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Retorno a mil por hora





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Retorno a mil por hora

 
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De una punta a otra 

 

 

Desde la ventanilla veo ocultarse el sol. El mismo sol que en dos días deposita sobre el estado de New York toda la energía limpia que permitiría generar la electricidad que consumen en un año. La captación de esta energía sólo ocuparía el 0,75% de su territorio. En todos lados tenemos una asignatura pendiente con el Sol, la mayor central energética limpia y bondadosa de este pedazo de universo donde tenemos la suerte de existir.
Reflexiono sobre el fantástico monstruo urbano por el que me he movido y recupero algunos datos que manejé tiempo atrás. Más de doce mil toneladas de basura salen a diario de la ciudad y se vierten en algunos casos a más de cuatrocientos kilómetros; para ello son necesarios seiscientos camiones, que es algo así como un convoy militar de 15 kilómetros. Es su momento tuvieron que clausurar el vertedero habitual, al que desde barcazas enormes llegaban muchas toneladas de residuos. Desde la administración se apuesta a la fuerza por el reciclaje de los residuos. Sin embargo, desde 2002 el ayuntamiento de Nueva York bloqueó una hermosa campaña de compostaje doméstico por falta de fondos. No puede dejar de impresionarme haber estado en un territorio que dispone de 1.200 kilómetros de vías de metro y más de 500 estaciones para llegar casi a todos los rincones. Este medio es utilizado a diario por 3’5 millones de personas, y otro millón y medio se mueve por el exterior con la red de autobuses. Por las tripas del bicho pedalean a lo largo del día 70.000 ciudadanos. Casi 10.000 km de tuberías enterradas distribuyen el agua potable y otros 10.100 km de alcantarillado para recogerla y evacuarla. Unos 650.000.000 km de cable telefónico y millones de kilómetros de cañerías para el gas e instalaciones eléctricas, que suministran energía para el continuo movimiento. La energía de esta ciudad provenía en 2001 en un 10% de aceites residuales, un 17% de carbón, 22% nuclear, 30% de gas natural y un 20% hidroeléctrica.

Ante estos datos impresionantes mi paso por ella ha exigido también un importante trasiego. En una semana he recorrido 60 km a pie, 200 km en metro, 30 en tren y 25 en coche, mi huella ecológica ha sido suave, hasta hoy.

En la plataforma de despegue, la temperatura exterior es de -2º C y en el interior del Boeing 747, de 71 metros de longitud y 404 plazas, confort térmico forzado. En media hora alcanzamos la altura de crucero, 11.000 metros sobre el majestuoso océano avanzando a 1.050 km por hora y con 45º C bajo cero. Tiempo estimado de vuelo 5:45 horas hasta Madrid y en total unos 6400 kilómetros de recorrido hasta Barcelona.

¿Y cual es mi huella ecológica en este vuelo? Con una tabla de cálculo para el caso, tomando los datos del avión y una valoración de ocupación del 80%, nos toca a cada pasajero 473 kg de fuel y un total de emisiones de gases de efecto invernadero con 4.414 kg de C02. Mi consumo es aproximadamente como 7 veces el peso medio de una persona y en volumen son 626 litros. Estos equivalen a 6.252 kilovatios-hora de energía consumida, con la que se podría generar la electricidad que consumen 12 bombillas de 60 vatios encendidas continuamente durante un año o el equivalente de la comida de 6 personas durante doce meses. El consumo de carbono del aire de mi parte de este viaje es el equivalente al que hay en 257 m2 de superficie de tierra con árboles de 16 metros de altura. En fin, mi huella comienza a pesar demasiado y no es nada sostenible. Tendré que reducir emisiones para compensar el CO2 emitido y ese estado de culpabilidad ambiental que arrastro.

