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Ecología para no ecologistas






Ecología para no ecologistas

Ecología práctica y sin dogmatismos
José Luis Gallego
Editorial Ariel
Barcelona, 2009



Ecología para no ecologistas
Ideas y pequeños gestos cotidianos que contribuirán a mejorar nuestra relación con el planeta

Existen un conjunto de pequeñas acciones, individuales, fáciles de llevar a cabo y cotidianas, que pueden conducirnos a todos –a nosotros mismos y a quienes vienen detrás– a vivir mejor en un mundo mejor. Con este objetivo sencillo, José Luis Gallego ha escrito un libro con propuestas para recurrir al sentido común y a la sensatez, para poder seguir disfrutando de todo cuanto nos ha sido legado y para que pueda ser transmitido en el mejor estado de conservación posible a quienes tomen el relevo de esta agradable oportunidad de vivir en la Tierra.

Gallego lo tiene claro. Si en cada hogar español (sobre un censo de 20 millones de viviendas) se adoptase un estilo de vida más ecológico, el llamado "Kioto doméstico", las posibilidades de ahorro en las emisiones de CO2 serían de un millón de toneladas diarias. Así que tenemos más posibilidades de las que pensamos en nuestro quehacer cotidiano. Y de eso trata Ecología para no ecologistas.

Es un libro algo espartano, no hay ilustraciones, sólo el discurso de un eminente comunicador de la ecología práctica. Pero la gracia del libro es que, con títulos sugestivos y datos recopilados para que se conviertan en algo que nos sorprenda y nos anime a cambiar hábitos, nos adentra en temas para un estilo de vida más ecológico. No es necesario ser ecologista, nos dice Gallego, tan sólo basta con que nos apliquemos en la sensatez. En el ámbito de la eficiencia energética, en el uso del agua, en evitar residuos, en una movilidad menos agresiva o en proteger la naturaleza tenemos un sinfín de posibilidades. También nos recuerda la importancia de la contaminación acústica y de la luminosa, que nos impide observar el cielo estrellado.

Ya hemos comentado en esta sección otros libros de talante parecido. El de Gallego tiene la particularidad de movernos con reflexiones para que, en ámbitos muy cotidianos, reaccionemos a favor de hábitos menos lesivos para el medio ambiente. Y lo hace con una documentada argumentación, porque está convencido de que hay mucha gente que está decidida a hacer algo por el medio ambiente, a aportar su granito de arena en la lucha contra el cambio climático y a aparcar el coche si es necesario. Pero también nos explica algunos trucos y realidades para que, por ejemplo, en el ámbito de la iluminación no iluminemos menos, sino que lo hagamos mejor, y a ser posible de manera natural, algo que en tiempo de crisis es doblemente interesante.

José Luis Gallego –que tiene una dilatada experiencia en el ámbito de la conservación– no se olvida del mundo natural y dedica varios capítulos en su libro al tema de la naturaleza. En este sentido, nos advierte que si viajamos no deberíamos comprar souvenirs que suponen esquilmar la naturaleza, y en concreto especies exóticas de gran valor ecológico. Firme defensor del corcho, un material que se extrae de forma renovable de los alcornocales mediterráneos, nos muestra la importancia que tiene este producto en la conservación de los paisajes más sostenibles, gracias al aprovechamiento de un producto forestal del que nuestro país ostenta una gran producción, como son los tapones de corcho en los vinos (otro producto muy nuestro).

El libro termina con un glosario de términos en los que el autor introduce sus apreciaciones, para que tengamos claro de qué estamos hablando. De este modo, tenemos en nuestras manos un libro para que seamos más conscientes de lo mucho que nos jugamos con el deterioro ambiental, de nuestra capacidad de remediarlo y de una buena manera de contribuir a ello en eso que se llama la ecología doméstica. Así que este nuevo libro de Gallego nos sitúa en su tesis de que ser ecologista es simplemente ser algo razonable.