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Estado de miedo




 

 


Estado de Miedo

Título original: State of Fear
Autor: Michael Crichton
Editorial: Plaza Janés
Año de publicación: 2004 en USA, 2005 en España
Número de páginas: 656
ISBN: 8401335647




Curiosidades

Michael Crichton es un escritor ampliamente conocido en todo el mundo por sus novelas de ciencia ficción, entre las que destacan algunas que posteriormente se han llevado al cine como la saga de Parque Jurásico, Twister, El guerrero número 13, o la archiconocida serie televisiva "E.R." emitida en España con el nombre de “Urgencias”.

Aunque de formación sanitaria nunca ha ejercido como médico, desde temprana edad siguió los pasos de su padre periodista, para dedicarse a la escritura, bien como autor, guionista, productor o director de varias películas de cine basadas en sus propias novelas. Desde que empezó a escribir, se ha centrado en el género de la ciencia ficción y se le considera el creador del thriller tecnológico, -él mismo señala que su apellido rima con frighten, “asustar” en inglés-.

Basándose en controvertidas argumentaciones científicas, ha especulado con todo tipo de temáticas: desde la manipulación genética, hasta la experimentación con animales, pasando por alianzas con extraterrestres, secretos de la nanotecnología o prácticas inhumanas de ciertas multinacionales japonesas.

Estado de miedo
Cómo banalizar la amenaza del cambio climático

Según Isaac Asimov, la ciencia ficción “no trata tanto los contenidos científicos como la respuesta humana a los avances de la ciencia”. Precisamente, el argumento central de esta novela de Michael Crichton es la politización de las actuales teorías científicas sobre las crisis ecológicas. En esta novela, el cambio climático no es una amenaza real, sino que la amenaza son los científicos que lo estudian. Sin duda, un punto de vista alarmante. Desde los glaciares de Groenlandia hasta los volcanes de la Antártida, y desde el desierto de Arizona hasta las casi extintas junglas de las islas Solomon, la novela de Crichton lleva al lector por todo el mundo destapando los entresijos de una supuesta conjura mundial entre ciertos poderes fácticos que pretenden manipular la opinión pública sobre el cambio climático para su propio beneficio, o sea que el autor se convierte en un firme defensor de la contaminación causada por los combustibles fósiles.

Según palabras del propio Crichton, es imposible tener ningún tipo de seguridad sobre los resultados que se publican en las predicciones científicas que se están realizando sobre calentamiento global y cambio climático. Precisamente, en algunas de las conferencias que ha ido realizando por todo el mundo y, especialmente, en Europa, para promocionar su libro, ha comparado el apoyo popular a las teorías de cambio climático, con el apoyo que recibió a principios de siglo el movimiento a favor de la eugenesia o de la superioridad de la raza. Según el autor, el cambio climático sería comparable a lo sucedido con las prácticas eugenésicas “para la mejora de la raza” como la esterilización forzada o el uso de cámaras de gas y crematorios contra judíos, negros, discapacitados o lo que se llamó “basura humana”. Crichton denuncia el apoyo popular que recibió la eugenesia sin que ésta tuviera una base científica real, cuando lo que realmente escondía era un programa social estrictamente racista.

Es en este sentido que Crichton compara los "estudios científicos" a favor de las teorías eugenésicas financiados por los gobiernos y ciertas élites privadas, con los actuales estudios científicos sobre cambio climático y calentamiento global. Según él, las medidas correctoras propuestas carecen de base científica y obedecen a grupos con agendas ocultas detrás de este movimiento que esgrimen el falso argumento de que hay personas sufriendo por una causa abstracta. El hilo argumental de su novela trata de destapar los intereses de los grupos de poder que se esconden detrás de la promoción de la trama de la crisis ecológica global, -inexistente según el autor-.


Conferencias en España: demagogia en movimiento
En una de las conferencias realizadas para la presentación de la traducción de su libro State of Fear al español (CosmoCaixa, Barcelona, 20 de septiembre del 2005), Michael Crichton defendió que el pensamiento ecologista está desfasado y que sus afirmaciones están politizadas y no se basan en datos científicos. Para argumentar tales afirmaciones, se dedicó a presentar de forma claramente sesgada los datos que presenta el IPCC – Intergovernmental Panel on Climate Change (establecido por la WMO - World Meteorological Organization y UNEP - United Nations Environment Programme para proporcionar información científica, técnica y socio-económica para comprender el cambio climático, sus impactos potenciales y las opciones para la adaptación y mitigación). Con descaro  señaló que no toda la comunidad científica está en consenso sobre las causas del calentamiento global. También mostró sesgadamente informes y estudios científicos, que los propios autores citados ya se han encargado de echarle en cara. Finalmente enumeró, según sus lecturas (recordemos que Crichton no es un científico), las causas del calentamiento global: (1) el aumento de emisiones de CO2, (2) el calentamiento de las áreas urbanas, (3) el cambio de uso del suelo, (4) cambios en la actividad solar y (5) causas desconocidas. De esta lista vaticina que“sólo” las tres primeras causas están claramente relacionadas con la actividad humana, lo cual, según su punto de vista, es suficiente para que la incertidumbre sea tan alta, que lo más razonable sea esperar.