El repaso a los periódicos del día se convierte en un pequeño placer de abordo, ...¿qué ha pasado durante la semana?, ¿cómo irán las cosas?...
Me entero que para la zona del memorial del World Trade Center no se ha elegido, entre 5201 proyectos, al de Green Guerrillas. También de la noticia referida al despliegue de 150 policías en colegios, precisamente en los barrios que más me unen a esta ciudad y con el objetivo de intentar mitigar los conflictos en aumento dentro de los centros. Un informe que habla del fast food y su relación con la salud analiza los menús bases de las grandes multinacionales de la comida basura y los esfuerzos que están haciendo para rebajar calorías y ganar conciencia social. McDonalds ha incorporado a sus ensaladas una salsa de vegetales de la factoría de Paul Newman, el actor reconvertido en empresario caritativo. Taco Bell, especializada en comida rápida mexicana, ha incorporado una salsa a base de vegetales frescos. Y es que ya llevan tiempo acechando las demandas por la falta de información de las empresas y los contenidos grasos de sus comidas. Todo para bajar calorías a la fuerza, en un país cuyo modelo de alimentación está dejando bastante huella. No hay duda que siempre es mucho mejor la cocina mediterránea. También me entero de cómo se está fichando a extranjeros en los aeropuertos de USA. Ahora sé como funciona un scanner de huellas y me intranquiliza ver lo que podría ser el inicio del control optométrico (captura del iris como señal en movimiento para acceso a bancos de datos). De la foto que les toman en alta resolución sobre el rostro sonriente quizás ya los puedan obtener. En México los controles los realiza el FBI y la CIA y los del lugar se preguntan qué hacen éstos aquí. Del esperanzador Brasil leo como están aplicando los mismos controles a los turistas norteamericanos que llegan al país, ingenioso no os parece.
Otra noticia informa sobre la búsqueda en secreto de "bombas sucias" en grandes ciudades durante la Navidad, fabricadas con explosivo convencional mezclado con sustancias radiactivas, con el argumento de que los malos tendrían interés en hacer explotar una. Regreso de un país que vive inmerso en una cultura de la propaganda del miedo y en continua alarma. Vivimos en un mundo donde todo es posible.
Recuerdo que en el viaje de ida me leí una entrevista a Michael Moore, publicada en el semanal de El País, aquel rellenito que la armo cuando le dieron el Oscar por su excelente documental sobre la cultura del miedo y las armas en su país Bowling for Colombine. Una película más que recomendable. Ahora escribe bestsellers y sigue atizando con fuerza a Bush y su banda. También lo hace uno de los mayores especuladores financieros del mundo, George Soros, que publicó un articulo en el que argumenta porque ha donado 12,5 millones de dólares para evitar la reelección de Bush.
Como curiosidad me entero que en Japón están de moda los relojes, agenda, teléfono y ordenador todo en uno, que quizás pueda valorarse como concepto positivo, ya que se reducen cantidades enormes de materiales y porque además siento debilidad por los aparatos multiusos. También se ha puesto de moda entre los nipones un water electrónico, con calienta posaderas, lavado por agua y secado por aire, una curiosa forma de ahorrarse el bidé. Y de las cámaras digitales, por las que tengo devoción ambiental y profesional, se da el dato de que sólo se imprimen el 20% aunque se toman muchas más fotos que antes.

Se me desmonta la trama de lecturas curiosas cuando me enfrento al titular "Un ejercito con aspiraciones pero sin recursos" referido al español y aquí si que comienzo a alucinar. En el año 2001 dedicamos al mantenimiento del ejército y a sus infraestructuras el 1,2% y para este año 2004 está previsto el 0,86% del PIB, o lo que es lo mismo, unos 18,5 millones de euros por día o en pesetas que están todavía cercanas, 3.060 millones al día. En la actualidad el 1% de la población activa es militar. Dice el artículo que durante el 2003 se ha realizado una inversión publica de 20.000 millones de euros para comprar helicópteros, tanques y bombas. Aquí resulta que me salen 54,8 millones de euros al día (9.150 millones de antiguas pesetas por día) ...¡¡jolín¡¡. Un ejemplo, son los 4.700 millones de euros que han costado 24 helicópteros de ataque Tigre, que por lo que valen deberán lanzar bombas que solo asustan. Menudo regalo de reyes. Me cuesta creérmelo a pesar de que es simple matemática, y no llego a imaginar la de cosas que se pueden hacer cada día con esa fortuna que sale de la caja pública. Una cultura de Paz cuesta mucho menos, muchísimo menos, que la cultura de guerra y poder que nos domina.

Mis temores hacia los efectos del "jet lag" han aumentado después del susto financiero militar, intento comer suave y no demasiado. Por cada hora de diferencia que vamos sumando cada 1.000 km de recorrido, mantengo la ilusión de recuperarlas con un sueño que nunca llega.
En Barajas me percato de la segregación de los fumadores durante su actividad. Notaréis que el tabaco y sus percepciones me han acompañado durante todo el viaje, llevándome a la conclusión de que todo se puede compartir cuando se emplea el sentido común.
La temperatura de BCN, divina. Los bultos llegan y salen bien. Nos dirigimos al centro en transporte público gracias a que dos buenos amigos me ayudan con el traslado de bultos. Mañana toca descanso.

 

 


¿Porqué éste diario?