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Ensayos bioeconómicos. Antología




 



Ensayos bioeconómicos

Edición: Óscar Carpintero
Autor: Nicholas Georgescu-Roegen
Editorial: Libros de La Catarata
Colección: Clásicos del Pensamiento Crítico
Año de publicación: Madrid, 2007



Ensayos bioeconómicos
Antología de la obra de uno de los mayores economistas ecológicos del siglo XX

El legado de Georgescu-Roegen, patente en toda su obra, queda reflejado de forma sintética en esta pequeña joya editorial a cargo del profesor Óscar Carpintero. En ella se nos muestra el paradigma evolutivo de la biología en la economía, sobre el cual Georgescu-Roegen ha dibujado uno de los modelos ecológicos de la teoría económica. De ahí que su visión de la economía, la llamada bioeconomía, sea un inteligente intento de articular a la economía con el resto de las ciencias naturales y sociales y en especial con la física (concretamente la termodinámica).

Esta obra merece ser leída por el profano, pues nos ilustra sobre una forma diferente de ver la economía y la esclavitud del consumismo al que estamos sometidos. Georgescu-Roegen (Constanza-Rumanía, 1906 - Nashville-EUA, 1994) vivió cuatro dictaduras en su Rumanía natal tras renunciar en los años 30 a una carrera en Estados Unidos, puesto que quería ayudar a su país a salir de la postración económica en la que se hallaba. De vuelta a América en 1948 vio que las teorías económicas ortodoxas aprendidas en Harvard sólo eran aplicables, y no siempre, a sociedades industriales de abundancia. A partir de este momento empezará a dar forma a su enfoque bioeconómico, que dará lugar a un libro clásico, La ley de la entropía y el proceso económico (1971), con el que quedaría entronizado como padre de la economía ecológica.

En esta antología de artículos bajo el título de Ensayos bioeconómicos, podemos comprobar como Georgescu-Roegen denuncia el enfoque mecanicista de la economía convencional, con teorías a las que se amputa el contexto social y cultural para explicar el comportamiento económico. El autor cree que ya es tiempo de cambiar ese enfoque, puesto que se ha despreciado el papel de los recursos naturales -y de los residuos- en el proceso económico. Y por eso Georgescu-Roegen se acerca a disciplinas como la biología y la termodinámica -que es la física del valor económico- para explicar con mayor profundidad el proceso de producción de bienes y servicios de la economía. Porque, recuerda, si bien es cierto que la energía ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma, también lo es que en esa transformación, cuando utilizamos la gasolina o el gas, la energía se degrada y cada vez es más difícil aprovecharla de nuevo. Y no tener esto en cuenta en un planeta que cuenta con recursos limitados resulta peligroso, sobre todo para las futuras generaciones.

Georgescu-Roegen argumenta que la economía no es sino una extensión de la evolución biológica de la Humanidad: los seres humanos han aprendido a crear sus propios órganos externos, más poderosos y afilados, ya sea un martillo o una excavadora, y eso le ha permitido gobernar el mundo y mantener un nuevo tipo de vida. Todo ha sido posible gracias a la energía, primero de la madera y luego de los combustibles fósiles, las dos grandes revoluciones energéticas de la Humanidad. Sin embargo, toda esta producción de bienes para supuestamente progresar como especie no refleja en los precios el verdadero coste ecológico que supone y que al destruir los recursos naturales estamos afectando un bien irremplazable.

El autor fundamenta su análisis sobre todo en la segunda ley de la termodinámica: “la entropía de cualquier sistema cerrado aumenta con el tiempo de manera irrevocable e irreversible”. El considerar que la segunda ley de la termodinámica es un caso único en las ciencias naturales, ya que su origen no es físico sino antropomórfico, nos ayuda a entender de manera más sencilla su segunda ley, traduciéndola desde la perspectiva de las necesidades humanas. La energía existe bajo dos formas cualitativas: energía disponible para la humanidad, que puede utilizar para sus exigencias (energía con alto nivel diferencial) y energía no disponible, aquella que la humanidad no puede utilizar de ninguna manera (energía caóticamente disipada). La segunda ley de la termodinámica, o ley de entropía, implica que la energía se degrada constante e irrevocablemente hacia un estado no disponible. Así, lo que aumenta irremediablemente, la entropía, se entiende como la cantidad de energía no disponible existente. En definitiva, la termodinámica ilustra la insostenibilidad ecológica de la economía neoclásica y de nuestro modelo de desarrollo, así como el carácter ilusorio de un crecimiento ilimitado. Y llega incluso a formular una cuarta ley de la termodinámica: la materia disponible se degrada sin interrupción e irreversiblemente en materia no disponible.

La termodinámica permite a Georgescu-Roegen ilustrar la verdadera naturaleza de la actividad económica. Si no podemos crear ni destruir energía, ¿qué hace el proceso económico?. ¿Cómo podemos “producir” algo material si nos es imposible crear materia o energía? Es evidente que a la salida del proceso económico sólo puede haber una diferencia de carácter cualitativo. Georgescu-Roegen nos enseña que, en última instancia, lo que entra en el proceso económico son recursos naturales preciosos y lo que sale residuos sin valor, “lo que el proceso económico hace es transformar materia valiosa y energía en residuos”. En cualquier caso, las reflexiones en una obra asequible a la mayoría del público nos permite, como hemos mencionado, un sorbete de la sabiduría de uno de los grandes economistas del siglo XX.