Una amistad inolvidable

Esta película propone un viaje extraordinario y no defrauda, al mostrarnos la naturaleza tal y como se ofrece a nuestros ojos cuando nos quedamos quietos durante horas en un mismo lugar y dejamos que se nos acerque. Todo empieza con una emoción muy sencilla: el encuentro con un animal salvaje, una zorra que será la protagonista durante las cuatro estaciones. Ésta es una historia con moraleja, que es que a la naturaleza se la puede amar pero no poseer. Una niña que se adentra en el bosque para descubrir poco a poco la vida animal y vegetal. Una amistad inolvidable seguirá no sólo las andanzas de la zorra, sino que también la situará en su entorno. La fotografía es impresionante y vale la pena dejarse seducir por la magia de la escena inicial en la que la niña, bicicleta en mano, camina por una colina con un bosque teñido de colores otoñales de fondo. Y si el otoño está plasmado con romanticismo, el invierno nos dejará helados con la persecución de un lince sobre la zorra protagonista, filmada con una gran maestría.

Dos mundos en juego: la naturaleza y la inocencia humana.

Esta película también hubiera podido llamarse “Desde la copa de un árbol”, porque buena parte de esta espera paciente y fascinante de la niña por descubrir al zorro transcurre en la rama de una vieja haya. Desde esta atalaya, la fauna merodea a sus pies. Pero también se adentra en paisajes llenos de misterio y peligro. El objetivo principal de la película es mostrar la naturaleza tal y como es, cuando no estamos observándola. Tan sencillo como eso. Siguiendo los pasos del zorro y después de la niña, la película nos ofrece un espectáculo que nos está vedado salvo que pasemos días y días escondidos e inmóviles. Para cualquier naturalista o aficionado a la naturaleza, Una amistad inolvidable aporta todos los elementos para observar una naturaleza pristina en la que el rastro humano es casi imperceptible.  

Ahí reside el verdadero reto de Una amistad inolvidable, hacer que el espectador sueñe con los paisajes que conoce, porque los escenarios son de las montañas europeas que nos unen como región biogeográfica. El director nos quiere contar esos pequeños momentos de felicidad, placeres sencillos que nos hacen sentir bien y que están al alcance de todo el mundo. Y es que la naturaleza sólo se revela tal y como es cuando dedicamos suficiente tiempo para mirarla. Entonces todo cobra vida, y observar cómo un águila intenta capturar a una cría de zorro protegida por la niña le otorga un realismo inusitado. Es, pues, una invitación al placer de meternos dentro de la naturaleza a través de una niña curiosa por la vida de una zorra, que no es precísamente un animal querido por todos. La problemática de los cebos envenenados contra estos animales silvestres no queda sin denunciar. Sin embargo, en Una amistad inolvidable, la zorra no es más que la excusa para adentrarnos en todo el esplendor que nos rodea en nuestros bosques y que no siempre somos capaces de apreciar.


 
La película recrea un paisaje ideal, yuxtaponiendo pequeñas piezas de naturaleza que vienen de lugares que a menudo están muy alejados unos de otros. El director nos pone frente al privilegio de reconstruir una geografía ideal. La naturaleza vista a través de la mirada de un niño o de un zorro no es la misma. En cada caso, los paisajes cambian de tamaño, impresionan más, son más fantásticos; mientras una cascada se nos muestra sensual, escabullirse en el bosque en plena noche nos revela un mundo que nos es ajeno.

La película intenta reproducir la mirada de asombro de una niña ante una naturaleza que ya no existe, poblada de osos, linces y lobos, tal como era hace cien o doscientos años. Una amistad inolvidable sería una mezcla de cuento y de captura de la realidad: una parte de la vida salvaje nos la refleja el comportamiento del zorro y también está lo que ocurre alrededor de la niña. La narración del invierno en el bosque sin la niña, que se ha roto un pie, es un recurso bien utilizado para dejar que la crudeza de la vida en el bosque silvestre tome toda su magnitud.



El director de Una amistad inolvidable –que ya nos aportó una brillante historia en el documental “El viaje del emperador”– parte de una experiencia personal, lo que evidencia la autenticidad que pretende transmitir. Él mismo reconoce: "De pequeño me pasaba la vida recorriendo el bosque. Cogía mi mochila, un palo y me lanzaba a la aventura. Cualquier excusa servía para internarme en la Naturaleza... Las setas, las nueces, las moras, ver el Mont Blanc desde la cumbre de una montaña. Empecé a crear un mundo para mí solo, donde levantaba la cabeza y podía disfrutar mirando y escuchando cantar a los pájaros. ¡Un día me encontré con un zorro y treinta años después he hecho una película sobre ese encuentro!”.

Una amistad inolvidable es un intento de capturar todo el esplendor de una naturaleza que se nos va. Tenemos en este documento una bella historia de amor –que no de posesión– contada por la voz en off de la niña cuando ya es mujer. Una inolvidable historia de infancia que canviará su percepción sobre la naturaleza, mostrándole que no es un simple juguete, sino algo más grandioso y a lo que quizás no prestamos la atención que merece para su protección. Ésta es una historia de amor y, como tal, nos permite reflexionar sobre la relación con nuestro entorno. Una película que, a través de las situaciones que plantea, nos permite poder explicar a los niños la complejidad de nuestro entorno natural. Un espejo maravilloso que esta trepidante aventura en las entrañas de nuestras montañas nos permite realzar.

Una niña y un zorro, protagonistas en exclusiva de un brillante poema fílmico a favor de la conservación de la naturaleza.

Curiosidades
La película está rodada en dos regiones: en Ain, alrededor de la meseta de Retord, en Francia, y en los Abruzzo, en el centro de Italia. En las montañas de Ain, en la finca de Lavache, una casa tradicional rodeada de un maravilloso paisaje sirvió de plató. La segunda localización de la película es el parque nacional de  Abruzzo, un lugar increíble, una de las zonas protegidas más antiguas de Europa, en la que todavía viven zorros, osos y especies salvajes europeas. Estos animales viven en bosques de hayas y de árboles trasmochos con formas fantásticas, que han alcanzado tamaños increíbles con el paso de los siglos.
En cuanto a los zorros: no filmaron un zorro, sino varios, puesto que todos tenían personalidades diferentes. Había zorros salvajes, que filmó el equipo establecido en el Parque Nacional de Abruzzo, o zorros actores, que fueron buscados por el entrenador de animales Pascal Treguy. La clave de todo fueron los animales de Marie-Noëlle Baroni, una experta que llevaba años trabajando en espectáculos infantiles con zorros.

Cartel del film

Ficha técnica
Titulo original: Le renard et l'Enfant
Director: Luc Jacquet
Actores: Bertille Noël-Bruneau
Guión y adaptación: Luc Jacquet y Eric Rognard
Música: Evgueni Galperine, Alice Lewis, David Reyes
Director de fotografía: Gérard Simon (A.F.C.)
Imágenes de vida salvaje: Jérôme Bouvier, Jérôme Maison, Cyril Barbançon
País: Francia
Duración: 90 minutos
Género: Comedia naturalista
Distribuye: Wanda Vision

Artículo elaborado por el equipo de redacción de terra.org. Fotogramas del film distribuidas por Wanda Vision.

Modificado
09/02/2017

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