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El Planeta Blanco




 

 




El Planeta Blanco, un documental sobre la vida del Ártico.



Las belugas y el oso polar, dos de los protagonistas de El Planeta Blanco


ficha técnica
El Planeta Blanco

Título original:La Planète blanche
Directores : Thierry Ragoberty y Thierry Piantanida
Música original : Bruno Coulais
Montaje: Catherine Mabilat, Nadine Verdiery y Thierry Ragobert
Sonido: Daniel Toussaint, Richard Lavoie, Serge Boivin, Jean-paul Vialard y Jeffrey Mitchell
Género: Documental
Duración: 86 minutos
Pais: Francia-Canadá
DVD de Karma Films
Distribuye: New Atlantis




El Planeta Blanco
El Ártico inédito

Probablemente, pocas personas podrán disfrutar de esta película documental en el cine. En España se estrenó el 17 de noviembre 2006 y en unos pocos cines pero la redacción de Terra.org se presentó a la sesión del primer día y en un patio de butacas de más de 300 plazas éramos cuatro espectadores. Tampoco apareció anuncio alguno en la prensa. Esta película puede verse en DVD. No es probablemente de los mejores documentales pero tiene el acierto de haber sabido captar escenas inéditas de la vida del Ártico en el polo norte.

El hombre es un completo intruso en este vasto desierto blanco, en el que sólo los inuits se atreven a asentarse en sus márgenes. Sin la ayuda de los habitantes tradicionales de la tundra del norte de Canadá, Alaska y Groenlandia el rodaje de Planeta blanco, durante más de dos años, hubiera sido literalmente imposible. Uno de los directores de este documental para la gran pantalla, Thierry Piantanida, no duda en afirmar que sin la ayuda de los inuit no se podría haber realizado la película ya que son las únicas personas que conocen a fondo el Ártico.

La película tiene un discurso facilón. Es la evolución del despertar vital en el polo, desde el deshielo hasta entrar nuevamente en la oscuridad del largo inverno. Por eso las criaturas que aparecen están con crías y buscando alimento. El oso polar, sin duda es una de las estrellas de la película pero también lo son las aves como el charrán ártico o el somormujo, los pequeños lemmings o la libre ártica. Todos ellos conforman pequeñas perfromances para las cuales la música de la película constituye en muchos momentos un gran acierto. La narración es mínima porque la verdadera trama no necesita más que seguir tirando del hilo vital que cada escena entreteje.

Una de las escenas más impactantes de la película tiene como protagonistas a las belugas, pequeñas ballenas de color blanco que se mueven en grupo, y que en esta ocasión ofrecen una especie de baile ceremonial en el que algunos individuos parecen espectros fantasmales suspendidos en la oscuridad del océano Ártico. Otra escena inolvidable es el baile de "espadas" que un grupo de narvales realiza con su mítico cuerno helicolidal. Sin duda, las imágenes más singulares de esta película son submarinas. La filmación de belugas y de otros cetáceos, como las ballenas boreal y jorobada y los narvales, ha requerido una preparación especial por parte de los técnicos y realizadores de El Planeta Blanco. Utilizaron equipos especiales para bucear bajo el hielo que, entre otras cosas, impedían que se formaran burbujas y fuera más fácil acercarse a las ballenas. Pero, también nos permiten adentrarnos en los primeros pasos vitales de unas crías de oso polar mientras la madre permanece en estado de letargo.

Para muchos miembros de esta expedición cinematográfica, el paisaje en sí mismo e imágenes como la migración de decenas de miles de caribúes ha supuesto un impacto visual imborrable. “Después de ver esto me puedo morir”, exageraba uno de los cámaras tras ver los primeros resultados de las filmaciones. Pero lo cierto es que la larga marcha anual (supera los 1.000 kilómetros) de más de 20.000 caribúes es ya una exageración natural. A finales de invierno parten de los bosques de la taiga en busca del deshielo de la tundra para alimentarse esencialmente de líquenes. Antes de que les sorprendan los rigores invernales regresan al interior de las masas boscosas situadas más al sur. Las cámaras de El Planeta Blanco captan momentos de este peregrinar aunque, el verdadero conductor del film es la osa polar con sus crías. “Toda su vida es movimiento; si no se mueven, mueren”, concluye Piantanida. Es el reflejo de una vida tan dura como bella.

Lamentablemente, los inuits también conocen mejor que nadie el impacto del cambio climático en su entorno que se ha convertido en una de las zonas más frágiles del planeta. Un oso polar intentando subirse al hielo firme en una banquisa quebradiza simboliza este derretimiento prematuro y continuo de los glaciares y los icebergs como consecuencia del calentamiento global.

La cantidad de hielo que pierden estas grandes masas heladas en Groenlandia, y que se precipita al Atlántico norte, se ha duplicado en los últimos cinco años. Los científicos y los satélites no paran de reflejar el derretimiento del hielo polar. Los submarinos americanos tal como narraba Al Gore en la película Una verdad incómoda han comprobado como año tras año el grosor del hielo ártico era más fino. El Ártico canadiense y siberiano, así como la región de la península Antártica, han experimentado un aumento de temperatura en los últimos 50 años cinco veces superior a lo que ha subido como media en todo el planeta en ese mismo periodo.

El Planeta blanco puede considerarse el aperitivo de lo que será el International Polar Year (Año Polar Internacional) que se celebrará a partir de marzo de 2007 con el fin de adaptarse a la temporada completa de trabajos y estudios en el Ártico y en la Antártida. Este evento científico a nivel mundial es la cuarta edición que se celebra. Anteriormente fue en 1882 y 1883, 1932 y 1933, y 1957 y 1958, por lo que se cumplen 125 años desde la primera cita.

Curiosidades...
De los productores de Nómadas del Viento  , del compositor de la banda sonora de “Los chicos del coro” y tras más de tres años de rodaje en el Ártico, en condiciones extremas, con localizaciones en América del Norte, desde Alaska hasta Quebéc, y Groelandia. Los dos directores son veteranos del mundo de los documentales. Thierry Ragobert colaboró durante 10 años con Jacques Cousteau. Realizó Los amores del Polo sobre la expedición del aventurero Arnaud Tortel a través del Ártico. Ha realizado varios documentales reconocidos con importantes premios, como La séptima maravilla del mundo o El misterio de los Nazcas. Thierry Piantanida fue el responsable del departamento de Publicaciones y Edición del equipo Cousteau durante 7 años. Experto en documentales de ciencia y naturaleza. Ha colaborado en una serie de documentales sobre las consecuencias del cambio climático en el Ártico. Piantanida describe el proceso de rodaje como una mezcla de riesgo y de placer y reconoce que el obstáculo principal lo pone el hielo porque resulta impredecible y no sabes dónde pisar por miedo a que se rompa y caigas al agua.  
Para acompañar las imágenes inéditas de El Planeta Blanco, era necesaria una música de excepción: la de Bruno Coulais, un especialista de bandas sonoras para documentales, pero también para otros genéros. Es el creador de la música de Los chicos del Coro. El veterano compositor ha participado en películas como Microcosmos, Los ríos de color púrpura, Vidocq o Nómadas del viento. Para El Planeta Blanco, el compositor eligió a dos intérpretes venidos del norte: la cantante y violonchelista francocanadiense Jorane y la cantante esquimal Elisapie Isaac.