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Para hacer una tarta de manzana, primero tienes que crear un universo








Para hacer una tarta de manzana, primero tienes que crear un universo.
Carl Sagan

Un simple bizcocho a base de harina, huevo, leche y azúcar es en sí mismo un buen ejemplo de milagro químico. La vida, nuestra existencia, es un constante ejercicio de imaginación para saber tomar los ingredientes con los cuales conseguiremos productos tan básicos como el pan o tan complejos como un ordenador. Sin embargo, no es la combinación de elementos lo que produce un objeto, sino algo más profundo y sutil: el proceso. Podemos tomar harina, agua, aceite y levadura y no conseguir pan jamás. La importancia del proceso nos advierte de que lo verdaderamente valioso no son las materias primas sino el ingenio que es capaz de crear. Los humanos somos la única especie del planeta con la facultad para crear, o sea, para añadir nuevas realidades a las ya presentes en nuestro entorno natural. El ingenio humano, sin embargo, se ha desbordado. Las casi 100.000 sustancias químicas artificiales son un ejemplo de la irresponsabilidad creativa, pues la mayoría de ellas se han comercializado sin conocer a fondo el posible impacto sobre la salud de las personas y la naturaleza. Necesitamos un nuevo paradigma para el acto creativo humano. Crear ya no puede ser diseñar un proceso; a este diseño hay que añadirle una componente ética. Sin ética, la civilización como la suma de actos creativos artificiales está condenada. Desde los inicios de la industrialización los humanos no hemos parado de crear tartas de todos los sabores, formas y texturas. Tartas indestructibles y tartas venenosas. Como si fuéramos ajenos a nuestro propio acto creativo hemos acumulado suficientes inventos letales como para destruir mil planetas. La creación es el resultado de un equilibrio armónico entre todos los elementos que la componen. Para crear una tarta de manzana hay que crear primero este universo de armonía donde los elementos de la receta se funden para generar una nueva realidad igual de armónica. Quien se atreva a crear no puede hacerlo sin la levadura de la ética. Sólo ésta garantiza una adecuada fermentación. Llevamos demasiadas décadas creando sin ética como lo demuestran los fiascos de Bhopal, Chernobil, El Prestige o el gas serín. Necesitamos un universo creativo diferente.