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¡¡Madre Naturaleza y hermanos Arboles, gracias¡¡





¡¡Madre Naturaleza y hermanos Árboles, gracias!! ##fechadiario##





1. El equipo colaborador dialogando sobre los rollizos que vamos a colocar
2. Trabajando la madera para que el tejado quede plano
3. La cubierta de la bioconstrucción toma cuerpo

Esta mañana me he apuntado a una clase de estiramientos por la vía del Tai-Chi, donde la respiración, los movimientos acompasados y conscientes han hecho que los primeros minutos con el día hayan sido reveladores. Después un amago de empacho de higos blancos bajo el frutal me ha sabido a gloria,…creo que no he andado lejos del idealizado edén de la frugalidad.

Tenemos en la mesa de documentación del taller donde participo diversidad de libros y publicaciones con algo o mucho de los contenidos prosostenibilidad, menuda palabra, que mueven la esencia de este taller de esta convivencia veraniega entre menos de una veintena de humanos. Estamos ya en la fase de cubierta y hoy toca colocar los rollizos de la cubierta sur, o sea, que a tocar, acariciar y colocar madera como por un tubo.
Ha tenido un cierto toque revelador echarle un ojo a la imagen del 19 de agosto del impactante libro 366 días para reflexionar sobre nuestra tierra de Yann Arthus-Bertrand. Me he ido por un rato a Carelia en Rusia, impresionado por la imagen de la iglesia de la Transfiguración en la isla de Kiji donde la cultura de la madera es un elemento central de esas islas del lago Onega. La UNESCO identifica a las obras de esa cultura vegetal como el súmmun de la arquitectura y yo me voy desde ese lugar a este donde estoy, en la Noguera en Lleida, tocando con pasión troncos de abeto colocados con aprecio como cubierta de una pequeña aportación al mundo de la bioconstrucción (arte de la construcción de viviendas según los criterios del enfoque sostenibilista en lo que se refiere a la calidad biológica de los materiales, aprovechamientos energéticos solares y reducida huella ecológica).

Las 22 cúpulas orgánicas y de compleja plástica de madera sin clavos de ese lugar de culto religioso de los rusos genera un impacto visual inmediato, fruto del virtuosismo de los carpinteros de la época, allá por 1714 y del clic del artista fotógrafo y que he disfrutado con mis retinas. Cita el comentario que anda  la estructura atacada por hongos y que no se aclaran los cuidadores de cómo iniciar su restauración. Reflexiono aquí sobre como reaccionará la madera que estamos colocando, de cómo la vamos a tratar estos próximos días para preservarla de las especies que pueden encontrarla apetitosa, de cuanto aguantará. Tanto la iglesia lejana, vieja y bella como la cubierta cercana, recién parida y también bella como todo lo que uno hace con tus manos e ilusión, están construídas con un recurso solar por excelencia, fruto de la fotosíntesis y la química natural. Tenemos hoy a disposición y esperándonos los 20 olivos sur cercanos a 4 metros de longitud y con una media de 17 centímetros de diámetro y no puedo sino bondadosamente agradecer a la madre tierra que nos haya brindado la oportunidad de aprovecharnos de sus frutos, y pienso que devolverán estos árboles talados, servicios y satisfacciones a los usuarios de esta particular construcción.

Cuando toco los rollizos, como acariciándolos, me voy a ese baúl de recuerdos que todos mantenemos a buen recaudo. Recuerdo la contabilidad que hicimos hace unos días con el maestro Josu, salían unos 50 años de círculos de una vida sesgada para servicio bondadoso de uno de los 80 troncos que estamos empleando en la obra. Cuando el camión, el primer día, descargaba los 8 metros cúbicos de biomasa, realicé un particular acto de agradecimiento por el regalo natural del que nos habíamos apropiado, gracias porque hay que dárselas.  ¿Cuánto sol, agua, vientos, savia, y vidas habrán pasado por todo el porte y ramas de cada árbol?, para ahora, difunto posicionarse para cobijar a algunos humanos. Tengo hacia los árboles devoción, no identifico más de 10 especies, y me ilusiona pensar que algún día pueda llegar a muchas más, cuantas cosas sé y qué poco conozco sobre lo vital. Siempre he pensado en los servicios naturales que nos brindan: sombras y frescura, madera, frutos, vida silvestre, captura de CO2, regalo de oxígeno, purificación y control del agua, relajos y bellezas visuales, ramas al servicio de los infantiles columpios (como aquella encina solitaria que ya no está y donde mi padre montó el primero de mi vida, donde casi aprendí a volar), y los inevitables espacios para amar y gozar con otros. Recuerdo también de cómo un día me subí a unos troncos en el puerto de Sagunto para desplegar una pancarta donde se pedía Stop madera ilegal, no a la madera de la guerra (muchos troncos venían de forma ilegal de Liberia, cargados de sangre virtual) todavía recuerdo con fuerza la enormidad de los troncos, que horizontales me llegaron como a trasladar a su bosque lejano, donde la sierra injusta cortó para gozos mediocres un tesoro vital.

Lo escuche un día en boca de buen amigo, me emocioné, lo he buscado hoy en el libro El hombre y la madera, editado por la histórica Integral. Quién sabe, quizás también a ti te sirva de algo.

El Árbol, por Rabindranath Tagore

Viajero, escucha:
Yo soy la tabla de tu cama, la madera de tu barca, la superficie de tu mesa, la puerta de tu casa. Yo soy el mango de tu herramienta, el bastón de tu vejez. Yo soy el fruto que te regala y te nutre, la sombra bienhechora que te cobija contra los ardores del estío, el refugio amable de los pájaros que alegran con su canto tus horas y limpian de insectos tus campos. Yo soy la hermosura del paisaje, el encanto de la huerta, la señal de la montaña, el lindero del camino…
Yo soy la leña que te calienta en los días de invierno, el perfume que te regala y embalsama al aire a todas horas, a salud de tu cuerpo y la alegría de tu alma. Por último, soy la madera de tu ataúd.
Por todo esto, viajero que me contemplas, tú que me plantaste con tu mano y puedes llamarme hijo, o que me has contemplado tantas veces, mírame bien, pero…no me hagas daño.




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