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La manzana de Blancanieves




 

 


La manzana de Blancanieves

La manzana de Blancanieves
María Isabel Pérez
Colección Milenrama, 21
Editorial Icaria
Barcelona, 2006




La manzana de Blancanieves
Aditivos, pesticidas, productos radiolíticos y nuevas proteínas los cuatro jinetes del Apocalipsis de la alimentación

El título no podía ser más clarividente. Como reza la contraportada de la obra La manzana de Blancanieves, pocos libros dirigidos a los consumidores documentan con tanta exhaustividad las sustancias peligrosas que se añaden a los alimentos. Estamos pues ante una obra que a modo de guía pretende concienciar a los consumidores de la importancia de la alimentación, especialmente en la infancia. Su autora María Isabel Pérez es pedagoga por la universidad de California en San Bernardino y miembro de la asociación Public Citizen fundada por el abogado activista Ralph Nader, que en Estados Unidos ha conseguido paralizar numerosas sustancias tóxicas en el ámbito de la alimentación humana.

El derecho a una nutrición adecuada lo reconocen incluso las Naciones Unidas y sin embargo, la legislación no impide que se desarrollen técnicas de conservación de los alimentos que son nocivas. La preservación de los alimentos ha sido parte de la existencia humana. El secado al sol, la sal, el vinagre, el humo para ahumar o el hielo son algunas de las técnicas que a lo largo de los siglos se han empleado con éxito y totalmente inocuas. Sin embargo, en el último medio siglo se iniciaron nuevas técnicas no exentas de riesgos demostrados pero que se fueron afianzando. Abrillantadores, antioxidantes, antiapelmanzantes, conservantes, edulcorantes, emulsionantes, gelatinizantes, etc. constituyen un ejército de sustancias que se han apoderado de todos nuestros alimentos. La manzana de Blancanieves hace un repaso de todos ellos y como se aplican en muchos de ellos. Pero, no son los únicos sino que desde un punto de vista de la seguridad alimentaria los más peligrosos son los restos de pesticidas que pueden formar parte como residuos que se incorporan a nuestra fisiología.

El libro se va adentrando en cada una de las técnicas hoy legalmente aceptadas pero no por ello exentas de riesgos como la irradiación de frutas, verduras, cereales, carnes, pescados o productos alimentarios procedentes de animales. La irradiación no los convierte en radioactivos pero se desnaturalizan sus proteínas y el ADN y a partir de ahí generar alergias y otras posibles dolencias. Y todo porqué los productos puedan permanecer más tiempo en las estanterías de los supermercados. Los científicos que están en contra de la irradiación de los alimentos advierten que hay otros métodos de procesar los alimentos más sanos, eficientes, y menos caros que esta técnica.

La alteración genética o los alimentos transgénicos constituye otra de las plagas que afectan a la salud alimentaria. La aparición de alergenos y toxinas inesperadas pueden constituir un azote para la salud pública. Lamentablemente, todavía no hay suficiente tiempo de por medio para poder evaluar las consecuencias de los alimentos alterados genéticamente,

La adulteración de alimentos constituye otro de los capítulos del libro y en el se denuncian las técnicas que se practican en la elaboración del pan, en la preparación de grasas y aceites, los azúcares, etc.

Especialmente valiosos son los apéndices que detallan desde el valor de las frutas, verduras y frutos secos, hasta los restos de pesticidas que pueden encontrarse en los mismos. Pero no estamos ante un libro exclusivamente de denuncia sino con un claro talante optimista como se deduce del capítulo dedicado a las acciones de padres y otros consumidores responsables del mundo que ya han tomado cartas en el asunto y han conseguido la retirada de productos tóxicos que no se aceptaban como tales. En definitiva, La manzana de Blancanieves es un libro educativo de lectura apto para cualquiera que se interese por la calidad de sus alimentos y un alegato para ser un activista a favor de la seguridad alimentaria.