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El jardinero fiel




 

 


El jardinero fiel es un homenaje a la activista humanitaria Yvette Pierpaoli



Una implacable denuncia contra la industria farmacéutica


ficha técnica
El jardinero fiel

Titulo original: The constant gardner
Actores: Ralph Fiennes, Rachel Weisz, Pernilla August, Danny Huston
Director: Fernando Meirelles
Guionistas: Jeffrey Caine, Chris Riera
Productor: Simon Channing-Williams
Fotografía: César Charlone
Música: Alberto Iglesias
Nacionalidad: Reino Unido
Año: 2005
Género: drama
Duración:  128 minutos



El jardinero fiel
La conspiración es global, la corrupción es contagiosa

El jardinero fiel de  John Le Carré es una novela comprometida. Aún siendo pura ficción nos transporta a la caverna de las multinacionales farmacéuticas sin escrúpulos capaces de poner al mercado medicamentos no suficientemente testados para ganar más dinero. Sin embargo, también hay que valorar que el personaje de la protagonista de la misma, Tessa Quayle (interpretada en la película por una magistral Rachel Weisz) en realidad está inspirado en la activista Yvette Pierpaoli miembro de Refugiados Internacionales, una pequeña pero activa organización americana creada en 1979 que ha participado dando asistencia a los refugiados en conflictos por todo el mundo. Esta mujer que conoció al novelista a finales de los años setenta se esforzó para convencerle de que ayudara a su causa con una novela. En 1999 cuando tenía 60 años fue asesinada en un accidente de coche en Albania cuando iba a un campo de refugiados en Kosovo. Dos días antes de su asesinato, John Le Carré aterrizaba en Kenya para empezar a escribir su novela El jardinero fiel que planteaba como un homenaje al trabajo de las personas que denuncian la extorsión global de gobiernos y empresas. Sin duda, esta novela es un homenaje póstumo a Yvette Pierpaoli que desde hacía 19 años participaba en misiones a favor de los refugiados de conflictos bélicos por todo el mundo. Resulta insólito que la película española El secreto de las palabras estrenada unas semanas antes de El jardinero fiel también aborde la problemática  de  los refugiados pero desde el punto de vista de las secuelas de los que sobreviven.

El mundo necesita más activistas, el de cada uno de nosotros el primero. La película El jardinero fiel se tiñe de una bella historia de amor entre un diplomático aburrido y una mujer vitalista y comprometida. Pero quizás lo destacable es la trama que poco a poco irá descubriendo su marido tras su muerte para denunciar a los que acabaron con su vida. Con horror comprobará que el propio gobierno británico está implicado y que el sufrimiento de los pobres se convierte en exterminio cuando se les utiliza de conejillos de pruebas de medicamentos que nunca deberían haberse comercializado. El fármaco Dypraxa, supuestamente para curar la tuberculosis es a su vez un potente veneno que su fabricante en connivencia con las autoridades no tendrá escrúpulos en comercializar. La adaptación de esta novela al cine debe considerarse una obra maestra a juzgar por el hecho que aunque el propio Le Carré podía vetar al director, al guionista y al elenco de actores este no intervino en nada. De todas maneras, el compromiso sociopolítico del cineasta Fernando Meirelles es incuestionable y El Jardinero fiel es un filme comprometido que nos muestra apenas la superficie del oscuro y profundo universo de la poderosa maquinaria farmacéutica. La película acusa a gobiernos y empresas como responsables de la muerte de millones de seres humanos en el Tercer Mundo. Un comentario anónimo de un espectador al salir de la proyección exclamaba “no hay duda que no sabemos nada” y la verdad es que la industria farmacéutica tiene un largo historial en contra del medio ambiente. Vertidos a ríos como el de la suiza Sandoz en el Rhin,  contaminación con transgénicos o envenenamientos masivos de humanos en todo el planeta con la peligrosa práctica de la vacunación preventiva y masivas de niños son algunos de los desmanes de un sector industrial que además lucha para erradicar toda medicina no alopática.

El jardinero fiel es pues una denuncia contra la industria farmacéutica y a la vez una dura crítica a la situación de los campos de refugiados. La escena en el Sudán donde los cooperantes son evacuados en avión mientras la población local recibe la visita exterminadora de una tribu violenta. También muestra como las organizaciones humanitarias que intentan luchar contra la corrupción global son sometidas a vejaciones policiales y precisamente no en países del Tercer Mundo sino ante las narices de la divina democracia como Alemania. Si la novela de John Le Carré no dejaba títere con cabeza, la película de Meirelles hace derramar lágrimas a quien le quede sensibilidad en el cuerpo. La violencia que palpita en la acción de todo el filme no se refleja en ninguna imagen. El propio asesinato del protagonista al final del filme es magistral, Con apenas un movimiento circular a su alrededor y las sombras de los verdugos detrás sabe sacar la rabia del espectador ante la impotencia. Pero no es menos emotiva la escena del avión de Naciones Unidas despegando mientras una refugiada lo hace a su lado dejando atrás su mundo arrasado por la violencia sin razón.

Esta es una película indispensable no sólo por el mensaje sino por la propia maestría con que ha sido rodada. Una historia de denuncia llena de ira que no perderá vigencia con los años y que, sin embargo, nos puede concienciar sobre el abuso que hacemos de los medicamentos que encumbran al olimpo divino a la industria farmacéutica. También nos encontramos ante una película que pone en entredicho toda la maquinaria gubernamental para supuestamente ayudar a los colectivos necesitados del Tercer Mundo. En cualquier caso El Jardinero fiel tiene el valor de airear todavía más lo que un libro pudo por estar firmado por el novelista de bestsellers John Le Carré con el arte de un cineasta emergente y unos actores entregados. Una película que debería ser vista por los escolares del mundo rico y próspero como el nuestro.  


Curiosidades...
Sandy Woodrow  y Sir Bernard Pellegrin así como los demás miembros del Alto Comisionado Británico están convencidos de que el viudo de Tessa, el apacible y poco ambicioso diplomático Justin Quayle dejará el asunto de la muerte de su esposa en sus manos. Sin embargo, el asesinato de Tessa, con la que Justin mantenía un apasionado idilio le conducirá a dar su vida para hallar los motivos por los que fue brutalmente aniquilada.

El Alto Comisionado Británico es una especie de oficina comercial a la vez que de espionaje que sirve a los intereses de las grandes corporaciones y en este caso en concreto de las empresas farmacéuticas y por las que es capaz de asumir cualquier método para que se consigan determinados beneficios económicos.

El director de la película, el brasileño Fernando Meirelles asumió este proyecto tras su éxito en la Ciudad de Dios (2002) sobre la vida de la favelas y que impactó al mundo por lo que fue nominada a los oscars más importantes. Su nueva película El jardinero fiel fue rodada en Kenya, Berlín y Londres. En África se rodó con cámara la hombro para darle más realismo y para poder captar las personas reales que pueblan este mar de pobreza que alrededor de la vía del tren se cierne sin fin.