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Stop CO2 con acción





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Stop CO2 con acción

 
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Dedicar tiempo y dinero a la defensa del medioambiente está al alcance de cualquiera. Y es algo que además está muy bien y ojalá fuese visto como una actitud social cotidiana y generadora de prestigio. Aunque para activarse en lo que se quiere defender, aplicarse en los hábitos sostenibles y predicar con el ejemplo personal desde un vivir con actitudes ecológicas, aunque no es fácil es el primer paso; el lógico y sin duda el más poderoso.

Si además se quiere colaborar activamente en las acciones colectivas también se puede. Los grupos ecologistas de acción directa no es que abunden, pero hailos y bastantes. Están los locales, que son los primeros y a los que mejor podemos conocer y ayudar. Luego están los globales, que tienen el mismo valor que los cercanos, aunque siempre van algo mas allá.

Soy miembro de una organización internacional de defensa ambiental. Colaboro con algo de dinero y algo de tiempo en Greenpeace, por todos conocida por estar, entre otras cosas, siempre en lugares curiosos colocando pancartas. Generalmente, son los lugares donde más falta hace avisar de tropelías y atentados contra la naturaleza. No creáis que es sencillo colocar una pancarta colgado de cuerdas en una chimenea o abordar un barco cargado de madera ilegal para nuestros muebles.

Ocurre que a los traficantes y a los delincuentes ambientales no les gusta nada que se destapen las verdades. Sea de un nivel u otro, antes de eso hay trabajo intenso y meditado. Para cualquier tipo de acción espectacular hay que dedicar días, semanas o meses de manejo de informes técnicos, solicitud de dcoumentación a las partes implicadas, llamadas, cartas y conclusiones del equipo de campaña de la organización. Cuando fracasan todos los intentos posibles para seducir a empresas o administraciones para que reorienten sus actitudes y procesos insostenibles y, en ocasiones criminales, hacia el medioambiente, llega la última opción. La acción directa, que tiene como objetivo, llamar la atención. Cuanto más espectacular, segura y contundente, mejor. Harán falta imágenes en medios de comunicación y declaraciones de responsables en el lugar de los hechos para, lamentablemente no siempre, tocar la sensibilidad de los irresponsables ambientales.

El mundo que manejamos no es fácil, aunque es tarea pendiente intentar que lo sea. Las complejidades e interrelaciones de todo con todo complican la visión global, la hacen difusa. Los grupos ecologistas intentan, dentro de este barullo, iluminar algunas salidas hacia los caminos del mundo sostenible y solidario.
Para ser activista de Greenpeace, lo primero que hay que ser es socio, lo segundo tener ilusión y manifestarla. Lo tercero es estar disponible para cuando haga falta tu colaboración.

No son muchas porque son costosas a todos lo niveles, además de complejas. Pero las acciones directas para una organización que se dedica a ellas, necesitan siempre del ingrediente principal,  personas convencidas de que lo que hacen es por el bien común.
Mañana comienza en Bonn la Conferencia Internacional sobre Energías Renovables. Allá se reunirán las fuerzas más interesadas en hacer de la economía solar una bandera líder para aniquilar en el tiempo a la economía fósil.
El Protocolo de Kioto es poca cosa, pero lo mínimo para empezar a construir a la fuerza y elaborar políticas ambientales globales que intenten frenar el cambio climático. Las energías renovables tienen un papel estelar a partir de ahora aunque también tienen un gran obstáculo, el sistema energético globalizado a base a combustibles fósiles y el uranio. Ambos materiales son muy sucios, peligrosos y generadores de sufrimiento para todas las especies que habitan el planeta.

Para decir un contundente NO a las centrales térmicas y SI a las energías limpias, Stop al CO2 y Kioto ya, esta noche ha habido una acción de Greenpeace en la desembocadura de un río que ha dejado de ser una cloaca: el Besós.

Se han proyectado imágenes teniendo como fondo la central térmica del Besos, que suministra mucha energía insostenible a la sostenibilidad del Forum  de las Culturas 2004. La pérgola fotovoltaica se veía a un lado. Pero en el punto de mira una fábrica de emisiones de CO2 estaba en pleno funcionamiento.
Quince proyectos de centrales térmicas están previstas en Catalunya, una de ellas en el puerto de BCN y más de 65 repartidas por el resto del Estado. Pero lo más curioso es que disponemos de capacidad de generación eléctrica suficiente para andar más que sobraos en momentos punta de consumo. Además estas centrales térmicas de ciclo combinado van a quemar gas y no aprovecharán el calor residual para cogenerar y repartir este calor para la climatización de los barrios circundantes.

Que estuviesen 10 activistas esta noche allá, proyectando y fotografiando las imágenes ha sido una acción pacífica para llamar a la razón ambiental a los promotores de la borrachera energética que embota nuestras vidas. Y un toque de atención que ojalá mañana los medios de comunicación lo difundan.
¿Porque esa necesidad de meter más generación cuando lo interesante sería ir reduciendo las centrales sucias por reposición de centrales de energías limpias y renovables? Quizás la pregunta esté directamente relacionada con la imposición de los combustibles fósiles, controlados al final por pocos cada vez más poderosos. Un modelo este que nada tiene que ver con los escenarios que se imaginaran en Bonn.

La acción ha terminado con los objetivos cumplidos y eso se nota en los que han dedicado sus horas de sueño al servicio de una causa justa. Quizás pensando en que la adicción energética que disfrutamos encuentre pronto una receta abstemica o por lo menos que favorezca las dosis justas a consumir.

Esperan unos días movidos, que digo días, quizás bastantes decenas de años para que no haya que ir con nocturnidad a fotografiar realidades insostenibles.


¿Porqué éste diario?