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El final de la era del petróleo barato




 

 


El final de la era del petróleo barato

Título original: El final de la era del petróleo barato
Autor: Varios
Editorial: Icaria Antrazyt
Año de publicación: 2007



El final de la era del petróleo barato

Es por todos sabido que el petróleo tiene un papel estratégico de primer orden en el mundo, pero su encarecimiento y su contribución al cambio climático hacen que cada vez esté más claro que el oro negro no puede continuar teniendo esta importancia socioeconómica y que el siglo XXI va a ser el de las energías renovables.
Si tenemos en cuenta que “los derivados del petróleo representan en torno al 40% de toda la energía primaria consumida por los seres humanos, y cerca del 95% de la empleada en el transporte mundial” –como apuntan Joaquim Sempere y Enric Tello en la introducción de “El final de la era del petróleo barato”–, está claro que las sociedades humanas deberán plantearse cambiar radicalmente su forma de entender la producción, el consumo, la localización o la vivienda y su papel en las vidas cotidianas.
Para que tengamos claro en qué punto nos encontramos, se han hecho estudios sobre el llamado pico del petróleo y sobre la huella ecológica y en ambos casos la conclusión es siempre que estamos consumiendo más recursos de los que disponemos.
Como se está viendo últimamente, “los biocarburantes no son una alternativa […] y no sólo porque los balances energéticos son negativos o dan un superávit insignificante, sino también por razones sociales que ya empiezan a ser visibles”, nos recuerdan Sempere y Tello, quienes añaden que “pocas veces había sido tan evidente que la opulencia de unos pocos tiene una relación directa con la miseria de otros muchos”.

 Adicción a los combustibles fósiles

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en el año 2001, el 79,5% del aprovisionamiento energético del mundo procedía de los combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural).
Como sostiene Josep Puig i Boix en su ensayo, “el mundo actual ha creado una adicción a estos combustibles que están en la corteza terrestre y que no son más que el resultado del secuestro de carbono existente en la atmósfera original de nuestro planeta, hace millones de años. La fosilización de este carbono hizo posible que la atmósfera de la Tierra se enriqueciera en oxígeno y se empobreciera en carbono y, como consecuencia, pudiera surgir la vida en nuestro planeta. Pero hoy estamos rehaciendo, en sentido inverso, este camino”.

La BP Statistical Review of World Energy asegura que, al ritmo de consumo actual, las reservas durarían: 40 años para el petróleo, 62 años para el gas natural y 216 años para el carbón.
Josep Puig i Boix tiene mucha razón al asegurar que “el resultado de la batalla que hoy se libra entre un modelo energético centralizado, caduco, obsoleto, ineficiente, vulnerable, sucio, no renovable y el modelo energético naciente, descentralizado o distribuido, eficiente, seguro, limpio y renovable configurará los sistemas energéticos del siglo XXI”. Apostemos, pues, por las energías renovables y luchemos en su bando para ganar esta batalla, en la que nos jugamos el futuro.

Impactos ambientales y falta de acción conjunta

Lo que nos tiene que dar razones para reducir el uso de los combustibles fósiles no es su agotamiento, sino su enorme contribución a la emisión de gases de efecto invernadero, generados con su extracción, transporte y uso.
En uno de los ensayos de “El fin de la era del petróleo barato”, Jordi Roca nos hace ver que, al tratarse de un problema global, los gobiernos tienen dificultades para asumir acciones conjuntas: Estados Unidos, por ejemplo, siendo uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero, no respeta los acuerdos, “buscando beneficiarse de las actuaciones de los otros, pero sin afrontar los costes”.
Otro gran problema es el de los conflictos distributivos: “las emisiones actuales per cápita son extremadamente desiguales; en el caso de las emisiones de CO2 oscilan entre 19,7 y 0,9 toneladas por persona y año en los Estados Unidos y en el continente africano, respectivamente”.
Por todo lo que se ha apuntado, una conclusión a la que se llega fácilmente al leer este libro es que el actual crecimiento de la demanda no puede durar mucho tiempo porque, insistimos, estamos hipotecando el futuro de nuestro planeta.