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Para ser grande, se entero: nada tuyo exageres o excluyas






Para ser grande, se entero : nada tuyo exageres o excluyas.
Se todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas, por eso la luna brilla toda en cada lago, porque alta vive.

Fernando Pesoa
La proximidad a un objeto siempre dificulta la observación en perspectiva y, por tanto, hace menos probable el reconocimiento de su valor. Por eso es más fácil quedar seducidos por lo lejano y exótico que por lo cercano. Lo cercano sólo lo valoramos cuando lo perdemos. Entonces es cuando nos damos cuenta de lo que representaba y significaba para nosotros.

Del mismo modo nuestra capacidad para mejorar el mundo, en ese espíritu de evolución que todos llevamos dentro aunque no con la misma concepción, depende precisamente de nuestra propia visión interna. Hoy una parte importante de la humanidad, en cualquier caso la que más poder de transformación tiene por el momento, vive ajena a la intimidad de la esencia humana. Vive ajena porque no tenemos tiempo para pensar ni reflexionar sobre lo que hacemos, nuestras experiencias vitales. Simplemente, consumimos nuestro tiempo en una trepidante cascada de minutos robados a la existencia indeterminada, pero que todos deseamos como próspera y duradera.

Hemos incrementado libertades civiles y derechos sociales en unas pocas partes del planeta, mientras que en la mayoría nuestro estilo de vida se convierte en el mazo que mantiene la esclavitud y martillea de forma incesante el patrimonio cultural y natural del planeta. Se nos acaban los recursos naturales y perdemos lenguas, culturas y formas de vida porqué no podemos aceptar que  antes que hacer hay que ser. Antes que investigar nuevas fórmulas de aprovechamiento del átomo, de adentrarnos en los genes o simplemente de producir un determinado producto nosortros tenemos que ser. Sólo siendo podemos captar el riesgo sin miedo y cerrando los caminos que luego pueden convertirse en desastre. Podemos pensar que el uso de la energía nuclear era inevitable, sin embargo, por ahora tan sólo aporta un pequeño porcentaje de la electricidad mundial mientras que por el contrario nos ha dejado hasta el momento miles de toneladas de residuos radioactivos que lastimarán a centenares de generaciones sin remedio. Cada día se aprueban nuevos productos químicos para su comercialización sin apenas tener resultados de su posible impacto a largo plazo sobre la salud de los ecosistemas y la propia población humana. Innovar, producir, competir son algunos de los elementos que tiran para que la llamada carrera del progreso tome velocidad y relevancia. Sin embargo, a mayor velocidad más riesgo tomamos, crecemos en conocimientos y perdemos en sabiduría, queremos más porque no apreciamos la riqueza que somos desde nuestra humildad.

Cada uno piensa que nada puede hacer para cambiar lo deseable y, sin embargo, cada uno de nosotros ostenta el potencial para cambiar. Nos falta tan sólo ser enteros, no separar lo que nos rodea de lo que consideramos exclusivo, de no codiciar más de lo que podemos llevar encima, de valorar que toda nuestra lucidez como especie depende de una vida en armonía con el resto de lo vivo. El avance de la población humana es a costa de la pérdida de otras especies. Todo un contrasentido. Levantamos nuestras ciudades y asfaltamos la tierra por donde habitaban y corría la vida a raudales. Se nos dice que nada puede detener el impulso de reproducirse y que es una cuestión de libertad personal. Sin embargo, para tener libertad plena es imprescindible el conocimiento que nos hace humanos. Hoy la falta de tiempo nos consume los escasos conocimientos básicos para desbordarnos con simples noticias. Hoy la falta de tiempo nos desestructura en mil intereses. Hoy la falta de tiempo, simplemente, no nos deja ver que no tenemos un problema de tiempo sino de cultura. Una cultura que fomente la simplicidad y la coherencia, que disuelve lo público y lo privado, que nos haga sentir simplemente humanos sin perder la esencia de nuestra historia local o regional. No parece tan difícil y, sin embargo, realmente, se nos agota el tiempo para rehabitar el planeta antes que seamos nuevamente expulsados pero por nuestros propios venenos.    





actualizado: 
28/01/2006