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La bicicleta, de Sigfrid Monleón

Una misma bicicleta que pasa por diferentes manos sirve para contar tres historias que corresponden a tres etapas en la vida de las personas: la preadolescencia, la juventud y la ancianidad. La bicicleta cumple así una función similar a la figurita de el valiente soldadito de plomo, el cuento de H. C. Andersen, pero en la película, a diferencia del cuento clásico, sus episodios no se narran de forma lineal, sino sincrónica, creando una particular ucronía. Toda la película puede verse como la historia de un solo personaje, como si uno fuera el “flash-back” o el “flash-forward” de los otros.

Los personajes se mueven en bicicleta, a contracorriente. Sus sentimientos, búsquedas y desplazamientos por una ciudad caótica muestran el lado más frágil de este vehículo a pesar de sus ventajas para una ciudad más habitable.  La bicicleta es una película comprometida que une a la juventud que reclama más facilidades para la bicicleta con la vejez que lucha para que el barrio siga siendo un espacio para las personas y no para la especulación. Entre medio, los preadolescentes sumergidos en la droga con la bicicleta como transporte para los viajes más terrestres. 

La bicicleta presenta la ciudad como un organismo vivo, en continua transformación. Ya lo adelantó Baudelaire: “La forma de una ciudad cambia más deprisa que el corazón de un mortal”. Los personajes viven las contradicciones y tensiones de la regeneración urbana. Precisamente, a un arquitectura de lujo le robarán la bicicleta. Pero en este momento, ya no la necesita, acaba de recobrar la libertad del pensamiento.

La bicicleta, tiene como protagonista una bici reconstruida con viejas piezas de otras bicicletas con un cuadro de la típica bicicleta holandesa. Sin duda es un cántico  al aprovechamiento y a la reutilización frente al consumismo y el derroche energético de la sociedad actual. La idea de una bicicleta que cambia de manos en la película en realidad es más bien una cesión entre los personajes. La bicicleta de la película no participa del altísimo precio que nos cuestan los coches: el precio medioambiental, los miles de muertos en las carreteras...

En un mundo atenazado por el efecto invernadero y las guerras por petróleo, la reivindicación política a favor del uso de la bicicleta en la vía pública es una urgencia total. Para los colectivos de usuarios de la bicicleta este vehículo ecológico es un símbolo de igualdad, un elemento de paz, de tranquilidad y de sostenibilidad. No genera conflictos de petróleo y satisface necesidades actuales de movilidad sin comprometer los recursos de las generaciones futuras. En el pasado la bicicleta creó un nuevo concepto de movilidad social. Los trabajadores de las fábricas y del campo encontraron una nueva libertad de movimiento y las mujeres conquistaron unas costumbres que hasta entonces habían sido patrimonio exclusivo de los hombres.

No cabe duda que la bicicleta puede ser protagonista de grandes cambios en la ciudad sostenible del siglo XXI... La bicicleta, es una mirada fresca al estado de esta utopía, su capacidad de invertir el rumbo y clarificar los horizontes del futuro. Sin embargo, depende de nosotros que construyamos una ciudad para vivirla, y no para sufrirla.


El argumento
RAMÓN, un niño de doce años, visita un viejo taller de bicicletas para arreglar un pinchazo. Allí encuentra a un anciano llamado MARIO, antiguo ciclista amateur, y se queda fascinado por una bicicleta que éste acaba de construir con piezas de diferentes modelos. El anciano decide cambiársela por la que ha traído pinchada.  

Ramón, huérfano de madre, vive con su padre, empleado en un desguace. Es un mal estudiante a su pesar, lo que provoca continuas discusiones con su padre, que se preocupa por el futuro del niño. El padre ha cambiado a su hijo a un colegio de pago y trata de que se aplique en los estudios, pero no puede hacer nada por él. El niño no lo tiene como modelo.  

Para tener algo de dinero en el bolsillo, Ramón y ÓSCAR, su amigo del barrio, hacen de correo para un traficante de anabolizantes, atravesando una ciudad en plena transformación. Ramón está enamorado de SILVIA, hija de un policía, una compañera del nuevo colegio que le inicia en la lectura. El día que hace la entrega del último paquete de anabolizantes, un chico le roba la bicicleta.

La bicicleta va a parar a manos de JULIA, una chica de 20 años que ha dejado el pueblo para vivir en la gran ciudad, donde estudia chino. Comparte piso con una pareja de estudiantes que la ignoran y le reclaman constantemente su parte del alquiler. Por fin Julia encuentra un trabajo como bicimensajera que la enfrenta a la agresividad del tráfico diario y la somete a las duras condiciones de un trabajo precario. Gracias a su nuevo trabajo entabla amistad con Aurora, una anciana del antiguo barrio marinero, la zona que le ha sido asignada en el trabajo, que vive en una casa que pronto será derribada para construir una avenida de pisos nuevos.


