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Guía práctica de la energía, imprescindible

Que la energía es imprescindible es algo que nadie puede poner en duda. Pero quizás, como ciudadanos, somos poco conscientes del incalculable valor que tienen los recursos que, convertidos en electricidad, calor o combustible, hacen más fácil y confortable nuestra vida cotidiana y son la llave para que nuestras industrias y empresas progresen, o que exista esa asombrosa capacidad de transportar personas y mercancías. En definitiva, que sea posible la sociedad del bienestar.

Portada de la Guía práctica de la energía, edición revisada de 2011.

Y es de incalculable valor porque, además de su precio en dinero, la energía tiene un coste social, tratándose de un bien escaso en la naturaleza, agotable y que debemos compartir. Su uso indiscriminado, por otro lado, produce impactos negativos sobre la salud medioambiental de un planeta que estamos obligados a conservar.

Dos son los objetivos: ahorrar energía, utilizarla de forma eficiente e inteligente, para conseguir más con menos; y usar las energías renovables que nos proporciona la naturaleza. Ambos constituyen una prioridad estratégica, más en un país como España, con una alta dependencia de suministros externos.

Asumiendo sencillas pautas de conducta, todos y cada uno de los ciudadanos podemos contribuir a reducir sustancialmente nuestros consumos de energía sin renunciar en absoluto al confort. Tengamos en cuenta que las familias somos responsables del 30% del consumo total de energía del país.

Con la publicación de esta Guía Práctica de la Energía, el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio con el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) quiere precisamente contribuir a que los ciudadanos estén bien informados, adquieran una mayor conciencia y comprendan mejor el valor importantísimo de sus pequeños gestos. De esta tercera edición, revisada y actualizada, de la Guía Práctica de la Energía. Consumo eficiente y responsable, se han editado 50.000 ejemplares. En ella se incorporan las novedades más relevantes producidas desde la fecha de la anterior edición (2010). La más importante de ellas hace referencia al nuevo etiquetado energético. La etiqueta energética de la Unión Europea, única para los 27 países miembros, incluye tres clases adicionales de eficiencia energética: A+, A++ y A+++.

El IDAE, inició la publicación de la primera versión de esta Guía en 1996 y desde entonces ha distribuido más de 7 millones de ejemplares impresos de la publicación. De la primera edición, del año 2004, se distribuyeron con los principales diarios nacionales 4 millones de ejemplares, y de la segunda, de 2007, cerca de 3 millones y medio. La tercera edición, rediseñada y actualizada en contenidos, se publicó en 2010, y la que ahora se presenta constituye una revisión de la misma.

Como en anteriores ediciones, la guía identifica los diferentes consumos de energía que se producen en la vida cotidiana del ciudadano y la oportunidad de mejorarlos llevando a cabo prácticas muy sencillas. La aplicación de esas prácticas tanto en el hogar como en el trabajo o a la hora de utilizar el coche, produce beneficios no sólo para el usuario —en términos de ahorro familiar— sino también para la economía en su conjunto y para la salud de nuestro medio ambiente.

Esta publicación ha sido asumida por otras agencias de la energía de países americanos de habla hispana, adaptando para su edición propia las cifras y contenidos de la edición española a su caso particular. En todos los casos ha conseguido un gran nivel de aceptación y distribución.

La Guía Práctica de la Energía se ha convertido en una obra de referencia con la que IDAE contribuye a que los ciudadanos estén bien informados, adquieran una mayor conciencia y comprendan mejor el importante valor de sus pequeños gestos. Es también un buen recurso para actividades educativas. Se puede descargar gratuitamente o solicitar desde la página web del IDAE.

La información está estructurada en siete capítulos:

En el capítulo primero se analiza la situación general del abastecimiento y consumos energéticos en España, tanto en lo relativo a las distintas fuentes de energía de las que nos proveemos, como a los sectores consumidores.

En esta pequeña Guía se han identificado los diferentes consumos de energía que se producen en la vida cotidiana y la oportunidad de mejorarlos llevando a cabo prácticas muy sencillas.

Los capítulos dos y tres están dedicados al consumo energético en el hogar, tratando, por un lado, las instalaciones fijas de que suele disponer una vivienda en el momento de su compra, como por ejemplo la calefacción o el agua caliente; y, por otro, aquellos equipos que adquirimos posteriormente y que, además, se reponen cada cierto tiempo; es decir, los electrodomésticos, el equipamiento de la cocina, las lámparas o el aire acondicionado.

Teniendo en cuenta que la adquisición de una vivienda suele ser la mayor inversión que acometemos a lo largo de nuestra vida, es muy importante considerar todos los aspectos que van a contribuir a la calidad de nuestra residencia y, por tanto, de nuestra propia calidad de vida. En general, las principales preocupaciones ante la compra de una nueva vivienda se centran en el precio, el tamaño y la localización. Sus instalaciones energéticas y, en particular, la posibilidad de disponer de energías renovables, deberían ser parte de nuestras preocupaciones y suscitar también nuestro interés. A todo ello se dedica el capítulo cuatro.

En el capítulo cinco, se presenta el otro gran ámbito habitual de consumo por parte de los ciudadanos, el de los desplazamientos en medios motorizados, con una atención especial al coche de uso privado, tanto en lo referido a la adquisición como a su uso y mantenimiento. Por supuesto, en este apartado se considera la excelente alternativa que supone el transporte colectivo, especialmente en los desplazamientos urbanos.

El capítulo seis informa sobre las basuras domésticas, que no suponen un gasto de energía directo en las viviendas. Sin embargo, nuestros hábitos, tanto de consumo como de reutilización y reciclaje, tienen un impacto indirecto en el consumo de energía global y en la protección del medio ambiente.

El desarrollo sostenible significa utilizar los recursos naturales de forma que se minimicen los impactos ambientales y se favorezca el acceso a los mismos a todos los pueblos y ciudadanos del planeta, en unas condiciones económicas asequibles, sin hipotecar el desarrollo futuro.

La Guía Práctica se cierra con el capítulo siete, donde se ponen de manifiesto las consecuencias de nuestra situación de dependencia energética del exterior y la importancia de las energías renovables en nuestro abastecimiento presente y futuro.

Se ha tratado en todo momento que el lenguaje de esta Guía sea accesible, aportando información básica de carácter general junto con consejos concretos para orientar la toma de decisiones. También, para hacerla más amena, se incluyen notas de curiosidades e información específica y complementaria para aquellos lectores que además quieran profundizar en alguno de los temas tratados.

Todos los capítulos de esta Guía Práctica de la Energía finalizan con el resumen de los puntos más importantes, aquello que nunca se debe olvidar para que, con nuestra conducta habitual, podamos contribuir al aumento de la eficiencia energética y a la disminución del impacto ambiental del consumo de energía.