Podría pensarse que la solución es la instalación de depuradoras, pero el problema es mucho más complejo. Es cierto que apenas hay plantas de saneamiento y que las existentes son inadecuadas o se estropean por la densidad de contaminantes. "Nos consta a través de los trabajadores que las estaciones permanecen averiadas mucho tiempo", aseguran desde Pro-Río.
Acequias en las áreas de regadío en la periferia de Orihuela
Pero la raíz del problema, además de los residuos industriales y urbanos, es la sobrexplotación del regadío, que no tiene en cuenta la disponibilidad real de agua. Hace 20 años, en la Vega Baja había unos 150.000 habitantes y actualmente viven 275.000. Una parte del crecimiento se debe a los sectores turístico e industrial, pero el grueso tiene relación con el crecimiento de la superficie de terreno dedicada a regadíos. Lo mismo puede decirse sobre lo que ocurre a lo largo de toda la cuenca del Segura, especialmente a su paso por Murcia, que es donde el río realmente se deseca.
Ha sido un crecimiento consecuencia de una gestión insostenible, expoliadora, de los recursos. En 1979 se realizó un trasvase desde el Tajo para solucionar las sequías periódicas, pero el problema se agravó porque se despertaron expectativas en torno a un agua que supuestamente iba a llegar en abundancia. Se prometieron 1.000 hectómetros cúbicos y nunca llegaron más de 300.
Desde 1985 varias leyes y normas impiden teóricamente el crecimiento del regadío en la cuenca, sin embargo las plantaciones se han multiplicado y continúan hoy mismo, como cualquiera puede comprobar. Esto significa que aumenta la aportación de plaguicidas y sales a las escasas aguas del Segura en sus tramos finales.
Actualmente se tropieza de nuevo en la misma piedra: se promete que el Plan Hidrológico Nacional hará llegar el agua desde el Ebro y las máquinas roturadoras se ponen en marcha. Sin embargo, José Antonio recuerda que "el PHN no contempla agua para el cultivo tradicional, ni para el caudal ecológico, ni para el saneamiento del Segura".