   
Julia frecuenta un centro social libertario donde conoce a SANTI, un estudiante de Artes y Oficios que está involucrado en la preparación de una bicifestación en favor de una ciudad más saludable y menos ruidosa. También conoce a LUIS, un compañero de Santi, amante de las viejas maquinarias del cine. En amores, Julia duda entre los dos. Con ambos participará en la bicifestación, en la que también interviene Mario, el viejo anciano del taller, que sufre un pequeño accidente por culpa de un automovilista impaciente.
   
Julia se marcha unos días de vacaciones a Londres, invitada por Santi, que ha obtenido una beca, pero antes decide prestarle la bicicleta a AURORA, la anciana del barrio marinero.

Aurora vuelve a montar en bicicleta, como cuando era joven, en contra del criterio de su marido EUGENIO, un antiguo activista sindical, jubilado y desencantado, que teme que pueda sufrir un accidente.
   

Cartel de la película La bicicleta de Sigfrid Monleón

Un día, rascando la pintura del cuadro, Aurora lee la chapa donde está escrito el nombre y la dirección del taller de la bicicleta e inicia la búsqueda de su propietario. Encuentra a Mario, con una pierna enyesada y montado en una silla de ruedas, en una residencia de ancianos. Juntos reviven un viejo amor de juventud, yéndose de excursión por una ciudad que ya no guarda semejanza con la que compartieron en el pasado. Mientras, Eugenio, en vista de que su mujer pasa cada vez más horas fuera de casa, despierta de su letargo e intenta recuperarla, colmándola de atenciones.

 

Valencia en el candelero
La transformación urbana de la Valencia actual es el telón de fondo que ha elegido el director Sigfrid Monleón para situar las tres historias de La bicicleta, que es su segundo largometraje. El título, deja claro quien es el protagonista de esta historia: una bicicleta, que hace de nexo de unión entre tres realidades humanas pero donde el verdadero enemigo es el urbanismo salvaje: el malo de la película. Un malo, que además no tiene nada de ficticio puesto que toda la película fue rodada en Valencia, una capital que ha sido especialmente castigada por la especulación urbanística.

Toda la acción del filme, transcurre en exteriores de Valencia con lo cual es evidente que están cargados de simbolismo. Entre ellos está una playa en Pinedo, al sur de la ciudad, que desaparecerá en breve por el crecimiento metropolitano; Campanar, un pueblecito absorbido por la ciudad; el Cabanyal, distrito pesquero amenazada por un proyecto urbanístico municipal que ha levantado una fuerte oposición vecinal, o un cañizal que sirve de lugar de reunión del protagonista infantil y sus amigos y donde Santiago Calatrava pretende culminar su mastodóntica y futurista Ciudad de las Artes y las Ciencias con cuatro rascacielos.

"Las ciudades crecen a una escala que no es humana", argumenta el director valenciano. La película de Monleón reivindica las relaciones humanas y la bicicleta como símbolo de vida alternativa, pausada, sostenible y de barrio: "La libertad de movimiento limpio en estas ciudades en transformación". Este mensaje se reparte en las tres historias, "cada una con su tono", para que los espectadores reflexionen sobre "las ciudades que estamos construyendo". La bicicleta pretende reflejar, con voluntad documental, las contradicciones y tensiones derivadas de los actuales procesos de desarrollo de las ciudades.


 

Curiosidades...NO OIL, en la bici-manifestación
Inicialmente, esta película tuvo el título de Rodando. Este fue el que se utilizó para convocar a los figurantes que llenan la bicifestación el verano del 2005. Hay que reconocer que de toda la película las escenas más entrañables corresponden a la manifestación en bicicleta por el centro de Valencia.  La variedad de bicicletas que atendieron a la llamada de convertirse en figurantes es impresionante. No faltan bicicletas históricas como la de bambú de Juan Samaniego y otras bicicletas técnicas que aunque apenas duran unos segundos conforman sin duda el universo bicicletero en toda su extensión.

Algunas bicicletas van ataviadas con minipancartas reclamando carriles bici. Sin embargo, de todas ellas destaca por su presencia una con el lema NO OIL. Este lema lanzado desde la Fundación Tierra se convierte en una reivindicación de película al convertirse en parte del mensaje de este film. Sin embargo, el NO OIL original sobre soporte de un CD reciclado también aparece brevemente de uno de los figurantes que llevaron su bicicleta con esta "bicimatrícula". En fin, que el NO OIL ya está inmortalizado en el mundo del celuloide...

ficha técnica: La bicicleta

Director: Sigfrid Monleón
Actores: Sancho Gracia, Pilar Bardem, Javier Pereira, Barbara Lennie, José Miguel Sánchez, Rosana Pastor y Cristina Plazas
Guión: Martín Román y Sigfrid Monleón
Fotografía: Alfonso Parra
Año: 2005. Estrenada el 30 de junio 2006
Genero: Drama
DISPONIBLE EN DVD