2. Prepara la tierra. Laboreo, abonado, compost y rotaciones.
Laboreo:
Muchas veces la tierra donde instalar un huerto no está en condiciones para ser cultivada, con lo que se precisa unas labores previas de preparación. Estas labores variarán en función de las características del suelo, el clima o lo que se desee cultivar.
El laboreo persigue acondicionar la tierra para que pueda retener la humedad durante más tiempo y se favorezca el drenaje en zonas húmedas. Para este fin, se prepara el suelo para la siembra o el posterior trasplante y se distribuyen los espacios de cultivo con bancales, surcos Al mismo tiempo, se incorporan al suelo restos de cosechas y materia orgánica o abonos verdes. Con los trabajos de laboreo, se acelera la vida bacteriana y se estimula la actividad de los microorganismos que digieren la materia orgánica que está presente en el suelo.
Abonado:
El abonado, además de mejorar el desarrollo vegetal, resulta muy útil para compensar las posibles deficiencias de la tierra de cultivo.
Compost:
Los desechos orgánicos del hogar, los restos de comida de la familia, son un excelente compost y representan una manera de reutilizar unas sobras que de otro modo irían directamente a la basura. Aportándole a la tierra el compost se pueden restituir los nutrientes del suelo y devolverles vitalidad.
Rotaciones:
Mantienen la salud del suelo, a la vez que previenen problemas para las plantas cultivadas.