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El Banco de Alimentos no combate la raíz de la pobreza alimentaria

El gran éxito del Banco de Alimentos es que ha sabido movilizar a muchos voluntarios alrededor de un problema real y serio como es el de la pobreza alimentaria. Sin embargo, lo cierto es que los grandes beneficiarios del Banco de Alimentos no son precisamente los sectores sociales afectados estructuralmente o coyunturalmente por este tipo de pobreza, sino los artífices del sector agroindustrial, que es precisamente el corresponsable de la problemática de la pobreza alimentaria.

En ocasión de la presentación del libro Banco de Alimentos ¿Combatir el hambre con las sobras? Publicado por Icaria Editorial en su colección AsaCo (2016), la redacción de terra.org ha podido entrevistar a uno de sus autores, Jordi Gascón.

Jordi Gascón, coautor del libro, es profesor de la Universidad de Barcelona y miembro de la Xarxa de Consumo Solidario de la que Xavier Montagut, el otro coautor, es ahora el Presidente.

¿A que se debe la popularidad del Banco de Alimentos?

- JG: El Banco de Alimentos es una organización de ámbito internacional que beneficia el sector agroalimentario industrial. Cuando se habla de pobreza alimentaria esta entidad recibe todas las miradas y tiene pues un papel monopolizador sobre el tema de la pobreza alimentos.

Monopoliza legalmente el tema de la pobreza alimentaria porque es una marca registrada. Cuando alguna entidad local ha intentado realizar alguna acción puntual de barrio de recogida de alimentos destinada a los marginados de la zona con la denominación de “banco de alimentos” se ha encontrado inmediatamente con los abogados de esta fundación porque estaban haciendo uso, aunque sin saberlo, de una marca registrada.

El Banco de Alimentos es como un árbol que no deja que otras iniciativas crezcan a su alrededor y se come todos los recursos económicos destinados a la pobreza alimentaria.

¿Cuáles son los aspectos que hay que conocer para sobre la actividad del Banco de Alimentos?

- JG: El Banco de Alimentos se comporta como los trileros. El trilero te enseña una mano, la que quiere que observes, y con la otra genera la jugada del engaño. Por un lado muestra la mano con la que distribuye los alimentos a los sectores empobrecidos. Pero con la mano que no se ve reparte el dinero con la que adquieren alos alimentos distribudios en esa labor asistencial.

Es pues el dinero el que desemascara al trilero…

- JG: Cuando se sigue el dinero del Banco de Alimentos se concluye que es el sector agroindustrial el gran beneficiario. En la conocida campaña anual de navidad “Gran Recogida de Alimentos” del Banco de Alimentos, decenas de miles de voluntarios, ubicados a la salida de los supermercados te invitan a comprar más productos para que estos  se queden en el contenedor de la colecta que irá destinado a los pobres.

¿Ganan los pobres o el supermercado?

- JG: El supermercado puede ganar 70 u 80 céntimos por cada euro que compramos en sus establecimientos.  Trabaja con amplios márgenes. Si el cliente solidario en lugar de comprar alimentos en el propio supermercado donara el dinero, con este se podría comprar más alimentos adquiridos directamente a los productores. Entonces el euro donado sería mucho más eficiente para la causa de la pobreza alimentaria. Otra cuestión es si esta sería la forma de solucionar el problema. En conclusión, cuando se sigue el dinero se comprueba que el gran beneficiario de la campaña de navidad del Banco de Alimentos son las grandes cadenas de supermercado.

¿Qué relación tienen los supermercados con el Banco de Alimentos?

- JG: Quien conforma la organización directiva de la Fundación Banco de Alimentos son personas vinculadas al sector del gran capital agroalimentario industrial. En su patronato participan las empresas distribuidoras como los supermercados o las grandes superficies comerciales. Por tanto, es lógico que desde su perspectiva utilicen esta plataforma no lucrativa para ampliar beneficios.

