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 La marea negra del Prestige

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El Prestige desde tierra. Voluntarios


Vestuarios y dormitorios de voluntarios
Frente a Muxía está el pueblo de Camariñas. La carretera serpentea por montañas cortadas a cuchillo hasta la rada donde se abrigan dos docenas de barcos. La vista es de postal. Pero la realidad es cruda. Los voluntarios amenazan aquí con una huelga de hambre. "Es una medida de protesta absurda, sí, pero estamos en una situación absurda", se queja Manuel Alonso, un biólogo madrileño en paro que duerme desde hace una semana en el pabellón de deportes, con un saco de dormir, sin una maldita estufa. "No nos han dado ni guantes, ni mascarillas, trabajamos sin instrucciones… a la gente que llega le dicen: mira cómo hacen los otros, que mañana empiezas tú; ni siquiera nos dicen si el fuel es tóxico".

Un estudiante de 21 años fue evacuado el miércoles 25 de noviembre del 2002 a un hospital de Coruña. Tenía el cuerpo cubierto de ronchas. "El petróleo a este muchacho le hacía reacción alérgica", explicó horas después Manuel Fraga en Santiago. Pero el presidente no supo decir la composición del fuel. Dos semanas después del desastre, "los expertos aún no se han puesto de acuerdo, pero sí sabemos que es un material complicadillo", dijo Don Manuel.

"¿Complicadillo? Lo que tenemos aquí es el derivado del petróleo más tóxico que existe", dice el biólogo José Mora, profesor de la Universidad de Santiago. "Me gustaría saber qué expertos asesoran al Gobierno, porque nadie está de acuerdo con ellos", secunda el profesor Jesús Domínguez Conde, "al menos, aquí".

"Aquí" es la Facultad de Biología de Santiago, donde se celebra una conferencia de seis expertos que deja abarrotado de estudiantes el salón de actos. Rara vez se ha visto tanta expectación en el centro. El ambiente es de conmoción. "Lo que ha hecho el Gobierno yo lo calificaría de delito ecológico", dice Domínguez Conde a sus alumnos. "El secretismo indica que se cuece algo que huele a podrido; y no es fuel", sentencia la profesora Carmen Fraga.

Los alumnos que asisten a la charla son los mismos que llevan días patrullando la costa para limpiar o recuperar aves muertas. Biología está paralizada y las clases han perdido toda importancia.

A los estudiantes puede encontrárseles, no en su facultad, sino a 80 kilómetros de la capital de Galicia. Por ejemplo, en la aldea de Santa Mariña, un pueblo de treinta casas aislado entre los acantilados de Cabo Vilano. En el bar "Cabuxo", el único de la localidad, una docena de jóvenes comparte botellines con los marineros del lugar al final de la tarde. La conversación deriva siempre a los políticos. "Fraga tardó diez días en venir por la zona, estaba muy ocupado cazando", se lamenta el percebeiro Ángel Martín, de 32 años. "¿Y para qué lo querías, crees que iba a ponerse a limpiar?", le responde un chaval espigado, llegado de Santiago. "En el fondo con el barco tenían que estar…", tercia el tabernero.

El marinero habla de la ruina de la pesca: "Aquí no se puede volver a sacar nada de las rocas por lo menos en cinco años, todo está arrasado". Y el chaval abre una bolsa de plástico de la que salen los cuerpos de dos frailecillos muertos, cubiertos de petróleo: "Seis días llevamos sacando bichos como éstos de la arena". La dimensión económica y la ecológica se reúnen en esta taberna de Santa Mariña.

En los diarios, aparecen ya las primeras previsiones de la catástrofe. Biólogos de la Sociedad Española de Ornitología cifran en cien mil el número de aves condenadas a muerte. Esto en los primeros meses. Luego, seguirán cayendo. "Sufrirán cambios en las plumas por el efecto del petroleado, les provocará toxicidad y una muerte prematura, incluso por cáncer", concluye el profesor José Mora, de la Universidad de Santiago.

Voluntarios analizando el relieve de la costa afectada para proseguir con el trabajo de limpieza

Son los profesionales quienes aportan los datos. Nunca el Gobierno. Las comparecencias de conselleiros y ministros se limitan a programas de intenciones. Jamás se presentan cifras ni previsiones. Indignados por la desinformación, un grupo de artistas e intelectuales ha decidido encerrarse en Laxe, otro pueblecillo pesquero al Norte de Muxía. Actores, escritores, músicos o pintores componen el contingente que duerme en el pabellón de deportes del pueblo. "Queremos dar testimonio de que estamos con esta gente –afirma el actor Miguel Lira, conocido por el papel de percebeiro que interpretó en una teleserie de TVG—venimos para que se vea que hay mucho cabreo". Durante una semana, del lunes 25 de noviembre al domingo 1 de diciembre, viven en el pabellón, donde los vecinos les llevan qué comer, agradecidos de ver cerca a tanto famoso de andar por casa.


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