciendo que  “no hay soluciones que vengan desde arriba”. En esta misma línea, como si formaran parte de un nuevo partido político, la conclusión final la dio, como no podía ser de otra forma, otro artista, Gerard Quintana, que nos pronosticó que “más allá de la crisis, la solución la dará la gente”.


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