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No hay pasajeros en la nave espacial Tierra. Todos somos tripulantes.






No hay pasajeros en la nave espacial Tierra. Todos somos tripulantes.
(Marshall McLuhan, sociólogo)


Es más fácil pensar que cambiar las cosas no se encuentra en nuestras manos. La mayoría de veces optamos por aparcar, dejar para mañana o considerar un imposible lo que nos supone una dificultad, un esfuerzo o incluso una molestia porque preferimos pensar que no va con nosotros. Quizá el ser humano sea cómodo por naturaleza. Pero lo cierto es que todos compartimos la Tierra en la que vivimos. Nos guste o no, somos igual de importantes que el resto de seres que cohabitan este planeta azul y, por tanto, tienen el mismo derecho que nosotros a disfrutarlo o simplemente perpetuarse. A menudo no somos conscientes de que cada pequeña acción de los humanos incide en el conjunto planetario, afectándolo, modificándolo, alterando la estructura natural que posee. Podemos hacer que el aire que respiramos sea un poco más puro, reduciendo las emisiones de dióxido de carbono que vertemos a la atmósfera. Podemos frenar el proceso de derroche de residuos que convierte en vertederos nuestros bosques y mares. Podemos reducir nuestro consumo para que otros puedan consumir lo que necesitan para subsistir. Sólo hay que imaginar cómo nos gustaría que vivieran las generaciones venideras, pensar en qué Tierra queremos legar. Todos tripulamos la nave terrestre en que vivimos, pero algunos poseemos más conocimientos de la misma que otros. Ahí está nuestra responsabilidad.