Una de las cosas que más me fascinan es que todo lo orgánico que se entierra en la tierra, aunque sólo tenga dos centímetros encima, siempre se integra, descompone y vuelve a generar fertilidad. Son palabras de Joan Carulla, jubilado de 79 años, que tiene un huerto espectacular, rebosante de vida, en la ciudad de Barcelona.
Hace trece años Joan Carulla decidió poner en marcha un huerto de 50m2 en su terraza. Ésta, orientada en buena parte al Sol, estaba preparada para evitar las filtraciones de agua, tal y como explica Joan. Empezó su jardín con tierra abonada plantando varias vides, un albaricoque y hortalizas como patatas, tomateras y judías. Con los melones, en un principio, no tuvo éxito. Posteriormente pudo ampliar su jardín con otra terraza de 50 m2 que se encontraba en la planta baja del edificio y que tampoco gozaba de demasiado sol, cosa que le suponía escoger bien lo que iba a plantar.
Finalmente se decidió a ocupar el amplio tejado de su casa donde el sol y el aire son realmente abundantes. En él recoge agua de lluvia y elabora compost con restos del supermercado que regentaba y, como buen ecologista, se esfuerza por recuperar grandes cantidades de cartón, cajas de madera y envases a los que les da una nueva utilidad.
Joan Carulla comenta que es muy importante conocer cuáles son las plantas que mejor aguantan el calor. En una terraza encarada al Sur muy soleada se pueden llegar a superar los 60 grados en la tierra y no todas las plantas son capaces de resistir tan alta temperatura. Las tomateras, por ejemplo, comienzan a perder las hojas menos vitales, las que tocan a ras de suelo, y entonces sus frutos se echan a perder. Joan tiene experiencia en ello, pues le sucedió hace dos años.
Todos los recipientes y cajones de cultivo deben disponer de un buen drenaje para poder evacuar los excedentes del riego y la lluvia. Cuando riego un tiesto, siempre tengo cerca una fregona con la que recojo el excedente orgánico que después vuelvo a utilizar, explica.
Y si algo ha aprendido Joan en todo este tiempo al cuidado de su esplendoroso jardín es que amar a las plantas ayuda a que amemos también a las personas.