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Información complementaria
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Desmontes: una violenta transformación del paisaje
Desde 1997, se han tramitado un total de 171 expedientes sancionadores por actuaciones de roturación y desmonte de terreno forestal. Aunque hay mas denuncias en fase de actuaciones previas a la incoación. El Ministerio de Medio Ambiente ha constatado, mediante imagen por satélite, cerca de 2.453 h inexistentes, es decir de las que no se tiene registro oficial ninguno. Según los ecologistas, hay que considerar ilegales todas las hectáreas invernadas (unas 18.000) desde 1984, año en que la Junta de Andalucía declaró sobreexplotado el acuífero de Dalias y prohibió la creación de nuevas superficies de regadío en la zona.
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A pesar de ese decreto ley, la propia Junta de Andalucía estima que anualmente se incrementa en 1.500 hectáreas la superficie de regadío en el Poniente almeriense. Los invernaderos hoy ocupan zonas vecinas como el Campo de Níjar y su dinámica expansiva, lejos de detenerse, avanza jaleada por las expectativas de agua realizadas hasta por el propio ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas. Muchos de estos nuevos cultivos bajo plástico se instalan en las laderas de la sierra de Gador (a 400 metros, los más altos de toda España) o dentro de los límites del Parque Natural de Cabo de Gata. Roturar y nivelar el terreno para hacer un invernadero conlleva una violenta transformación del paisaje: un desmonte puede llegar a desplazar 100.000 m3 de tierra, los montes desaparecen y se destruye la vegetación y la fauna autóctonas.
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Fuente: Desmontes y roturaciones: situación en Andalucía. Comisión agroforestal Ecologistas en Acción Almería.
El papel del jornalero inmigrante
Entre 40.000 y 50.000 inmigrantes, un 10% de la población, viven en Almería. La mayoría son hombres solteros, entre 20 y 40 años, 20.000 de ellos en situación irregular. Empezaron a llegar, masivamente, entre 1990 y 1995, cuando los niños y las mujeres del Poniente dejaron de trabajar bajo los plásticos, unos para ir regularmente a la escuela; otras para emplearse en la plantas envasadoras (15.000 mujeres almerienses trabajan en ellas).
Los invernaderos, levantados con el duro trabajo de toda la familia, pasaron a depender de la mano de obra inmigrante, marroquí en un 80%. Ha sido un cambio significativo tanto a nivel sociocultural (en algunos municipios la población inmigrante supone casi un 20% del total) como a nivel económico: la mano de obra representa el 42% de los costes anuales de producción de un invernadero (2.300.000 ptas menos de beneficio al año). Cálculos como éste hacen que el antropólogo Francisco Checa afirme que los únicos costes que el agricultor puede controlar a la baja para seguir teniendo margen de beneficio son los jornales (Checa, Almería, ciudad cortijo). Algo similar a lo que los grupos ecologistas denuncian respecto a las responsabilidades medioambientales: ante la imposibilidad de recortar los costes de producción, el agricultor protesta y presiona por el precio público del agua o de la gestión de residuos.
(Datos extraídos del estudio Almería madura, Almería podrida de Mario Gaviria y David Baringo. Universidad Pública de Navarra. Primera versión provisional febrero del 2001
Control sanitario y LMR
La cosecha de la primavera del 2001 se arruinó por culpa de las plagas, una amenaza continuada para la agricultura de Almería: el clima benévolo, la humedad y el calor constante del invernadero, más el caldo de cultivo de miles de toneladas de residuos vegetales, suponen el paraíso terrenal para la mosca blanca, el pulgón o la araña roja. En el 2001, se perdieron 50.000 millones de ptas aunque se administraron, como cada año, 0,2 tn de fitosanitarios y 2,3 de fertilizantes por hectárea bajo plástico. Un gasto de 700.000 ptas anuales por hectárea que, sumadas, suponen el 20% de la inversión en fitosanitarios de toda España. A pesar de ello, o quizás por ello, el control sanitario es ahora muy estricto: el mercado europeo así lo exige y los agricultores lo han asumido como requisito indispensable para ser competitivos. Una partida de pimientos devuelta por dar positivo en esta versión agrícola del control antidopaje hunde toda la campaña.
Los LMR (Límites Máximos de Residuos) fueron establecidos por la Comunidad Europea y aplicados en España desde el año 1994 para controlar los restos químicos presentes en los vegetales. Se miden en miligramos por quilo y establecen los niveles máximos aceptables para la salud humana. Según Vicente Aparicio, jefe del departamento de Sanidad Vegetal de la Delegación Provincial de Agricultura y Pesca de Almería, estos niveles se establecen en función de las dietas tipo de cada región comunitaria. Esta falta de armonización ha sido responsable, en parte, de alguno de los últimos episodios de partidas almerienses devueltas por Alemania. Los LMR tienen su origen en una lista de productos químicos permitidos, que debían ser reducidos de 834 a 300 en el 2003. Más de la mitad de esas sustancias están todavía por analizar.
Producción integrada y ecológica
En 1998 había en toda Almería dos empresas agrícolas, Arysol y Copronhnijar, dedicadas a la producción integrada: entre ambas no sumaban ni 80 hectáreas de superficie. Estas técnicas de producción requieren una alta especialización y un gran apoyo técnico puesto que se basan en un continuado seguimiento del desarrollo de la planta, recurriendo a la fauna auxiliar como método preventivo de sanidad vegetal. Es la llamada lucha biológica, basada en depredadores naturales de las plagas que no son nocivos para las cosechas y en la reducción del uso de productos agroquímicos. Arysol desistió de su empeño en el 2000 y se ha sumado a las 36 empresas que producen en Almería bajo algún certificado de calidad.
Los sellos de calidad (AENOR o EUREP-GAP, el certificado impuesto por las grandes distribuidoras como Carrefour) controlan el uso de fitosanitarios pero no son tan restrictivos como los límites impuestos en la producción integrada. La producción ecológica en el Poniente almeriense es anecdótica: para ver un almendro ecológico hay que hacer 150 kilómetros hacia el norte de la provincia. Y es controvertida: para quien entiende el concepto de ecológico en un sentido íntegro y amplio, no puede ser ecológica una agricultura bajo plástico que fuerza a tal extremo el ciclo natural de la planta. Es, además, una opción difícil, casi ingenua, asumida a título personal: un invernadero ecológico entre miles de invernaderos protegidos con armas químicas es, para las plagas, como un restaurante con bufete libre. Sin contar que bebe de los mismos acuíferos y respira la misma brisa que el resto.
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