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Objetivo Decrecimiento




 

 


Objetivo Decrecimiento


Autor: Colectivo Revista Silence
Editorial: Leqtor.com
Año de publicación: Barcelona, 2006
Existe versión en catalán



Objetivo Decrecimiento
¿Podemos segir creciendo hasta el infinito en un planeta finito?

El economista Nicholas Georgescu-Roegen publicó en 1995 una obra que ha marcado una nueva tendencia en la visión de la economía: La Décroissance. Su tesis con una rotunda argumentación era sin embargo sencilla: "en cada ocasión que recurrimos a nuestro capital natural estamos hipotecando las posibilidades de supervivencia de nuestros descendientes". Por ello pone en duda la efectividad del llamado "crecimiento cero" o del "desarrollo sostenible". El llamado movimiento del decrecimiento ha inspirado esencialmente en Francia a todo un colectivo de intelectuales que participan en la veterana revista de cultura alternativa y no violenta Silence.

El libro Objetivo Decrecimiento nos acerca en una versión en castellano y otra en catalán una recopilación de artículos publicados en la revista Silence sobre el decrecimiento.  Por tanto, estamos frente a un libro único para adentrarse en los conceptos que se manejan para argumentar la necesidad del decrecimiento como única alternativa para nuestra sociedad. En uno de los artículos se analiza el hecho que el término desarrollo sostenible pueda considerarse como un oxímoron o antinomia puesto que consiste en yuxtaponer dos palabras contradictorias. Desarrollo significa bienestar y crecimiento mientras que sostenible debería recoger la necesidad de la protección ambiental y ésta no es posible sin una visión de desarrollo como componente ecológica y por tanto ligado a un crecimiento orgánico y no de riqueza como el que impera en nuestra sociedad.

El decrecimiento atiende a lo que Nicholas Georgescu-Roegen calificó de la cuarta ley de la termodinámica.  Según el "no podemos producir neveras, automóviles o aviones a reacción mejores y más grandes sin producir también residuos mejores y más grandes; el proceso económico es de naturaleza entrópica lo cual significa que en un mundo finito debemos centrarnos al espacio bioproductivo por persona de la humanidad y que se sitúa en 1,8 hectáreas, mientras que la del europeo medio sobrepasa las 4,5 y que llega al paroxismo en el caso de la sociedad norteamericana con 9,6 hectáreas. De ahí que garantizar el futuro del planeta requiere un balance entre población y recursos útiles, por lo que ante la actual realidad histórica sólo el decrecimiento puede ser la solución. Eso es un  estilo de vida más austero. Ya no basta con ralentizar la locomotora, frenar e incluso pararla. Simplemente, hemos equivocado la dirección y, por tanto, lo que ocurre es que hay que bajarse y tomar otro tren en dirección opuesta para salvar el planeta o mejor dicho: asegurar a nuestros hijos un futuro aceptable.

Como libro de recopilación cada uno de los artículos supone una aportación singular que añade un nuevo peldaño en el objetivo de la obra. Las tesis de sus autores son sorprendentes en todos los aspectos por lo novedoso. En Calmar la economía queda claro que debemos asumir una economía de la demanda y no de la oferta y que, por tanto, la demanda debe permanecer en los límites que impone el planeta. Unos límites que deben ser compensados por la solidaridad entre los hombres, por una armonía, por un nuevo sentido que dar a nuestras vidas.

Finalmente, no podríamos dejar de animar la lectura de este libro que incluye una de los mejores alegatos contra el automóvil en un singular artículo relleno de datos para argumentar lo irracional del coche si analizásemos las ventajas e inconvenientes de forma sensata atendendiendo a la contaminación social, a la violencia que engendra, las muertes, la pérdida de la calidad del aire que respiramos y por el hecho que no es generalizable a escala planetaria su uso.

Por si a uno le parecen insuficientes las propuestas de Objetivo Decrecimiento al final del mismo hay un auto-cuestionario para evaluar si uno es partidario del "desarrollo sostenible" o del "decrecimiento sostenible". En fin, sólo con el convencimiento general se podrán desarrollar políticas gubernamentales que den prioridad a la pequeña escala frente a la gran escala, para permitir así la expansión de una economía a escala humana. Podríamos dar más argumentos, pero la obra es en si misma una lectura recomendable por lo radical, lo utópico pero a la vez razonadas propuestas que se esbozan desde los partidarios del decrecimiento. Quizás es hora ya de empezar a sustituir el oxímoron del desarrollo sostenible por el sensato decrecimiento. Des  de esta redacción tomamos buena nota para ser consecuentes con lo que aportamos a la cultura ambiental y para que no se confunda que el progreso sólo es posible a través de la austeridad vital.