El Banco de Alimentos separa lo que llama “usuarios”, los pobres, de los voluntarios e impide que ni unos ni otros tengan participación alguna en la toma de decisiones. Ninguno de estos colectivos está integrado en la organización.

Foto de la campanya 2015 del Banco de Alimentos del acceso a prensa de esta organización.

¿Cómo combatir pues la pobreza alimentaria?

- JG: Lo primero es asumir que el tema de la alimentación es una cuestión de derechos y no de prácticas asistencialistas. No es un problema que caiga del cielo sino que este es el resultado de las políticas que hay detrás.

En nuestro libro comparamos la solución a la pobreza alimentaria del Banco de Alimentos a la que plantea la Plataforma de los Afectados por la Hipoteca (PAH) en el tema de la vivienda. Esta entidad asume que el problema es una cuestión de derecho. Por tanto utiliza la situación de desamparo que se vive de forma individual para convertirla en estandarte de un derecho, el del acceso a la vivienda, que debe ser asumido en la agenda política sobre la vivienda.

Cartel para la captación de voluntarios para la Gran Recogida de Alimentos 2015.

El Banco de alimentos en ningún caso reclama paliar la situación ni tampoco presiona políticamente para evitar la problemática. Se limita a distribuir alimentos sin intervenir en la solución del problema. En cambio la PAH va más allá con una acción política destinada a cambiar normativas, leyes, etc. a favor que el derecho a la vivienda sea universal.

¿Hay otras iniciativas más comprometidas?

- JG: Más allá del Banco de Alimentos hay iniciativas locales que luchan contra la pobreza alimentaria asumiendo que sus causas están en el paro o la falta de trabajo. Aunque son iniciativas con limitaciones cabe destacar aquellas que promueven la agricultura en huertos periurbanos para el autosustento con la recolección de alimentos y a la vez generar también trabajo.

El cultivo urbano de alimentos, además de mejorar el paisaje de la ciudad permite la autoproducción de alimentos y genera trabajo. Es un buen ejemplo de cómo afrontar la pobreza alimentaria que incluye políticas de urbanismo y calidad de vida en las ciudades.

En ocasiones se ha hablado del problema de los alimentos caducados como causa de despilfarro…

- JG: La caducidad de los alimentos es un tema sangrante en el desperdicio de alimentos. Se generó en su momento porque el modelo agroalimentario no está exento de riesgos sanitarios (vacas locas, salmonelosis, etc.) y era un mecanismo de control de calidad. Pero, actualmente la caducidad se aplica a todos los alimentos llegándose incluso a situaciones ridículas. ¿Cómo puede ser que una mermelada, que es esencialmente azúcar caduque, cuando en sí mismo es un método de conservación?

A principios del último gobierno Rajoy se promovió una ley de desperdicio alimentario promovida por las grandes cadenas de distribución. La única medida básica era sacar las fechas de caducidad, algo que interesaba directamente a las grandes cadenas de distribución puesto que les genera problemas logísticos y pérdidas en sus beneficios.

Los supermercados llegan a tirar incluso productos que todavía no han caducado pero que lo harán en breve puesto sólo porque a su lado los hay con fechas más tardías. Sin embargo, hay problemas mucho más graves en el origen del desperdicio de alimentos.

Así que la caducidad de los alimentos no es el problema del despilfarro...

- JG: Los problemas del desperdicio son más complejos. Se encuenetran en los contratos que se establecen entre proveedores y los supermercados o en las caracter´sticas del modelo agroalimentario dominante.

¿De donde sale el interés por el tema?

- JG: Surge, precisamente, del estudio  “Alimentos desperdiciados” que publicamos hace algo más de un año en Icaria también. Es un tema que poco a poco ha ido incorporándose al debate social y académico, pero desde posiciones muy conservadoras. Los movimientos sociales que luchan por un modelo campesino en la línea del paradigma de la sobiranía alimentaria, de la ecología o la agroecología, no habían tratado con suficiente seriedad el desperdicio alimentario.

