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Nefasto día con coche





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Nefasto día con coche

 
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1. Petróleo, petróleo...
2. Convención pacifista en NYC



 


 


Lo que sigue es sobre todo una sucesión de hechos vinculados con las cuatro ruedas que monto de vez en cuando y también con lo que las mueve. Hay eso sí, alguna buena noticia vinculada.

Hoy he cogido el coche con el principal motivo de hacer una recogida familiar en el aeropuerto. He pasado mucho tiempo vinculado a la máquina con relación a la distancia recorrida. He comenzado revisando los niveles del viejo Nissan Micra y sospecho que ahora comienza a fallar el circuito de refrigeración. Antes, fue la batería, cambiada por una nueva después de 5 años de servicio. Recuerdo hace unos días de cómo un buen amigo asesor me recomendaba prudencia con los gastos del coche, por suerte compartido con mi hermano. Comienza su declive y habrá que tener la bolsa preparada para hoy esto mañana aquello. Concluíamos que mejor invertir en un recambio, mejor de segunda mano. Tendré en breve la oportunidad incluso de rechazar esta posibilidad y dar un vuelco en mi relación con el coche, en ello ando dando vueltas para ver como.

Bueno, de camino al destino he parado en el centro de la ciudad para recoger unos papeles. El agobio ha sido intenso para encontrar un aparcamiento; diversas vueltas por la zona y quizás 20 minutos de dedicación hasta que he entrado en un parking de la zona a 1,70 euros la hora. Después de hacer las gestiones pago en el cajero casi 3 euros, peaje para librarme de agobio temporal, pero que no lo ha hecho del agobio económico.

Se me ocurre llamar por el teléfono precisamente para una cuestión vinculada con la recogida de los viajeros, pero se me ha ocurrido hacerlo con el coche en marcha. Ya colgando, un luminoso coche de la guardia urbana me pide por sonoro altavoz que me eche un lado. Cómo en las películas, me ha salido un ¿qué ocurre agente? ...Iba usted hablando por el móvil  y no prestando atención a la circulación, respuesta contundente. Eso es cierto, porque no me he dado cuenta de los vigilantes del asfalto urbano. Multa, ignoro de cuanto, pero reflexiono, primero por la imprudencia, después por la rapidez con la que se escapan los recursos. El coche no sólo consume gasolina, eso lo sabemos todos.

Después del susto, llego al aeropuerto y como no las tengo todas conmigo, además de un sofoco ambiental considerable, decido esperar a la hora prevista de llegada del vuelo dentro del coche y en la fila de sólo parada por dos minutos. Estacionado pero intranquilo he pensado que quizás hubiese sido mejor entrar en el parking, pero en pleno bajón como sancionado, ha dado comienzo el hacer hucha para acometer el coste de la receta.

¡¡Que equivocación¡¡, al cabo de un rato de nuevo otros urbanos, expertos en desalojar esos espacios, me han hecho dar tres vueltas al recinto. El vuelo retrasado ha complicado mi dependencia del cuatro ruedas. Encontrado un sitio que parecía tranquilo pero igual de ilegal para estacionar he echado mano de la necesaria prensa del día para compensar, y es que tanto tiempo invertido en el servicio familiar rodado hasta ese momento daba el balance de una hora sentando, varios litros de petróleo consumidos, una multa vete a saber de cuanto, 3 euros de parking y un sofocón térmico importante. 

Mira por donde en el dominical aparece un reportaje titulado El Oasis del Dinero, en referencia al emirato de Dubai y en el primer texto se comenta: Para algunos, un paraíso…fiscal, al menos. Dubai derrocha riqueza gracias al petróleo, y por tanto puede permitirse el lujo de llamar la atención con extravagantes proyectos. En portada, unos rascacielos hi-tec salidos como del desierto y en la otra página unas manos femeninas con seis anillos, 2 brazaletes, 1 mega brazalete y un collar, todos de oro, quizás y a ojimetro le echo 200 gramos. He pensando en el agujero y los recursos naturales y energéticos, la huella ecológica, que ha costado ese oro, igual la superficie de un campo de fútbol con dos metros de profundidad.
Absolutamente recomendable su lectura para enterarse de cómo funciona una parte de las sociedades que mantenemos con nuestro consumo de petróleo, totalmente soberanas de sus tierras y culturas, pero un canto en do mayor a la insostenibilidad del planeta.

He reflexionado sobre la contribución de hoy y de más de varios cientos de barriles de petróleo que habré consumido en mi vida rodada. Soy un financiador de una ínfima parte de ese mundo, pero es una contribución real. Vistas las imágenes y los lúcidos textos he comenzado a valorar antes de acabar de leerme el artículo. Eso sí, hoy no era un buen día para encontrarme con algo así, pero ha sido prodigioso en mi camino hacia la vida simple, frugal y sostenible.
No quiero gastar más petróleo que el estrictamente necesario. No quiero seguir contribuyendo a mantener un reparto injusto del capital natural de la Tierra, y menos cuando lo que se genera no sirve ni servirá para nada a las mayorías de seres vivos.

Y es que todavía no he aprendido a hacer bien las cosas, ...¡¡tirón de orejas¡¡. Por muchísimo menos dinero y tiempo (lo podía haber empleado en prepararles la comida a la familia), un taxi los hubiese recogido en la puerta y probablemente hubiesen hecho el trayecto con aire acondicionado. Yo me hubiese leído la prensa con mucho relajo, hubiera disfrutado del tiempo, no habría colaborado a la riqueza de los jeques y no hubiese perdido un importante porcentaje destinado a mi futura bicicleta de montaña. Con un buen pensamiento sostenibilista todo hubiese sido más bueno para mí, más práctico para la familia, y sobre todo bueno para el planeta…

En la TV busco las noticias de la manifestación en New York, lo hago con ansias después de leer en la prensa la manifestación de ciclistas de ayer sábado, anticipo de la de hoy. He oído ¡¡NO BUSH, NO GUERRA¡¡ ¡¡NO MÁS SANGRE POR PETROLEO¡¡.
Mañana los republicanos comienzan su festival en la ciudad con demasiados petroleros guerreros en sus filas o A su vera y las manos llenas de sangre.
Acabo de decidir reducir a la mitad el consumo de petróleo de mi movilidad así como de los productos de mi consumo. No hay vuelta atrás.


¿Porqué éste diario?