Los criterios de la permacultura pueden aplicarse tanto en espacios reducidos como en espacios amplios. En las ciudades, las terrazas o balcones se pueden convertir en pequeños vergeles, rincones comestibles que provean de alimentos y salud a toda la familia. Estos espacios verdes suponen un foco de respiración frente a la contaminación que afecta a las urbes.
Desde muchos ayuntamientos, se promueven iniciativas para cultivar parcelas. En ocasiones, se exige pagar una cantidad mensual, pero por lo general sólo se requiere cumplir unas normas básicas de respeto hacia el medio ambiente y la comunidad de vecinos donde está integrado el huerto. Las asociaciones ecologistas son una buena guía para conocer las experiencias que se llevan a cabo en cada comunidad.