¿Estáis haciendo un trabajo pionero pues?

- JG: Ambos libros, tanto este del Banco de Alimentos como el anterior sobre desperdicio alimentario surgen como necesidad para que en estos paradigmas ecosociales se trate del tema. Sobre todo aportamos argumentos para frenar el discurso más conservador o de establishment que argumenta que es una cuestión de logística o de pérdida de la cultura culinaria. Hay algunas campañas institucionales en esta línea para distraernos sobre el problema real de fondo.

Campaña institucional del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente para la reducción del desperdicio de alimentos. Otro espejismo para no focalizarse sobre la causa real.

Por tanto el Banco de Alimentos es sólo la punta que señala el problema de modelo…

- JG: Nuestra visión es que es claramente un problema de modelo. El Banco de Alimentos nos permite ilustrar como los productores agroindustriales pueden colocar su sobreproducción salvaje con el dinero de todos. El Banco de Alimentos hace de intermediario para canalizar las ayudas de la Unión de Europea contra la pobreza alimentaria pero que acaban subsidiando la gran industria agroalimentaria.

Vaya, el viejo truco capitalista de criticar el dinero público para recibirlo a mansalva…

Cartel de agradecimiento por los alimentos recogidos en la Gran Recogida de Alimentos 2015. Los números son claros

- JG: El Banco de Alimentos canaliza subvenciones de la Unión Europea comprando la sobreproducción de los grandes industriales. Es una ayuda más que tiene el gran capital agroindustrial en forma de subsidios. En última instancia con estas ayudas de la Unión Europea el sector agroalimentario coloca su sobreproducción en cualquier país por debajo del precio de producción de aquellos países, aunque se hunda su tejido productivo local. Esto es lo que hace nuestra industria agroalimentaria.

Es esta panoplia de sistemas de ayudas y de subvenciones la que atrofia el modelo agroecológico y  canaliza los recursos para la pobreza alimentaria hacia los bolsillos de los grandes productores agroalimentarios.

¿Qué recomendáis al consumidor  para no mantener este modelo?

- JG: En primer lugar intentar ir el mínimo a los supermercados como Carrefour, Mercadona, Eroski, etc.  pues son los principales impulsores de este modelo agroalimentario y quienes los que controlan.

Contraportada del libro publicado por Icaria Editorial en su colección AsaCo (2016).

Si queremos contribuir a reducir el desperdicio de alimentos, hay que apoyar la producción agraria local. Aunque uno haga el esfuerzo de no tirar nada de comida en su basura, dependiendo dónde se compre un producto, este ya acumula una carga mayor o menor de desperdicio.

Cuando alguien compra una manzana cuyo origen es por ejemplo Chile, debe saber que esta manzana, para que por cada una que llega en buen estado, otras se han estropeado en su largo viaje.

La solución a la pobreza alimentaria no son las acciones asistencialistas sino garantizar que se cubren derechos. El estado si que tiene este papel, pues hay determinados sectores que precisan de estas ayudas para subsistir. Las organizaciones sociales deben reclamar derechos e instar que sea el Estado quien las promueva. Si no se hace así, no hay duda que puede haber buenas voluntades, pero políticamente no se tienen las ideas claras. Cuando se bucea en el Banco de Alimentos se descubre que es una forma disfrazada de generar beneficios para el sector agroindustrial aprovechándose de la compasión colectiva.

En síntesis este libro es el primero que pone el dedo en la llaga de forma asequible al gran público sobre un espejismo que no sirve para combatir la pobreza alimentaria. Un trabajo claramente de innovación que invitamos a leer. Gracias por tu tiempo Jordi.

Entrevista realizada por el equipo de redacción de terra.org el día 20 de Enero 2016. 

actualizado: 
28/01/2016
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