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El mejor de los mundos conocidos es también uno...






El mejor de los mundos conocidos es también uno de los más frágiles,
donde la insospechada paz y prosperidad se coordina con un insospechado saqueo del aire, las tierras, los mares y los ríos.
Antonio Escohotado

Hay apicultores que para maximizar sus beneficios se llevan la miel de las colmenas sin devolverles ningún otro azúcar. No hay vida sin ceder algo de ella. De la misma forma que no se puede pensar sólo en gastar energía sin producirla. Estamos ante un momento de la historia que o bien invertimos en restituir y reparar lo que durante lustros hemos destruido o nos preparamos para estoicamente aceptar el fin de la civilización. Para amasar pan hay que plantar trigo y para cultivar este cereal hay que disponer de tierra fèrtil. Todo está interrelacionado. Aparentemente, una parte de la humanidad puede satisfacer la opulencia, sin embargo, mientras unos pocos engordamos, el planeta adelgaza con el avance de los desiertos, la deforestación de las selvas tropicales o la destrucción de las zonas húmedas para criar langostinos.  
No podemos dejar de vivir sin pensar en sobrevivir. Sobrevivir significa aceptar que no somos más que una especie más, poderoso, pero igualmente frágil. Vivir significa saber restituir el daño causado y aprender de los errores. Vivir obliga a cometer desaguisados, sobrevivir sólo es posible si se cauterizan a tiempo las heridas. Nuestro mundo está herido y no reconocerlo es peor que continuar su destrucción. Existen alternativas para restituir el desequilibrio y disponemos del conocimiento para emprender una rehabilitación integral que nos permita recuperar no sólo la calidad de vida sino también nuestra esencia como seres racionales.