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Una semana única (VII)





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Una semana única (V)

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1. La mítica Sala de los Espejos
2. Girando en el mundo



 


 


Hoy ha sido el ultimo día de una semana única. Y como suele ocurrir, a las despedidas se las viste bien. Toda una trupe de familiares con Pau al frente se han dispuesto a pasarlo ameno sin ir muy lejos, digamos que con elegancia ambiental.

Se barajó la idea de pasar el día en uno de los grandes espacio de ocio donde estás todo el día subiendo y bajando de atracciones, algunas de vértigo. La opción más cercana y sugerente desde Barcelona era bajar a la provincia de Tarragona a la caza de un megaparque.

Pero por aquello de la vida más simple y la valoración de lo cercano no fue hasta que opinó un buen amigo sobre la idea de olvidar el viaje y quedarse en las cercanías que se modifico el plan. Y es BCN tiene también espacios para el ocio de emociones fuertes..

El Tibidabo, objetivo de todos lo zagales de mi época y otras tantas otras, es el gran parque de atracciones de la ciudad. Quizás haga 25 años que lo visite, ¡¡cómo pasa el tiempo...¡¡ Dispone de unas vistas fabulosas dominando como montaña elevada toda la caída hacia el mar y  a sus pies la ciudad. Si se visita y dependiendo de la edad, esta garantizada alguna que otra sensación de nostalgia, aunque siempre muy cerca de los espacios renovados con toque de modernidad.
Hay varias formas de llegar sí estás en el centro de la ciudad. La mas práctica es un autobús directo, ¡¡oleé el transporte publico¡¡. Otra, también en trasporte colectivo, es la de combinar los ferrocarriles catalanes con el histórico tranvía y el empinado funicular, toda una aventura retrotecnologica de la máxima actualidad.
La que queda es el coche, y mira por donde la elegida hoy por la trupe. Ha primado la comodidad, cachisss...

Hay varias opciones para entrar, la más económica es elegir las atracciones históricas, recomendable para nostálgicos, gente tranquila o niños grandes que vuelven al lugar con sus niños pequeños. La entrada general te permite subir y bajar, entrar y salir de toda atracción que te plazca. Esta, lógicamente, ha sido la mayoritaria para el grupo.

Lo que tiene este espacio de ocio al aire libre y con buenas vistas, es que muchos usuarios ociosos con un considerable gasto de energía, aunque bien repartido per capita, disfrutan en un espacio coqueto, concentrado, y cargado de historia de esas sensaciones tan humanas como son el vértigo, la risa, el equilibrio, la destreza, las ganas de pasarlo bien... El Tibidado es visita obligada para toda persona o familia que se plantee pasarlo alegre sin marcharse a lejanos paraísos del ocio.
Han faltado algunas atracciones, las dejamos para cuando la vida nos traiga de nuevo al lugar. Las despedidas, cuanto más alegres mejor.

¡¡ Gracias Pau por tu tiempo, tu alegría, tu cordialidad, tu cariño infinito, y tus estímulos para creer que construir un mundo más justo es tarea obligada ¡¡


¿Porqué éste diario?


actualizado: 
18/07/2004