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Asfixia en el supermercado

Sabemos mucho de cómo se maltrata a nuestro planeta (cambio climático, deforestación, contaminación, etc.) y estamos defendiendo y exigiendo soluciones para frenar tanta degradación: proyectos para la protección de especies, políticas de reciclaje, construcciones bioclimáticas, etc. Pero quizás sabemos menos del porqué del cambio climático y, en concreto, sobre las responsabilidades del modelo agrícola escogido para la producción de alimentos.

Portada del informe Asfixia en el Supermercado.

Un detallado informe titulado Asfixia en el Supermercado. Una nueva Clasificación Alimentaria: Alimentos que ahogan el planeta, alimentos que nutren el planeta aborda estas responsabilidades partiendo de una premisa fundamental: diferenciar el modelo de agricultura que queremos. Diferenciar la agricultura industrializada o, mejor dicho, la Agrincultura, que tiene muy poco que ver con la AgriCultura campesina.

Este estudio ha sido elaborado en colaboración con Mundubat. Derechos humanos del campesinado y el apoyo técnico de GRAIN; con textos de Gustavo Duch e ilustraciones de Mikel Apodaka, con el ánimo y la pretensión de generar reflexiones. Enfrontando el mundo rural donde coexisten pobreza y hambre, con el de los empresarios más especuladores, con agriculturas de monocultivos o las ganaderías más supercontaminantes.

La publicación analiza un alimento producido bajo un modelo de agricultura, ganadería o pesca intensiva y globalizada, y contabiliza desagregadamente dónde y cuántas emisiones de CO2 ha generado, desde que se pensó en producirlo hasta que se consumió o desperdició.

Veamos, todo empieza cuando un empresario agrícola se sienta junto con sus asesores y decide qué producir, por ejemplo, la colza y la soja que se venden muy bien puesto que hay una gran demanda de biocombustibles. 

El técnico agrónomo calcula los costes de las nuevas tierras para tanta producción, así como la maquinaria para prepararlas, sin ningún reparo más. Las emisiones que se producen por estos cambios en el uso del suelo suma entre el 15 y el 18% del total de emisiones de GEI (gases con efecto invernadero). 

Cuando se dispone de tierras, robadas a la Naturaleza o al pequeño campesinado, se inician los monocultivos o ganadería estabulada, que funcionan en base a maquinaria pesada que se mueve con petróleo y fertilizantes, plaguicidas y demás productos de base petroquímica. Estos procesos agrícolas industrializados acaban representando entre un 11 y 15% del total de emisiones. 

Muchos alimentos se han producido lejos de nuestras mesas, como las gambas criadas en Ecuador, transportadas a Marruecos para su procesamiento, que luego se empaquetan en Ámsterdam para venderse en Barcelona. Aunque algunos medios de transporte son menos contaminantes, todos dependen del petróleo y, finalmente, contabilizan entre el 5 y 6% de las emisiones totales. 

Muchos de estos alimentos, en el trayecto, en el comercio y en casa, requieren conservarse en frío. En estas fases, las estimaciones indican que se producen entre el un 2 y un 4% del total de GEI. 

Alimentos procesados y conservados en frío en un supermercado.

En nuestras despensas, tres cuartas partes de los alimentos que guardamos han sido procesados: calentados o congelados previamente para su conservación, en bandejas listas para el microondas o en cápsulas de aluminio para la cafetera. Esta serie de procesos, cuanto menos cuestionables, genera aproximadamente entre un 8 y 10% de las emisiones de GEI. 

El sistema alimentario industrial es absolutamente ineficiente y derrocha aquellos alimentos producidos que tienen taras, los que se estropean en su maratón, y los que se tiran en el supermercado porque no se "acomodan" a sus requerimientos de venta. Gran parte de estos desperdicios se pudren en basureros produciendo entre un 3 y 4% de GEI.

Si contabilizamos estas seis fases del sistema alimentario global, resulta que comer de esta forma nos lleva a generar entre un mínimo del 44% y un máximo del 57% de las emisiones de gases con efecto de invernadero producidas por el ser humano. Asfixia en el Supermercado analiza todos estos datos y nos invita a cambiar el sistema agroalimentario porque, al comer, si lo hacemos de forma ecológica contribuimos a cambiar el destino del Planeta.

 

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Si quieres leer Asfixia en el Supermercado en formato pdf, puedes descargarlo aquí.