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Saboreando el culto al Slow Food





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Saboreando el culto al Slow Food

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1. Slows chefs en acción
2. Chocolate al oro, ufff
3. Las estrellas de la jornada
4. Cacao maravillao y he flipao
5. Cultura chocolatera
6. Casimir y una de sus forcas


Y que ha hecho un menda como yo en un sitio como este, pues corresponder a la curiosidad de una cruiosa y entrañable convocatoria gastronómica, conocer a un artesano vegetal, y dar apoyo a una sabrosa causa ecosocial justa y necesaria.

Ha sido altamente gozoso asistir a la segunda cena/cata convocada por el movimiento Slow Food “Montsec” Terres de Ponent, donde no sólo para cenar sino también para ofrecer homenaje a un artesano de la zona.

El mestre forcaire Casimir Brescó d’Alentorn, ha dedicado su vida a construir, con ayuda de los almezes (Celtis australis), una de las herramientas más valiosas y ahora simbólicas y todavía de actualidad entre los agricultores de la región, utilizada en la actualidad para faenas simples de corral y para remover restos vegetales, pero antiguamente muy valorada y utilizada entre otras actividades para separar el trigo de la paja.  Además es muy singular que en muchas casas ahora ocupen un espacio destacado en la decoración. Este símbolo rural, para otros fue la oz y el martillo en otros lares, hoy de ello da constancia que la joven Assemblea Pagessa de Catalunya la tenga como logotipo. Un símbolo de resistencia frente a la industrialización de la agricultura

El arte y sano Casimir, el último forcaire de Catalunya, símbolo de la resistencia y amor por su trabajo casi se nos desmonta cuando unos 100 almeces (lledoners, en catalán) de los más cercanos a su casa, se los talaron en plena limpieza de línea eléctrica los operarios de FECSA-Endesa, sin darse cuenta para nada que esos árboles eran la vida, la herramienta de trabajo y la materia prima solar y renovable que Casimir había cuidado, por más de 20 años, para que las ramas redirigidas se convirtiesen en herramienta valiosa. El movimiento local, enterado del atentado, acudió a dar soporte y consuelo al buen hombre de 84 años y hoy le han dado un pequeño homenaje para ofrecerle apoyo moral aunque creo que ya se ha recuperado de sobras para seguir dándole los toques mágicos a los almezes, en ese taller al aire libre, ahora un poco más allá de su casa.

El movimiento Slow Food está formado por humanos muy diversos, los que gustan del comer disfrutando de la vida, los que disfrutan de la vida comiendo productos de la zona, los que no tienen nada que ver con lo ecológico o los que sienten que comer local, refuerza a la comunidad y recupera valores culturales y ambientales de primer nivel. Algunos gurmets y suficientes activistas han estado en la misma mesa, y por valores sinérgicos, por una alimentación más nuestra y menos de la industria gigante de energía comestible de poca calidad.

Pues eso, defender el comer con gusto, lentamente, mejor los alimentos producidos lo más cerca del plato posible, apoyando la economía y el desarrollo local y pasando de darle recursos a fabricantes lejanos  de comida.
En el restaurante de Balaguer “Cal Pepito” puedo decir que me he puesto las botas a lo suave, una cata de coca, brochetas, tostadas con verduras cercanas y algo de proteína animal junto a unos vinos locales, uno de ellos presentado desde la mesa por su viticultor y como broche un cava de L’Olivera, un proyecto social que es modelo a seguir y que solo he catao de su vino un poco, por aquello que si conduces no bebas, ....con lo bueno que estaba.

Hasta aquí bien, ahora el plato fuerte amigo, ha sido la cata de chocolates no refinados y sin azúcar de la marca La Vall d’Or, que ha hecho del lujoso cacao, obras de arte para el paladar. Después de 10 dosis me han llegao a las manos las semillas del cacao, nunca vista y nunca comida, claro. Pues he flipao con la textura y el sabor amargo de este superalimento ancestral, del que han comentao que con tres semillas se puede tirar un buen rato. Picante, nativo, al oro, con naranja, bueno, en mi vida he comido tanta variedad de chocolate en tan poco tiempo. Eso si, no he podido con el sorbete final, y es que se han bien pasao con la oferta chocolatera.

Y como las gentes del buen comer más sostenible piensan en todo, el coste del banquete ha sido de 17 euros, cantidad a pagar por la gente joven y hasta 30 los menos jóvenes pero igual de alegres. Con el beneficio se financia un plan de acción de charlas sobre el gusto de los alimentos que miembros del Slow Food del lugar imparten por escuelas de la zona.

Casimir se ha quedao contento, y yo más, que he quedao con un amigo para hacerle una visita a su taller de alquimia solar. Ya en el coche, con los ojos como platos iba pensando en que no dormiría hasta dos días después, pero no, he tenio uno de los sueños más cortos pero relajantes de los últimos tiempos. Y es que debe ser cierto que el cacao refuerza el corazón, el maíz lo nutre y el picante lo expande. Y como de la variedad nativa, que los incluye, yo me he nutrido bien, he completao el menú especial con la buena dosis de buen hacer y sentir de todos los asistentes.

Chapo Slow Food de la región, aquí el mail de contacto, porque comiendo cercano ahorramos mucho y ganan nuestros vecinos, y por ende este maravilloso planeta, que es el único donde gozar todos es posible si nos ponemos.

Que siga aprovechando sosteniblemente, como todo lo bueno y sabio.



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