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Naturaleza con corazón

Agosto, 2013.- Con las vacaciones muchas personas buscan que sus destinos se crucen con amorosos paisajes de la naturaleza pristina o lo más parecido a ella. En realidad, en la belleza de los paisajes naturales, buscamos el esplendor de nuestros corazones, esa parte de nuestro cuerpo y alma que nos incita a amar. Durante todo el año podemos olvidar la naturaleza e incluso que nuestras acciones cotidianas la destrozan. El millonario que con su yate fondea en una cala virgen y preciosa lejos de cualquier mirada indiscreta puede que (a parte de lo antiecológico del yate) dirija una corporación química global  que contamine todos los ríos en medio mundo. Y sin embargo, en sus vacaciones busca paraísos cada vez más escasos de un planeta infectado por la tecnosfera arrogante que hemos creado.

Si es paz lo que buscas, trata de cambiarte a ti mismo, no a los demás. Anthony De Mello (1931-1987).

Con las vacaciones también es posible que abramos un poco más nuestro corazón así como la búsqueda o reencuentro del amor que aplazamos por el trabajo cotidiano para obtener dinero y lo que este nos permite.  El dinero ciega nuestros corazones y por eso las vacaciones, -aunque cuesten dinero-, son un momento en el que parece que el dinero también descansa... aunque sea sólo un espejismo momentáneo. Amor y dinero no son una buena pareja, como tampoco lo son una noche salvaje de amor cegado por la pasión con el pequeño gesto amoroso cotidiano. La naturaleza libre y salvaje que muchas personas escogen por vacaciones, -aunque esté rodeada de hoteles estéticamente integrados-, no se lleva bien con esta naturaleza próxima que maltratamos a diario, sin mucha consciencia por parte de la mayoría.

La Tierra nos da curas de humildad y nos recuerda que estamos de paso y debemos apreciar lo que tenemos.

La vida humana es este duro aprendizaje del amor, porque el amor es el único y verdadero atributo que nos distingue. Pero el amor que se crece en muchas personas durante el verano, puede convertirse en desierto inhóspito del otoño que le sigue. Nuestros recuerdos de vacaciones puede que no sean más que imágenes digitales guardadas en algún disco duro multimedia, que se marchitan hasta que un nuevo verano las volvamos a buscar en nuevos espacios naturales y en nuevos amores, -que a cada año que pasa se vuelven más escasos o viejos. Basta sólo en comparar cómo destruimos el litoral español con la venia del Gobierno y cómo mercantilizamos los parques nacionales, -por citar de lo más pristino de nuestro patrimonio nacional. El verdadero amor es aquél que sabemos cultivar a diario, en lo cotidiano, cuidando aquello que nos rodea, aquello que nos da identidad, aquello de lo que formamos parte.

¿A qué le llaman distancia? Esto me habrán de explicar. Sólo están lejos las cosas que no sabemos mirar. Atahualpa Yupanqui (1908-1992)

Las vacaciones ecológicas son simplemente aquéllas en las que abrimos nuestro corazón para que éste se expanda y encuentre en el sol, la naturaleza, los árboles, las plantas y los animales silvestres, una razón para renovar su capacidad de amar a nuestro entorno, a nuestros semejantes, a nosotros mismos. Amándonos a nosotros mismos protegemos a la naturaleza, porque de ella formamos parte. Amándonos a nosotros mismos dejamos de contaminar o minimizamos nuestra huella ecológica para que nuestros hijos puedan vivir en un planeta saludable. Amándonos a nosotros mismos y rodeados de naturaleza podemos quizás, avivar esta llama de amor cada vez más exigua pero que todavía arde en el corazón de todas las personas humanas.

Cuando un ser humano busca obstáculos que midan su fuerza, se dirige hacia el norte. Si necesita calma y tranqulidad se va hacia el sur. Para aprender sobre su futuro, apunta hacia el oeste. Y regresa al este para descubrir sus orígenes. Pero para recorrer el más largo de los periplos viaja al interior de sí mismo. Uman Najman de Breslav (1772-1810)

Los seres humanos somos buscadores de amor y esto nos hace personas. Que este verano, en el que alcanzamos las 400 ppm de gases de efecto invernadero, pero que a su vez meteorológicamente está resultando ser el más frío, sea también un momento de reposo. Pero, sobretodo, de reflexión para tomar fuerzas para amar más a la naturaleza, a nuestra naturaleza, a nuestra salud.

Nuestro destino como civilización está en juego. Podemos esperar a cambiar cuando el desastre caiga sobre nosotros como una maldición bíblica, o podemos ser proactivos y pasar a la acción porqué nos enamoramos del planeta y que cada uno de nosotros se convierta en el cambio que queremos ver. Esta segunda opción no sólo es la menos traumática, sino también es la más sensata.

Un sabio afirmó una vez que toda actividad humana es una especie de juego. Y el mayor juego consiste en la búsqueda de la Verdad, la Belleza y el Amor. Arthur C. Clarke (1917-2008)

Detrás de cada rincón de este planeta podemos encontrar la fuerza amorosa de la naturaleza. No es necesario escoger destinos lejanos para saborear lo salvaje. El turismo local es posible y son muchas las familias que ofrecen equipamientos eco turísticos. El verdadero sentido de las vacaciones es llenar de paisajes de amor nuestros corazones. Y éste es nuestro deseo que compartimos . 

 

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Fotos: Fundación Tierra.

actualizado: 
09/08/2013