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la política debería ser la expresión del deseo de contribuir a la felicidad








Ensenémonos, y enseñemos a los demás que la política debería ser la expresión del deseo de contribuir a la felicidad de la comunidad en lugar de la necesidad de engañarla o expoliarla.
Vaclav Havel

La política debería basarse en la moralidad. La libertad y la democracia implican la participación y, por tanto, la responsabilidad de todos nosotros. Todos nosotros, si bien cada uno diferente grado, somos responsables de la maquinaria política. Cada vez que por pereza no dejamos testimonio de nuestra opinión frente a un problema estamos construyendo el totalitarismo que luego lamentamos. El medio ambiente no se destruye sólo por los intereses de unos pocos sino por la dejadez o la tolerancia de la mayoría. Y sin embargo, todos nos confesamos fervientes devotos de un entorno sano. Los problemas ambientales del siglo XX sólo los podemos afrontar siendo cada uno parte de la solución. Las emisiones tóxicas a la atmósfera las firman las empresas pero con el beneplácito de nuestros hábitos de consumo exacerbado. Se espera de la política que sea el arte de lo posible pero no cuando esta implica el arte de la especulación, la intriga y la depredación del patrimonio cultural y natural. Sin embargo, acrecentamos lo posible más allá de lo razonable a nivel espiritual, moral y humano. No puede reducirse la contaminación tóxica de la atmósfera causante del cambio climático cuando aspiramos a un coche aunque permanezca encerrado en un garaje 5 días la semana. Somos parte de la solución y ser conscientes de ello es la clave para que todos los horrores que hemos generado dejen de ser tan terribles para convertirse en un estímulo que permita mejorar nuestro mundo. El siglo XXI sólo tendrá luz propia si creemos en la felicidad de la comunidad, la única que puede hacernos felices como personas humanas, razonables, libres, democráticas y comprometidas con nuestro futuro.