La llamada agricultura convencional ha desvirtuado la tierra y el campo como fuentes de vida y alimentos anteponiendo su interés por obtener la máxima producción, rendimiento, rentabilidad y productividad al ciclo natural. En esta explotación, ha hecho uso de sistemas que someten a los cultivos a ritmos antinaturales y los exponen a sustancias químicas como plaguicidas e insecticidas.
A pesar de todos estos esfuerzos, los resultados obtenidos son pésimos. Tras unos años de claro incremento de la producción por hectárea durante los cuales se emplean indiscriminadamente todo tipo de productos agroquímicos, el suelo llega a un punto tal de deterioro que la producción empieza a decrecer.
La agricultura ecológica, situada en el otro extremo, se está afianzando como la opción más respetuosa con el medio ambiente, al prescindir de los productos químicos y usar técnicas de cultivo adecuadas. Este tipo de agricultura, también conocida como agricultura biológica u orgánica ,recurre a la rotación de cultivos e intenta controlar las plagas de forma biológica . Optimiza los recursos de que dispone y no usa productos que puedan resultar contaminantes. Para provocar y mantener la fertilidad del suelo, utiliza desechos orgánicos, abonos verdes, estiércol A ello se le añade su interés en potenciar el desarrollo de las comunidades locales donde se aplica. En definitiva, se trata de una agricultura no agresiva, que aboga por recuperar los métodos tradicionales y adaptarlos a las nuevas técnicas.
Dentro de la agricultura ecológica, cabe destacar la permacultura, una visión holística de la agricultura que considera a todos y cada uno de los elementos que forman parte del ecosistema agrario . El término permacultura fue introducido por Bill Mollison en 1978 y es una contracción tanto de agricultura permanente como de cultura permanente. Para la permacultura, la cultura y la agricultura son inseparables y se persigue la permanencia de ambas en estrecha unión. Por ello, es fundamental conocer tanto las características de los elementos y materias vivas como las posibilidades con que cuenta el espacio elegido. Su filosofía es crear sistemas ecológicamente viables, que cubran las necesidades, que no exploten o contaminen el medio ambiente, y que sean sostenibles.
Conseguir el máximo rendimiento en el menor espacio, aprovechar las cualidades de plantas y animales y las características naturales del paisaje para producir un sistema que sostenga la vida tanto en la ciudad como en el campo. Ésta es la razón de ser de la permacultura.