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Aún no somos humanos




 

 
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AÚN NO SOMOS HUMANOS
Propuestas de humanización para el tercer milenio

Carbonell, Eudald &
Sala, Robert
Colección Atalaya, 84 Ediciones Península, Barcelona, 2001



Aún no somos humanos
Propuestas de humanización para el tercer milenio

Existen libros provocativos, otros que son descarados. Los hay de divertidos o que simplemente permiten entretener. Aún no somos humanos, pertenece a esta raza bibliográfica que uno no sabe si reirse de la ingenuidad o llorar frente a la glosa prometeica de que lo verdaderamente humano es la tecnología. Sus autores, profesores de prehistoria y conocidos mundialmente por sus trabajos de investigación del hombre de hace unos 350.000 años en el marco del complejo de Atapuerca, se sirven de su poder mediático para llevarnos de viaje a través del tiempo con el fin de arengarnos que nuestras aptitudes como humanos sólo se desarrollan cuando se socialice la técnica y muera el amor.

Apuntan que el primer gran avance técnico socializado fue la práctica de la piedra hace 2,5 millones de años y nos permitió generar la inteligencia operativa. Probablemente, el segundo gran avance socializado aseguran fue el manejo del fuego hace unos 200.000 años lo que nos permitió una mayor convivencia la cual estimuló el lenguaje, el pensamiento simbólico y el arte desarrollándose así las primeras explicaciones cosmogónicas, la religiosidad y el surgimiento, también, de las jerarquías (aunque el verdadero pensamiento místico se fraguó hace unos 25.000 años con la domesticación de la naturaleza y la imaginería en figuras y pinturas sobre el entorno).

Sin embargo, el libro se deshumaniza al exponer el tercer gran salto en la humanización al argumentar que lo daremos cuando adaptemos plenamente el pensamiento científico (esbozado ya en al antigua Grecia, pero que insisten que durante más de milenio y medio ha estado esclavizado por el pensamiento mítico y religioso). La nueva revolución humana, por tanto, tiene que ser la socialización del conocimiento que debe introducir la solidaridad como un valor que suprima cualquier tutela, no en beneficio de unas clases sociales emergentes sino para conseguir el bienestar universal y la máxima eficacia como especie, en el mismo sentido que las demás socializaciones históricas. La ciencia debe ser socializada, sin jerarquización, mediante la extensión y la aplicación social del conocimiento. Pero en el discurso se les va la mano al afirmar  que “Lo verdaderamente humano es la tecnología, mientras que con la cultura humanista no tendríamos sino elitismo conservador …”, que rematan con un deseo insensato: “la modificación técnica de nuestro genoma en la búsqueda del bienestar general de todo el género humano constituye el paso definitivo hacia la humanización” .

Lo que realmente nos hace humanos es sin duda nuestra imperfecta capacidad de amar, de ser generosos y solidarios. Pero también nos caracteriza nuestra capacidad por el lenguaje, el arte y la capacidad moral, la conciencia propia. Y sin duda, nuestra humanidad queda realzada de forma sublime en el humor, la ironía, la estética o la poesía. Frente a este concepto de lo humano los autores creen que sólo cuando seamos engendrados de forma extrauterina o vivamos en el espacio profundo seremos humanos. Esta claro que una cosa es descubrir fósiles y la otra es escribir ciencia ficción de la serie B.

No hay duda que las decisiones que no tomemos ahora supondrán un lastre demasiado pesado para el futuro de la humanización. Apostar por la tecnociencia de los alimentos transgénicos, la ingeniería celular o la nanotecnología no nos va a impulsar a ser más libres, más fraternales ni más iguales. Aún no somos humanos es un libro fácil de leer pero perverso en la medida que los autores quieren ignorar que estamos en un planeta de recursos finitos, que nuestra habilidad más humana es la ética y que conquistar el Sistema Solar no nos dará la felicidad que, hoy por hoy, parece que rechazamos en este planeta azul. Un planeta para algunos, una fábrica de robots para otros. Un libro ideal para los que pretenden dejar de “ser humanos” y continuar alimentando la industria luciferina que nos acerca a dios y nos hace a semejanza de un cyborg. Eso sí, ensayo barato con una admirable escenografía en la cual predomina el rosa pastel para que en el futuro nadie lamente su lado humano.

Como afirma Jorge Riechmann: -quien no quiera tomar nota de que la noción de “progreso” necesita una reformulación profunda después de Auschwitz, Hiroshima, Chernobil, Bhopal, la fractura Norte-Sur y la crisis ecológica mundial, quizá sea algo peor que tonto. Para unos, la humanización de los que aún no somos humanos se verificaría en la conquista de la Luna y el asalto al cosmos; para otros, en la pacificación de la existencia y –por ejemplo— la renuncia voluntaria al consumo de carne. El camino de Werner von Braun y el de Mahatma Gandhi no son el mismo camino.

 



actualizado: 
01/05/2001
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