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Ecología, la hora de la verdad

Este libro contiene diversos artículos publicados en la revista inglesa Monthly Review sobre el tema ecológico y que han sido recopilados bajo el título Ecología: La hora de la verdad. Se trata de una edición conjunta entre Icaria Editorial y Editores MR. Los artículos bienen firmados por John Bellamy Foster, Brett Clark, Richard Yori, Fred Magdoff, Minqui Li, John W. Farley, Rebeca Clausen, Rohan D'Souza y Maude Barlow. Los temas abarcan desde el pico del petróleo, la ecología de los biocombustibles, el calentamiento global, la crisis de los océanos o el marco de la crisis hidráulica en India. Como tal recopilación la variedad de la selección permite explicar los motivos del diagnóstico de la crisis ambiental a la vez que sugiere soluciones todavía disponibles. El libro contiene asimismo dos breves artículos de Paul  Baran y Paul Sweezy para conmemorar el centenario del nacimiento de estos economistas políticos, entre los más valiosos que ha dado la izquierda del siglo XX.

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Portada del libro publicado por Icaria Editorial y Editores MR.
Barcelona, 2011.

A continuación transcribimos unos párrafos de la Introducción del libro Ecología: La hora de la verdad a cargo de John Bellamy Foster.

Es imposible exagerar el problema medioambiental al que se enfrenta la humanidad en el siglo XXI. En 1992 uno de los autores de este artículo observaba: “Sólo nos quedan cuatro décadas para poder controlar los principales problemas medioambientales si queremos evitar un deterioro ecológico irreversible” Hoy que, según el desarrollo temporal que se preveía en aquel momento, aún nos queda un cuarto de siglo, parece que éramos demasiado optimistas entonces. Las pruebas que disponemos sugieren enérgicamente que, de mantenerse el régimen habitual de prácticas come rica les, dentro de una década sólo podríamos hallarnos ante un “punto crítico” (tipping point) irrevocable en relación al cambio climático. Otras crisis, como la extinción de las especies (el porcentaje de especies de aves, mamíferos y peces “vulnerables” o en peligro de inmediata extinción), el rápido agotamiento de la riqueza marina; la desertización; la desforestación; la contaminación del aire; la contaminación/escasez del agua; la inminente llegada del pico de producción mundial de petróleo (generadora de nuevas tensiones geopolíticas), y una crisis alimentaria mundial de carácter crónico, apuntan todas ellas a que el planeta tal y como hoy lo conocemos y sus ecosistemas están tensándose hasta el punto de rotura. A la Tierra y a la civilización humana les ha llegado la hora de la verdad.

Ciertamente, es poco probable que los efectos de la degradación ecológica, por enormes que sean en nuestra época, resulten ser “apocalípticos” para la civilización humana en tan sólo una generación, aun manteniéndose las prácticas comerciales habituales del consumo. Si se mide de acuerdo con la duración normal de la vida humana, no hay duda que falta aún tiempo considerable antes de que se hagan sentir los efectos de la degradación actual del planeta causada por los humanos. No obstante, mucho más corto es el período que nos queda para poder impedir la futura catástrofe medioambiental antes de que esta se nos escape d las manos. De hecho la creciente sensación de urgencia que invade a los ecologistas tiene que ver con la perspectiva de que se produzcan diversos puntos críticos al sobrepasar distintos umbrales ecológicos esenciales que inauguran la posibilidad de una drástica reducción de la vida estimada sobre la Tierra.

La cuestión es si somos capaces de aceptar que la causa del problema está en el capitalismo tal y como escribió Paul Sweezy ya que este ha sido un gigante movido por la energía concentrada de individuos y pequeños grupos que perseguían resueltamente sus propios intereses. La naturaleza y el trabajo humano se explotan en grado máximo para alimentar a ese gigante, mientras que la destrucción que se inflige a ambos se externaliza para que no recaiga sobre el propio sistema. Otro autor, James Gustave Speth, exasesor de Bill Clinton, afirma de forma más contundente que “El capitalismo, tal y como lo conocemos hoy es incapaz de preservar el medio ambiente. Que el capitalismo moderno es tan destructivo que amenaza profundamente el planeta. Este autor no abraza el socialismo sino que insiste en la necesidad de crear un futuro en el que predominen los valores de justicia social y sostenibilidad ecológica como ya afirmaban a principios del siglo XX pensadores de la talla de William Morris (1834 - 1896).

actualizado: 
07/04/2012
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