La fontanería convencional usa y abusa del PVC en las cañerías y tuberías. Los plásticos derivados de la química del cloro, con el PVC a la cabeza, son perjudiciales para la salud y el medio ambiente durante todo su ciclo de vida, y en caso de incendio liberan ácido clorhídrico y otros gases tóxicos.
Entre los plásticos no clorados, el polipropileno y el polietileno son las opciones más interesantes. Son mecánicamente más resistentes que el PVC, duran más, se pueden reciclar, su producción es menos contaminante que la de otras alternativas como el cobre o el acero, y además se ensambla fácilmente y no requiere el uso de colas tóxicas.
Los plásticos no clorados son especialmente indicados para las tuberías de distribución de agua: no se pueden corroer, se averían menos, son más silenciosos y aíslan mejor la temperatura. Probablemente estos plásticos están destinados a desplazar totalmente al cobre como éste, en su día, sustituyó al acero y éste, a su vez, al plomo.
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