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Si os dan una hoja de papel pautado escribid por la otra cara






Si os dan una hoja de papel pautado escribid por la otra cara
Juan Ramón Jiménez
Vivimos contra el propio sentido de la inercia, que tiende hace la muerte. En realidad, cada instante vivido es una oportunidad que el milagro biológico nos otorga. La vida se convierte en compromiso si valoramos que nuestra existencia es como un destello de luz entre una eternidad de nada. Porque merced a estos instantes atesoramos un sin fin de recuerdos físicos y mentales. Recuerdos que son experiencias, que permiten degustar muchos buenos momentos, pero también de otros que son de dolor y cuya vivencia nuestra mente hará esfuerzos por olvidar. Nuestro cuerpo dispone de un espíritu que podríamos imaginar como una sombra y que lo conforman los valores, los sentimientos y los impulsos que a su vez le dan fuerza al cuerpo.
El espíritu emite sus propias valoraciones que no tienen porque coincidir con las vivencias biológicas. Endiosarse, creerse que somos capaces de cualquier cosa, de arreglar los problemas del mundo o dominar a nuestros semejantes es un mal común en nuestra sociedad. Una dolencia que se manifiesta especialmente virulenta entre la clase política porque se desconecta de la realidad. La política ha creado un oasis de buenas maneras, de problemas inexistentes y de incapacidades, precisamente porque ya no conectan con la realidad. Darse de baños de masas no nos sirve para conocer la realidad. Hay que ir al registro civil para inscribir a un recién nacido para darse cuenta que lo que debería ser un servicio de bienvenida a la vida es una formalidad en un espacio indecente. Hay que tomar el metro o el autobús para ser oyente de las historias humanas condicionadas por una decisión política como dejar caer unos edificios dañados sin dejar tiempo para sacar las cosas esenciales.
No adaptamos a las pautas familiares, sociales, políticas y estas las convertimos en dogmas inquebrantables salvo excepciones. Los problemas nos superan porque somos incapaces de levantar la cabeza y ver más allá de la gigantesca selva del universo de las tradiciones. Nos preocupamos por caligrafiar nuestra existencia sobre las pautas para no tener que improvisar y mucho menos reflexionar. ¿Porqué deberíamos abandonar nuestra dependencia del coche? En realidad, llegado a la situación de contaminación tóxica actual imaginamos un vehículo sin emisiones. Sin embargo, el problema no radica en el coche propiamente sino en el modelo de urbanismo, en las estrategias de la llamada movilidad. De todas maneras, antes de buscar alternativas a nuestra movilidad podríamos imaginar un estilo de vida menos movido y empezar a reescribir nuestra vida en otra página sin pautas, porque es posible vivir de otra forma sin perder luz en esta oscura eternidad que nos rodea.