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La semilla del futuro




 

 


La semilla del futuro


Autor: José Bové y Frnaçois Dufour.
Colección Antrazyt, 226
Editorial Icaria. Barcelona
Año de edición: 2005




La semilla del futuro
La agricultura explicada a los ciudadanos

La mayoría de nosotros cada día comemos y nuestros alimentos no son ni papel, ni metal ni vidrio o plásticos, sino hortalizas, legumbres, cereales, frutos, pollo, lechal, ternera, etc. Comemos porque existe un oficio: el del agricultor, el campesino. Sin embargo, en las últimas décadas la Política Agraria de la Unión Europea ha impuesto mecanismos para apoyar los grandes monopolios del mercado mundial de alimentos frente a la autosuficiencia alimentaria. El resultado es que los agricultores europeos se han visto relegados y su trabajo condenado. Los agricultores no son sólo los que cultivan alimentos o crían los animales de granja. El campo de la agricultura abarca todo el espacio de la vivo, todos los paisajes de la tierra y el agua. Los viñedos, los huertos, los campos de cereales son algo más que simples terrenos productivos. En realidad constituyen una parte esencial de nuestro sustento no sólo alimentario sino también territorial. La presencia de los agricultores en el medio rural es la mejor garantía de su conservación. La despoblación del campo sólo puede traer desastres como los incendios, las inundaciones, etc. Sin embargo, en Europa las políticas del sector agrario no han hecho sino fomentar la regresión de la población campesina activa. En el 2001 representaban menos de 4 % de la población activa de la Unión y en algunos países no sobrepasa el 2 %. Pero también se ha fomentado la fractura social entre las pequeñas explotaciones familiares y las grandes explotaciones. La agricultura productivista impulsada por los gobiernos aniquila el espíritu, el cerebro y el corazón de los campesinos.

Los autores de La semilla del futuro son dos conocidos activistas agricultores. Conocen y experimentan en carne viva como se maltrata a los campesinos a pesar que la alimentación (el producto que produce un agricultor). Esta obra es una advertencia sobre la necesidad de mirar a la agricultura como el barómetro de la situación del planeta y al mismo tiempo de su masa crítica. La disminución de la población campesina incrementa la ocupación urbana y la miseria y el desarraigo social. Probablemente, para muchas personas el término agricultores ya sólo se asocie a carreteras cortadas por tractores, a frutas desaparramadas o regaladas en los mercados, a muertes masivas de animales de granja, etc. Curiosamente, la agricultura constituye un equilibrio no sólo para los sistemas naturales sino también para la sociedad humana. Porque en el fondo el campesino es más que un oficio, es un estilo de vida, un promotor de la paz en los paisajes y el sustento alimentario. Sin embargo, esta realidad está siendo subvertida por la agroindustria y el agrobusiness basado en la biotecnología y los venenos químicos que está contaminando el futuro de nuestro de planeta.

La semilla del futuro es un libro escrito para que cualquiera pueda comprender el impulso vital que ha guiado a sus autores. A base de preguntas y respuestas se van adentrando en cada uno de los aspectos desde el coste de la política agraria hasta los pilares de la sabiduría campesina. José Bové ha sido un abanderado de la antiglobalización y su desobediencia civil le llevó a la cárcel. Este hombre no niega su pasado libertario y valora que el viejo adagio de la República “La libertad de cada uno termina donde comienza la libertad de los otros” debe dejar paso a “cuanto más libre sea el otro más libre seré yo, porque la libertad de los otros es la mía en el infinito”. La práctica de la agricultura conduce a una estrecha relación con la naturaleza y sus fuerzas por lo cual obliga a desarrollar una filosofía de respeto por la tierra y su vitalidad. La agricultura biológica es una consecuencia lógica de aplicar la sabiduría agraria y el antídoto contra la contaminación y desastrosos efectos ecológicos causados por la llamada revolución verde que a base de fertilizantes y plaguicidas químicos altamente tóxicos pretendía elevar la producción agrícola para convertir esta actividad en un lucrativo negocio. Y no hay duda, que todavía vivimos bajo esta dictadura de los alimentos veneno.

Un libro de esta sinceridad no podía dejarse en el tintero algo tan esencial como las propuestas para que los niños se acerquen a la sabiduría agrícola que todavía resiste. La educación del gusto, volver a sentir el sabor de los alimentos frescos cultivados con métodos biológicos es una opción. Aprender a extraer el gusto de los alimentos masticando con placer y conocer el trabajo esforzado de los agricultores constituye una lección básica. Acercar a la población infantil a conocer el campo reduce el riesgo de ruptura entre ciudadanos y la agricultura, lo cual es sinónimo de garantías para la protección del paisaje, la biodiversidad y la vida en general. Este libro es una defensa racional pero también emotiva de algo que necesitamos como el aire que respiramos. Como dicen sus autores, necesitamos una revolución de las margaritas. Porque esta flor simboliza en la armonía que le confieren todos sus pétalos juntos los diferentes valores que aporta la agricultura a la salud planetaria. Por esta razón este libro termina enunciando los diez principios fundadores de la agricultura campesina que progpugnan estos activistas entre los que queremos señalar: la importancia de valorizar los recursos abundantes y ahorrar los que son escasos, garantizar la buena calidad gustativa y sanitaria de los productos y desarrollar una agricultura que piense a largo plazo puesto que sólo trabajando por lo duradero no se agotan los suelos, se protegen los territorios y se garantiza la armonía entre le medio ambiente y el medio rural. El libro contiene casi a modo de epílogo también la propuesta de una Declaración Universal de los Derechos y Deberes  del Campesino y el Ciudadano.

Estamos frente a un libro escrito con el corazón de hombres que luchan a brazo partido por sus convicciones, que deberían ser las de todos, porqué una agricultura sana, respetuosa con el medio, libre de venenos y posibles contaminaciones biológicas de otras especies así como labradora de paisajes para conservar los recursos hídricos, el suelo y la biodiversidad es la única esperanza para seguir comiendo con sabor y de forma nutritiva. Las promesas de la biotecnología par frenar el hambre en el mundo y la desnutrición a base de plantas que incorporen vitaminas es tan ilusa como que la previsión que hicieron a mediados del siglo XX con la energía nuclear que declararon que sería tan barata que no tendríamos necesidad poner contadores para luz y pagar el recibo. El precio que pagaremos por este supuestamente sueño energético y el que ya hemos pagado con el riesgo nuclear en todas sus facetas, civiles, militares, de residuos radioactivos, etc. nos debería hacer reflexionar como afrontar el futuro de la agricultura. La semilla del futuro nos aporta una visión posibilista, sensata y con un estilo pedagógico loable de personas que ya ahora sientan las bases pedagógicas para una reconstrucción de la agricultura ciudadana en el seno de la aldea planetaria. Esta obra complementa a la anterior de los mismos autores El mundo no es una mercancía donde exponen sus vivencias como militantes antiglobalización.  Icaria Editorial edita esta obra en colaboración la Plataforma Rural y merece un elogio su publicación.