La solución: esperar

Con este frágil agarradero y para justificar su propuesta de “espera”, Crichton detalló en su conferencia toda una serie de anécdotas históricas de absurdas “predicciones científicas” típicas de diario sensacionalista que, evidentemente, nunca llegaron a ocurrir (glaciaciones repentinas, tornados devastadores en áreas meteorológicamente tranquilas, etc). Criticó lo que llamó despilfarro de esfuerzos para mitigar el efecto de la concentración de emisiones de CO2 puesto que está convencido (una razón bien poco científica) que el incremento de este gas con efecto invernadero en la atmósfera no sea tan determinante en relación al calentamiento global como pretenden hacernos creer. En definitiva, que lo recomendable según el novelista es optar por esperar antes de actuar.

¿Esperar a qué? Según Crichton, a tener menos incertidumbre, a ser más ricos, a los nuevos avances tecnológicos y a ser más adaptables. Y detalló cada uno de las anteriores “motivos de espera” de la siguiente forma: (1) cual futurólogo, predijo que con el paso del tiempo la incertidumbre sobre las consecuencias del cambio climático se reducirían; evidentemente, una vez puedes sentir las consecuencias desastrosas en tu propia piel o en tu entorno inmediato, la incertidumbre se reduce a niveles próximos a cero, al mismo nivel que se reducen las posibilidades de actuar para poder evitarlo; (2) arguyó que un mayor PIB contribuiría a frenar el cambio climático, sin más, precisamente cuando resulta evidente que con el desarrollo de ciertas economías se han agravado las emisiones de CO2; (3) considera que las tecnologías basadas en energías renovables para satisfacer la demanda son una falacia, y espera el advenimiento de alguna solución tecnológica milagrosa para obtener energía de forma indefinida e indolora. Y finalmente, (4) argumentó que posiblemente seríamos capaces de adaptarnos a cambios de 1,5ºC ya que es la diferencia de temperatura que puede haber entre Barcelona y Madrid. No hay duda que Crichton es el mensajero que invita a ver el cambio climático como si se tratara simplemente de que usáramos manga corta o camiseta de tirantes si arrecia el calor.

Conclusiones sesgadas, predicciones de futurólogo
Resulta esperpéntico que un novelista de tan renombrado prestigio mundial titule su conferencia como “La imposibilidad de la predicción” y, cual futurólogo con su bola de cristal, defienda una actitud escéptica esgrimiendo precisamente sus propias predicciones de futuro como no sin base científica alguna. Es absurdo que criminalice al pensamiento ecologista y tache de ecoterroristas a ciertos grupos de activistas medioambientales diciendo que desvían la atención sobre los problemas reales del planeta. Sus argumentos fueron unas fotos de niños del África profunda en puro hueso por las hambrunas causadas, precisamente, por sequías. Resulta sospechoso, que un autor de ciencia ficción trate de forma tan sesgada ciertos estudios científicos, -aunque llene su libro de notas a pie de página-, y esté tan perfectamente en consonancia con la postura de su gobierno.
La novela el Estado del miedo no sería más que un ejercicio literario en clave de thriller  de ciencia ficción; lo que realmente es curioso es que un senador de Estados Unidos ya haya empezado a usar las tesis de un autor de best-sellers como si tuvieran validez científica. Por supuesto que politizar la ciencia es un peligro, pero politizar la pseudo-ciencia, puede resultar devastador.

Estado de Negación

Más que un Estado de Miedo, la situación actual es un Estado de Negación. Desde la administración Bush se han realizado grandes esfuerzos para suprimir los hechos, por ejemplo, el año pasado, se ordenó a la EPA - Environmental Protection Agency que corrigiera el lenguaje utilizado en un informe sobre el calentamiento global. Y, aunque recientemente se permiten que los científicos del gobierno estadounidense publiquen informes sin demasiadas interferencias, en USA se continúan rechazando pasos significativos para reducir las emisiones.

Las soluciones al calentamiento global, incluyendo el uso de tecnologías más eficientes tanto en nuestros coches como en las centrales eléctricas, no sólo no asustan, sinó que incluso podrían poner sobre la mesa de debate otras preocupaciones claves, tales como la dependencia global a la importación de petróleo.