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Protesto contra el hecho que los coches hayan eclipsado las catedrales








No soy de los moralistas chapuceros que se indignan porque en las carreteras hay diez mil muertos al año. Así al menos se reduce el número de conductores. Protesto contra el hecho que los coches hayan eclipsado las catedrales.
Milan Kundera

La parte rica de la familia humana está esclavizada por la movilidad y en especial por los vehículos. Sólo en España hay unos 25 millones de ellos. Si observamos nuestro hábitat principal: las ciudades, nos daremos cuenta que los coches cubren la mayor parte del espacio no edificado a pesar de construirles párkings subterráneos. Lo curioso es que este fetichismo por el coche no está exento de un alto riesgo además de ser un estorbo para la movilidad en las ciudades. Cada día hay más de 250 accidentes con víctimas, o sea unos 100.000 al año. En la actualidad, en nuestro país las carreteras siegan la vida a unas seis mil personas (menos de la mitad de las muertes habidas a finales de los ochenta). Las secuelas de las personas heridas más o menos graves tienen desastrosos efectos psicológicos, sociales y económicos. Se sabe que un 30 % los muertos por accidentes de tráfico habían tomado alcohol con una tasa de 1,5 g/l (unas tres veces la permitida). El exceso de velocidad constituye la causa principal de la siniestralidad y sin embargo continuamos autorizando la fabricación de vehículos preparados para exceder en el 100 % la velocidad permitida en las vías rápidas. Al final, uno sólo puede pensar que el árbol no nos deja ver el bosque y sentir como Kundera, con cierta ironía y cinismo, que los coches se han adueñado de nuestra esencia vital impidiéndonos de disfrutar incluso de nuestra inteligencia.